Otoño en Mendoza no es sólo el título de una hermosa tonada, es también una invitación a recorrer la provincia vestida con su mejor traje. Aquí, un repaso por circuitos que conjugan geografía, cultura e historia, para disfrutar a pleno del mentado otoño cuyano

En otoño, con la llegada de miles de visitantes, Mendoza se ve obligada a poner a punto nuevos productos turísticos, a reabrir clásicas opciones, a redescubrir paisajes. La estación de los tonos ocres es ideal para acercarnos al particular clima lavallino y saborear un chivo preparado tal como debe ser, para conocer de cerca nuestra fauna y suelo, para disponernos a descansar en las tranquilas estancias y casonas, para darle chance a un turismo no tradicional, más cerca de la aventura y el conocimiento, que de la mera contemplación.
Al Norte. Lavalle, de temperaturas impenetrables en invierno y verano, se hace accesible en estos meses. La tibieza del otoño nos permite desentramar el misterio de los médanos de Los Altos Limpios –“nuestro Sahara”- o de la Reserva de los Bosques Teltecas, los cuales, milagro del desierto mediante, presentan una cautivante vegetación. A ambos se accede a través de la Ruta 142, a poco más de 120 km. de la Ciudad. Cerca de allí, se entremezcla mística y cultura en una misma postal: la de las catedrales del complejo lagunero de Huanacache… Las históricas capillas de Nuestra Señora del Rosario, de San José de la Asunción, el Cavadito o San Miguel dan lugar a las más importantes celebraciones religiosas. Es que durante estos meses, Lavalle es una fiesta, y para brindar, la casa ofrece los mejores vinos, que sabrán escoltar, claro está, un delicioso chivo a las brasas. El circuito de los puestos de Lavalle es imperdible, no sólo por la amabilidad de los puesteros, lo sorprendente de su paisaje, o el sabor de sus platos, sino por sus precios, que son por demás accesibles. Además, durante el día se puede vivenciar gratamente la cría y la producción de derivados del chivo o de su apicultura. O realizar cabalgatas, pesca, y paseos en sulquis, completando una jornada de excepción.

El folklore y las tradiciones son aquí, ni más ni menos, que una forma de vida: los puesteros ofrecen comidas típicas, artesanías en tejido al telar, trenzado de cuero, o cestería en junquillo, no sólo como testimonio de lo que fueron, sino en muestra de su presente. Además, los nativos más representativos de la etnia aborigen de Cuyo conservan sitios arqueológicos con celo y orgullo, permitiendo, a poca distancia de la gran urbe, estar en contacto con la naturaleza virgen y una vida de campo distinta de todo lo conocido.

Agro turismo. Existen variados establecimientos a lo largo del mapa mendocino que nos permiten conocer de cerca la producción alimenticia artesanal de nuestra provincia. Una oportunidad para descubrir otro costado turístico de Mendoza, en donde los destinos están preparados no sólo para atender al turista con alojamiento, degustaciones y guías con expertos en economía regional, sino también para inmiscuirlo en nuestra cultura y tradiciones.

Hay establecimientos que presentan, además de las comidas típicas, espectáculos de rodeo y folklore,  donde se pueden apreciar muestras de artesanías, pinturas y dulces regionales. Granjas caprinas que disponen de visitas guiadas, a fin de introducir al visitante en la vida rural, la cría del caprino, y todo lo que concierne a la producción de quesos de cabra. Pero si lo que buscamos es estrechar lazos con tradiciones ancestrales, se recomienda la visita de la amable Comunidad Huarpe Guaytamari, en la localidad de San Alberto (a 8 km. de Uspallata), la cual posee una reserva de llamas, un taller artesanal de alfarería indígena y servicio de gastronomía aborigen. Locro con quinua o asado criollo, son dos de sus gratísimas opciones para la hora del almuerzo.

La aventura del conocimiento. Sí, es conocido por todos, las áreas protegidas son superficies seleccionadas y cuidadas por poseer un importante patrimonio natural. A esto se le suma su valor cultural, la importancia en materia de educación ambiental, o de investigación científica. Pero hoy, las reservas naturales son además un importante bastión turístico: en la desnudez del suelo, en el descubrimiento de nuestra fauna, en la virginidad del horizonte, siempre hay lugar para el asombro.

En Malargüe encontramos el mayor número de opciones para conjugar aventura y conocimiento. La Reserva Total La Payunia (Ruta 186, a 160 km de la Villa de Malargüe), permite desarrollar, entre otras actividades, trekking, safaris fotográficos, avistaje de la fauna, travesías en 4×4 por caminos autorizados y cabalgatas. Su principal atractivo está dado por las extensas planicies de lava con conos volcánicos, destacándose el volcán Payún Matrú. La soledad de este lugar atrae a numerosas especies de la fauna autóctona, entre las cuales resalta la presencia de guanacos, presentando poblaciones de hasta 11.000 ejemplares. Muy cerca de allí (Ruta 40, camino a Bardas Blancas) se ubica la incomparable Caverna de las Brujas. En esta boca pedestre, el agua ha cavado profundas galerías subterráneas, tallando a su paso vistosas estalactitas y estalagmitas. Por la misma ruta, tomando el empalme de la Ruta Provincial 186 hasta el Puesto El Sauce, llegamos a la Reserva de Llancanelo, donde anidan más de 150.000 aves de 73 especies diferentes, entre las cuales se destacan los flamencos, cisnes de cuello negro y cisnes coscoroba. Llancanelo y la Caverna de las Brujas son un imán para turistas de todas partes del mundo: una oportunidad sin igual en el país para realizar ecoturismo.

Pero si lo que buscamos es un panorama apacible a poca distancia de la Ciudad, la Reserva Natural de Divisadero Largo es el lugar indicado. Trekking, ciclismo, visitas educativas, y turismo científico, son algunas de las opciones para realizar en esta área de muy fácil acceso (se llega a través de la Avenida Libertador San Martín, por el circuito denominado Papagayos).

Fincas, casonas y estancias. Este producto es un circuito turístico creado para ofrecer la posibilidad de realizar diversas actividades, tales como avistaje de flora y fauna, safaris fotográficos, cabalgatas, montañismo, trekking, rappel, escalada y pesca deportiva, siempre en el marco de las cautivantes bellezas arquitectónicas de los solares más antiguos de nuestra provincia. Los visitantes son atendidos por los mismos dueños de las casas tradicionales, quienes brindan comidas típicas, regadas, en ocasiones, por excelentes vinos familiares.

La Posada Salentein es un oasis al pie de Los Andes, en el departamento de Tunuyán (Ruta 89, esquina Elías Videla, Los Arboles). Se encuentra situada en el centro de los viñedos de Bodegas Salentein, proyecto vitivinícola que elabora vinos de calidad internacional, y que abre sus puertas para hacer conocer de cerca el proceso de producción. En Maipú, La Casona Baquero, que data del siglo XIX, está a disposición de los huéspedes que visiten La Ruta del Vino y quieran hacer un alto entre paradisíacas palmeras y casuarinas. En Tupungato y San Carlos, reconocidas estancias, ubicadas en plena cordillera, permiten disfrutar días de campo con asados y comidas criollas, con la posibilidad de iniciarse en actividades tales como avistaje de cóndores y guanacos, o pesca de truchas en arroyos de montaña; una oportunidad ideal para adentrarnos en actividades de estancia cordillerana como cría de vacunos o bien optar por realizar cabalgatas de uno a cinco días.

Fuente: Los Andes

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