Mendoza acaba de ser designada sede de la próxima reunión anual de las Grandes Capitales del Vino. Un reconocimiento a la actividad que se desarrolla en la provincia a nivel de la industria, concatenada con las fuertes inversiones en lo que al desarrollo del turismo enológico se refiere.

La designación de Mendoza como sede de la reunión anual de las Grandes Capitales del Vino para el año 2014, no hace más que ratificar la consideración que ha alcanzado, a nivel internacional, nuestra principal industria de base agrícola.

La nominación incluye, en esta ocasión, la actividad que se desarrolla a partir del turismo, tanto gastronómico como hotelero.

El cambio que se ha producido en el reconocimiento de la Argentina como un país vitivinícola ha sido espectacular. No hace mucho tiempo, nuestro país sólo era conocido como un gran productor de uvas y de vinos de mesa. Sin embargo en las dos últimas décadas la situación se modificó sustancialmente.

Con Mendoza como cabeza, la vitivinicultura argentina ganó espacios en los mercados consumidores más importantes. Modificó aquella imagen de productor de vinos de menor valor enológico y se posicionó entre los países de vinos de alta calidad, a punto tal que uno de los enólogos locales integra una lista de cinco profesionales para la elección del mejor enólogo del mundo en el año 2012.

A esa situación debe sumarse la designación de una profesional mendocina, Claudia Quini, como presidenta de la Organización Internacional de la Vid y el Vino, el máximo organismo de la vitivinicultura a nivel mundial.

El restante aspecto importante es la combinación que se ha alcanzado en la concatenación entre el vino y el turismo. El mejor ejemplo se dio, durante décadas, en Burdeos o la Champaña, en Francia, donde el turista, en el mismo momento del ingreso a ambas regiones, comenzaba a “respirar” la actividad vitivinícola.

Tomando en cuenta esa situación, la zona de California, en Estados Unidos, realizó una tarea similar y hasta cuenta con un tren que recorre las distintas zonas y bodegas. Pero Mendoza no se quedó atrás.

Las bodegas realizaron importantes inversiones y hoy son innumerables los establecimientos que ofrecen una gastronomía de primer nivel y hasta hospedajes de alta calidad para los amantes del enoturismo. Al decir de los funcionarios, gran parte del crecimiento turístico provincial responde a las iniciativas implementadas por la industria del vino.

Ese avance en infraestructura turística le permitió a Mendoza ingresar a la Red Global de Grandes Capitales del Vino, un organismo que se conformó en 1998 con el objetivo de trabajar en conjunto para estimular el turismo vitivinícola internacional y fomentar los intercambios culturales, económicos y académicos entre las capitales del vino.

Nuestra provincia se sumó así a las regiones de Mainz (Alemania), Bordeaux (Francia), San Francisco y Valle de Napa (Estados Unidos), Porto (Portugal), Bilbao y Rioja (España), Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y Florencia, en Italia. Paralelamente, empresas locales han logrado importantes distinciones -este año se alcanzó una medalla de oro- en los concursos que se realizan para premiar a quienes se distinguen en la combinación entre industria vitivinícola y turismo.

La distinción internacional de designar a Mendoza como sede del próximo congreso de las grandes capitales del vino debe constituir no sólo un reconocimiento, sino también un incentivo para continuar trabajando en la promoción del turismo enológico, que ha dado excelentes resultados.