Esta época es ideal para recorrer las bodegas, viñedos y restaurantes gourmet ubicados al sur de la capital.

Turistas de otras provincias y visitantes extranjeros se sienten atraídos por las bodegas de la zona, que han conseguido productos de la más alta calidad y el reconocimiento internacional.

El otoño, en plena cosecha de la uva, es ideal para recorrer bodegas en Mendoza. El enoturismo revive con la llegada de visitantes brasileños, norteamericanos y europeos, que eligen descubrir los encantos de la región del Valle de Uco.

 

Arriban como pequeños inversores que adquieren viñedos, turistas en pareja o grupos de amigos. Los atraen el desierto, la tranquilidad, los picos nevados del Cordón del Plata y los valles fértiles cubiertos de viñas, nogales, almendros y cerezos, todo en un mismo ecosistema.

 

Si bien el Valle de Uco, a 85 km de la capital, abarca los municipios de Tunuyán, Tupungato y San Carlos, el potencial del turismo vitivinícola se concentra en algunos recorridos, como la ruta 94, camino al Manzano Histórico. En 30 km a la redonda, en la unión de los distritos Vista Flores, Los Chacayes y Los Sauces, resurgieron bodegas abiertas al turismo con restaurantes y, algunas, con alojamiento. En los alrededores hay nuevos complejos de cabañas y casas de campo en alquiler, con costos que van de $ 1.600 a $ 18 mil la noche para dos personas.

 

Entre las bodegas más visitadas están Al Pasión, Antucura, Casa de Uco, Clos de los Siete con las cocinas de Diamandes y Monteviejo, Finca Blousson, Giménez Riili y el hotel y restaurante Siete Fuegos (de Francis Mallmann), que abarca el resort The Vines.

 

Cada temporada, los restaurantes de bodegas renuevan el menú. “Estamos incursionando en la cocina saludable, con menor cantidad posible de harina y azúcar agregada y productos frescos de estación de nuestra huerta orgánica”, dice Nadia Harón, chef de Monteviejo, que ofrece una opción de tapas más copa de vino para los que prefieren disfrutar de las vistas de la terraza.

Una novedad es el restaurante Tegui, del chef Germán Martitegui, galardonado como el mejor de Argentina en 2017, que se instaló desde fines de febrero hasta el 7 de abril en la bodega Súper Uco, de los hermanos Michelini. Es una experiencia única de un restó de Buenos Aires que instala su salón en medio de un viñedo, con productos orgánicos elaborados en un radio de 20 kilómetros.

La bodega Súper Uco integra la villa de los Enólogos en The Vines, un concepto ideado por Pablo Giménez Riili y Michel Evans, en la que productores de vino tienen 2 hectáreas cultivadas y espacio para levantar bodegas con capacidad para 100 mil a 120 mil litros de vino.

Conforman el elenco los enólogos Alejandro Vigil (Catena Zapata- El Enemigo), Marcelo Pelleriti (Monteviejo) junto al músico Pedro Aznar, Matías Michellini y sus hermanos, Santiago Achával, la familia Giménez Riili, Mauricio Lorca, Rob Lawson, el matrimonio canadiense Noel y Terry Neelands (Sólo Contigo) y el médico indio Madaiah Revana (Corazón del Sol).

 

Una joya oculta en la región es la bodega Al Pasión, un páramo al que apostaron 50 inversores, el 90 por ciento extranjeros. “Son 84 has, de las cuales 60 están implantadas con viñedos y el resto con vegetación en una finca orgánica y sustentable”, explica el ingeniero agrónomo Guillermo Cacciaguerra, uno de los propietarios. Sus plantaciones tienen forma de semicírculo, que imita una huella digital.

“Queríamos que nuestro sello quedara plasmado en las cepas de malbec, cabernet sauvignon, cabernet franc, syrah y merlot”, dice Cacciaguerra. La huella de cada inversor también aparece en las etiquetas de los vinos de Al Pasión que elabora Karim Mussi Saffie.

El restaurante de la bodega tiene capacidad para 30 personas. Es un espacio íntimo al lado del lodge, con un enorme ventanal hacia el viñedo y la Cordillera. Ofrece almuerzos y cenas, con reserva previa, a los huéspedes que se alojen en el albergue y a los visitantes de la zona. El menú es de cuatro platos de cocina tradicional argentina con un toque gourmet, elaborado por el chef Héctor Órdenes.

También preparan carnes y hortalizas a la parrilla, horno de barro y cazuelas de hierro sobre madera.

 

Los tours por bodegas se pueden complementar con recorridos en bicicleta o a caballo por estos circuitos. Según los operados turísticos, el fenómeno de los últimos años es el de las parejas de extranjeros que eligen casarse en el Valle de Uco.

 

Aquí se celebran fiestas de hasta cien invitados. Hospedados varios días en la región, recorren bodegas y restaurantes. El viaje resulta perfecto si se puede concurrir a las celebraciones del fin de cosecha: conciertos de música clásica por los Caminos del Vino que se realiza a fines de marzo y principios de abril.

 

Otro punto de encuentro y disfrute es el arroyo grande del Manzano Histórico con su proverbial pureza invicta ya que las aguas bajan de las altas cumbres tunuyaninas…los glaciares del Valle de Uco aún están dispuestos a compartir sus tesoros con nosotros.

 

El Arroyo Grande de la Quebrada, o también conocido como Arroyo Grande del Manzano, tiene una pendiente muy pronunciada, haciendo que la velocidad del agua sea muy alta, y eso hace que al chocar con las piedras que se encuentran en su curso, que son muchísimas, se transforme el arroyo en un lugar muy espumoso, y con mucha rapidez. Las piedras son utilizadas por los visitantes también para hacer pequeñas piletas para sumergirse en un agua fresca y pura directa de glaciar.

Miles de personas disfrutan cada fin de semana en distintos arroyos del Valle de Uco, compartiendo momentos únicos con la familia, trascendiendo el tiempo dejándolo de lado para hacerse naturalmente hombres puros en contacto con los materiales burdos de la naturaleza material: el aire, el agua, el éter, la tierra y el fuego  en un entorno único. Uno de los vistantes decía sentirse realmente vivo en ese paraje que lo conectaba directamente con la naturaleza.

 

Fuente: Los Andes y MDZol

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.