En la precordillera lasherina pueden recorrerse las ruinas y túneles de lo que fue una explotación de metales desde el siglo XVII. Es un atractivo que visitan los extranjeros más que los locales.

A 2.600 metros de altitud, en plena precordillera lasherina se erige una antiquísima ciudadela minera abandonada. Hasta hace poco sólo quienes la conocían por referencias y el viento eran sus exclusivos visitantes. Pero hoy, la llamada Ciudad Fantasmal de Paramillos atrae a turistas y locales, que se fascinan con las ruinas y la aventura de penetrar en sus minas llenas de historia y misterios.

Las primeras encomiendas españolas en Cuyo fueron establecidas en Uspallata, donde según documentos del cabildo hacia 1660 había 319 bocas de minas registradas que podían compararse con las de Potosí (Perú) o Famatina (La Rioja). En ese desarrollo jugaron un rol importante los jesuitas, que en la zona se dedicaron a la producción minera y la fundición.

En Paramillos, a unos 108 km de Mendoza, hacia 1620 instalaron una ciudadela para la extracción de plomo, plata, cobre, oro y zinc. Su mano de obra eran huarpes y araucanos, que vivieron y murieron en el lugar. Luego la zona fue explotada por españoles y desde el siglo XIX por alemanes, y por los ingleses hasta 1982.

Cada uno de ellos fue dejando rastros de su paso, como construcciones: las más antiguas en pie son los corrales y lo que fue la fundición de metal (tenía poca capacidad, ya que la mayor cantidad se fundía en las bóvedas de Uspallata).

De todo el ruinoso conjunto resalta un edificio en cuyo interior hay un gran agujero, llamado pique Gobernador Elías Villanueva, que fue hecho en 1888 por el ingeniero y geólogo alemán Lave Lageman. Tiene 90 m de profundidad y se usó para sacar agua y el mineral, que era llevado a la planta de procesamiento, que queda a pocos metros, donde se hacía la molienda y separación de los mismos por decantación. A la par, existen los cuatro niveles de túneles donde se extraían los minerales de las vetas que iban abriendo en forma transversal y que tienen nombre de santos, acorde al día en que se abrían.

Hoy todo eso conforma un escenario ideal para la investigación arqueológica e histórica y para el turismo minero. Pero también muchos de sus edificios se utilizaron para levantar los escenarios de Siete años en el Tibet, protagonizada por Brad Pitt, que se rodó en esa y otras partes de Uspallata. También la mina sirvió para la filmación de la película De amor y de sombra, con Antonio Banderas.

Desde hace unos años son gestionadas por un privado, con control de la Comuna, pero los interesados pueden tomar el servicio a través de cualquier agencia de turismo receptivo.

Las  Minas de Paramillos, de diciembre a marzo son visitadas por unas 15 personas al día, aunque hay jornadas que ascienden a 60. Sólo 20% son mendocinos, el resto llega de todo el mundo, donde el turismo minero es una veta muy explotada.

Hay dos tipos de excursiones que incluyen recorrer los vestigios de la ciudad: una suma una visita a la mina Sauce, en el segundo nivel y la otra permite conocer los tres niveles de túneles, pero el descenso del primero al segundo se hace con rapel.

Fuente: Fabián Sevilla, Diario Uno

 

 

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