San Rafael, la “capital” de la escalada deportiva, con la vista arriba y la atención abajo: un deporte que básicamente necesita sólo de dos personas.

Llegamos a San Rafael, “capital” de la escalada deportiva, a instancias del Cañón del Atuel/Sierra Antigua, donde afloran formaciones increíbles. “Hoy hay seis sectores con más de 500 rutas (sin contar unas 150 más de Agua del Toro y El Sosneado), equipadas en forma estética y segura”, dice Di Carlantonio. Según el guía, la calidad de la roca, las vías, la logística sencilla (10 a 30 minutos del auto al pie de vía) y el clima favorable hacen de San Rafael un lugar ideal todo el año.

“En la totalidad de los sectores encontramos rutas de todos los niveles, de básicos a proyectos sin encadenado que esperan su primer ascenso libre (modalidad en la que para progresar sólo se utilizan manos y pies, también arnés, cuerda, mosquetones y otros dispositivos para proteger una eventual caída)”, comenta, y destaca la idea de ir modificando vías gracias al activo y apasionado trabajo de escaladores y equipadores que por su cuenta van sumando nuevas rutas y sectores para las generaciones futuras.

 

Desde hace varios años se vive en la zona montañosa de San Rafael el despertar de una actividad totalmente amateur que es la denominada escalada deportiva. Esto es ni más ni menos que subir con elementos de seguridad especiales empinadas paredes de roca por el simple placer de hacerlo, según señalan algunos de los que practican este deporte. 

 

De acuerdo a testimonios de estos “montañistas”, porque en realidad se trata de una derivación de esa actividad, en el departamento sureño existen óptimas condiciones para practicarla y ya hoy está considerado como uno de los sitios mejor equipados y con óptimas condiciones naturales a nivel nacional e internacional.

El quehacer fue creciendo en silencio y con el aporte de algunos que absorben totalmente los costos para que otros puedan disfrutar.

Según explicaron, equipar una línea (un lugar para escalar) cuesta mucha plata, ya que se necesitan herramientas especiales y las denominadas chapas y un tornillo (parabolt) del que el escalador se sostiene en su travesía.

Esas líneas quedan en las paredes y se accede a ellas en forma gratuita. Luego hay que hacerle revisiones periódicas, porque además de los desgastes naturales de los elementos metálicos empotrados, se sufre la depredación “incomprensible”, porque estos enganches no sirven para otra cosa pero “igual los sacan y los roban”.

Matías García Cicco es uno de los que se ocupan de asegurar los lugares y explica que lo hace por amor al deporte. “Preparar la zona lleva su tiempo porque hay que ir limpiando el terreno, sacar las rocas flojas y dejar todo en condiciones para que las escaladas sean seguras -dice-. Tanto yo como otros colegas de San Rafael, dedicamos mucho tiempo a hacer esto, y lo hacemos con mucho gusto”.

Cuenta que esta actividad nació poco después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los montañistas militares regresaron a sus pueblos y comenzaron a subir montañas por placer, y es por ello que esta especialidad en algunos países europeos, como Francia, España y Alemania, es prácticamente un deporte nacional, muy apoyado por los gobiernos.

Aquí eso no existe, aunque hay potencial para colocar a San Rafael en niveles internacionales en lo que hoy son competencias deportivas de escalada. Por ahora es sólo para esparcimiento

Pero no todo son rosas en el camino de estos deportistas. Se encuentran en algunos lugares con dificultades por los permisos para ingresar a esas “paredes” de roca donde no se puede hacer nada más que escalar. Y en Malargüe por estas dificultades han debido abandonar sitios muy propicios que hoy están absolutamente desaprovechados, porque “ahí no se puede hacer nada más que esto”.

Como ejemplo, en la zona de la cascada de Manqui Malal se han desaprovechado paredes porque el propietario de los campos vio un negocio y cobra importantes sumas para permitir el acceso.

 

Lugares “equipados”

La práctica en San Rafael se inició en una zona en la entrada al Valle Grande conocida como la “Estación sismológica”, donde hay formaciones muy aptas.

 

Otro de los sitios “equipados”, donde cualquier escalador amateur con las condiciones de seguridad necesarias puede practicar directamente con sólo caminar unos cientos de metros, es el Cañón del Atuel en el área denominada “La frazada”. 

 

Recientemente ha sido equipado otro sitio bautizado como “El Santuario”. Generalmente los lugares son nombrados por los mismos que los descubren y equipan.

La denominación en este caso se toma de una pequeña gruta que existe en las inmediaciones donde la gente asiste a orar. Este lugar se encontró debido a la presencia de deportistas de la capital mendocina que se dedican a la práctica del “boulder”, que es una escalada de baja altura pero de máxima dificultad en donde no se necesita más que una colchoneta para amortiguar las posibles caídas.

Otro de los especialistas en equipar los lugares destaca que la concurrencia es importante y que llegan deportistas de distintos puntos del país, como Chubut, donde existe una incipiente actividad.

“También hay gente de Neuquén y de casi todas las provincias y vienen porque las paredes son muy buenas”, afirma otro escalador y agrega que “es común encontrarse en todos los lugares con deportistas extranjeros como franceses, de Estados Unidos, Chile y Bolivia”.

 

Quienes practican la especialidad aseguran que San Rafael podría ser posicionado rápidamente como “la capital nacional de la escalada deportiva”: “Sólo bastaría recibir el apoyo de los organismos competentes ya que se puede hablar de un turismo alternativo que funciona todo el año y que recibe a deportistas cuando las condiciones climáticas no son aptas en otras zonas del país”.

Como en todos los destinos, se recomienda llevar equipos y agua, y siempre consultar el pronóstico ya que algunas tormentas eléctricas pueden descargar mucha agua en estos cañadones de piedra donde las paredes reinan.

 

Fuentes: Mendozaextremo, Los Andes por Carlos Simón

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