Caminatas y observación se combinan con carrovelismo en un panorama que parece salido de otro mundo. La excusa ideal para hacer turismo educativo con los chicos.

Caminatas y observación se combinan con carrovelismo en un panorama que parece salido de otro mundo. La excusa ideal para hacer turismo educativo con los chicos.

En el cielo… las estrellas,  en el campo… las jarillas. Así dice un cartel en el Parque Nacional Pampa del Leoncito de la provincia de San Juan, en el cual el cielo es el protagonista. Más de trescientas noches despejadas al año, libres de humo, polvo y gases, y lejos de las luces de las ciudades, hacen de este cielo el lugar ideal para observar las estrellas.

Las jarillas tapizan con su particular perfume el desértico paisaje. Para adaptarse al clima, sus hojas son pequeñas y se disponen de forma vertical para evitar la exposición solar. Entre ellas, una variedad es conocida como jarilla nortera, en la que sus hojas están orientadas en dirección al norte.

 

Bajo las constelaciones

Las profundas noches envuelven el paisaje bajo un infinito manto de estrellas. La prueba de ello es que en el Parque Nacional hay dos complejos astronómicos de alta tecnología y prestigio internacional.

 

Se pueden hacer visitas diurnas y nocturnas en las que es posible observar el cielo con teles-copios electrónicos y descubrir un paisaje nocturno de estrellas, constelaciones y planetas.

 

El Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO) es un instituto dependiente del CONICET y de las universidades nacionales de La Plata, Córdoba y San Juan. Allí es posible alojarse, ya que cuenta con instalaciones para ese fin. Por otra parte, el Observatorio Astronómico Félix Aguilar, Cesco, depende de la Universidad provincial y tiene más de 50 años de historia.

Barreal es la ciudad más cercana al parque, se encuentra en el departamento de Calingasta, al Suroeste de la provincia.

 

La Cordillera de Los Andes es protagonista del paisaje, dejando ver algunos de sus picos más altos, con el cordón de Ansilta como principal anfitrión. 

 

El guardaparque, nos pasa a buscar por el  hotel –que lleva el nombre de una estrella, al igual que cada una de las habitaciones–. Con su simpatía nos da la bienvenida y, antes de ingresar al parque nacional, nos lleva a conocer la famosa Pampa del Leoncito o Barreal Blanco.

Se trata de una superficie perfectamente lisa de unos diez por tres kilómetros, generada a partir de una cuenca lacustre que se secó.

 

Allí soplan fuertes vientos sostenidos que hacen del lugar el escenario ideal para la práctica de carrovelismo, un deporte no convencional en el que se usan carros con velas, que pueden llegar a desarrollar velocidades de más de 100 km por hora. 

 

El lugar también es conocido por ser escenario de varias publicidades, como la de la pick up Ford que salta desde un avión Hércules. Nos recuerdan, al llegar al lugar, que hay dos reglas de oro: nunca entrar con lluvia, aunque sea poca, y estacionar en contra del viento.

Ver el atardecer en este lugar es simplemente mágico. El sol, que se desploma tras la montaña, dibuja en la extensa y lisa superficie las sombras más largas que podamos imaginar. El seco y craquelado suelo arcilloso parece un sinfín de venecitas irregulares que se pierden de vista en el infinito… Las luces de la tarde se van perdiendo a medida que el cielo va profundizando su oscuridad, para luego extender el inmenso manto estrellado.

 

Las perfectas noches plagadas de estrellas, sin la intromisión de luces artificales, hacen que uno no pueda resistir la tentación de tirarse en el suelo para contemplar ese cielo que hipnotiza. “Cuidamos el suelo para mantener limpio el cielo”, fue la frase del guardaparque que me quedó grabada. 

 

Fuente: Weekend, por Patricia Mogni

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.