Se acerca el receso invernal y los principales destinos del país se preparan para recibir a los turistas. Mendoza es una de las ciudades más elegidas en los inviernos y tiene ofertas para todos los gustos, ahora te ofrece también volar…

 

Desde hace tiempo, en Mendoza también se puede vivir la experiencia de volar en globo aerostático, disfrutando del paisaje de los atardeceres y amaneceres que ofrece la región cuyana. Aquí los detalles de la oferta para la aventura.

Como una pluma llevada por el viento. Como parte del viento. Como parte del aire. Así es volar en globo. Flotar en la más absoluta calma, en silencio. Son 50 minutos que se desean eternos.

«El vuelo es tan plácido y sereno que no da ningún tipo de malestar ni sensación de vértigo», explicaron desde Mendoza Balloons, la empresa encargada de realizar la experiencia en globo aerostático.

«Los vuelos se realizan durante todo el año al amanecer o al atardecer con reserva previa. Nuestro campo de vuelo está ubicado a 45 minutos del centro de Mendoza Capital.

 

Con lugar de despegue en Los Barriales, exactamente en el aeródromo ubicado en ruta 60 y calle Míguez, frente al Monumento al Agua y al Trabajo, en el Departamento de Junín, el globo más grande del país recorre unos 15 kilómetros sobre viñedos, permitiendo una inmejorable vista de toda la región, incluida la cordillera. 

 

Este globo que está surcando el cielo por estos días es el más grande del país, con 6.000 metros cúbicos de aire y un canasto capaz de llevar hasta 12 personas y elevar 2.000 kilos.

Vale destacar que por sus paisajes, el vuelo en globo en Mendoza tiene un plus especial.

Al respecto, desde la firma indicaron: «El tiempo de vuelo es de 45 minutos a una hora aproximadamente, donde se puede apreciar una vista magnífica de toda la región sobrevolando viñedos y olivares con una incomparable vista de la cordillera. La dirección de vuelo está determinada por el viento predominante de ese día, es decir, no hay una ruta fija». Por las tardes el viento predominante viene del norte, por lo que el globo despega en Los Barriales y aterriza en Rivadavia, casi siempre en el distrito Los Árboles y cerca del lecho del río Tunuyán. Por las mañanas el viento sopla del sur, por lo que el globo viaja hacia San Martín y aterriza por Palmira, por el parque Agnesi o en algún punto de esa zona.

«Este lugar es el mejor del país para volar en globo», dijo Javier Barozza. Por topografía y condiciones meteorológicas estables y previsibles, Mendoza y especialmente el Este mendocino son ideales para esta apasionante práctica.

Hasta los 600 metros es un espacio libre, por lo que estos vuelos requieren autorización.

 

El globo de esta excursión va variando la altitud, para que los paseantes puedan disfrutar de diferentes vistas. Por momentos parece que casi se rozan las viñas y por otros se tiene una visión completa de la región. Cualquiera de estas alternativas es impresionante.

 

La velocidad del viaje depende exclusivamente de la velocidad del viento.

Por último, señalaron: «Una vez que aterrizamos, brindamos con champagne y les entregamos a los pasajeros un Certificado de Vuelo mientras se guarda el globo y regresamos por tierra al lugar de despegue. La actividad, que comienza desde el inflado hasta el retorno al campo de vuelo, es de aproximadamente dos horas, dos horas y media».

 

Sin dudas, para quienes deseen probar nuevas experiencias y vivir emocionantes aventuras, esta oferta viene a cumplir con esa demanda soñada por muchos. 

 

El relato sobre los primeros viajeros: una oveja, un gallo y un pato

Al final de la excursión en globo, el piloto Javier Barozza cuenta parte de una historia entre los turistas.Francia fue cuna de los globos aerostáticos. Los hermanos Joseph y Jacques Montgolfier fueron quienes comenzaron a analizar que el humo de las fogatas subía y que, por ende, debía ser más liviano.

Más adelante se darían cuenta de que no era el humo, sino el aire caliente lo que era más liviano.

En setiembre de 1782 hicieron un primer intento y el 4 de junio de 1783 realizaron una demostración pública con un globo aerostático de diez metros de diámetro, en un mercado francés.

Estaba construido con tela y papel. En setiembre de ese año hicieron una demostración ante 130.000 personas en Versalles, que fue presenciada por el rey Luis XVI y María Antonieta.

Esa vez los hermanos Montgolfier decidieron enviar a un gallo, una oveja y un pato como sus ocupantes. Querían probar si podían sobrevivir, ya que los hermanos no sabían si en las alturas se podía respirar igual que a nivel del suelo.

Luego decidieron probar con humanos y se les sugirió que utilizaran a algún reo. Sin embargo, Jean-Francois Pilâtre de Roziers y el marqués d’Arlandes no quisieron perderse la oportunidad. «Vivos o muertos, seremos los primeros aeronautas», dijeron. Así fue que volaron en París en 1783.

Pero el descenso del globo fue observado por un grupo de campesinos, que creyeron que se trataba de algún ser endemoniado, y estuvieron a punto de ajusticiar a Pilâtre de Roziers y el marqués d’Arlandes.

 

Fue entonces que los hermanos Montgolfier decidieron que los próximos vuelos debían llevar una botella de champán, para que los tripulantes pudieran dar prueba acabada de que eran humanos y franceses. 

 

Ningún demonio podría llevar consigo una botella de champán. Así fue que el brindis con champán después de un vuelo en globo, es una tradición que se cumple a rajatabla. Y así también es en Mendoza.

 

Fuentes:  La noticia 1 y UNO

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.