La zona que conforma el Cañón del Atuel es impresionantemente bella por la diversidad de opciones que ofrece. Valle Grande, El Nihuil, El Sosneado y Los Reyunos, como así también la ciudad San Rafael.

Nos despedimos del Puente del Inca y volvimos a andar hacia el sur provincial. Pasamos por San Rafael, otra linda ciudad de Mendoza, muy cerquita de Valle Grande, exactamente a 37 km Seguimos camino a través de la Av. Ballofet, tomamos la ruta provincial 173.

 

Al rato comenzamos a recorrer  un camino sinuoso, que tenía a su lado un cordón montañoso y al otro el magnífico río Atuel.  Y así, en zig-zag fuimos entrando al Cañon del Atuel. 

 

Elegimos para nuestra estadía una cabaña magnífica: “El Paraíso del Valle”. La atención de su dueño, el Sr. Baldini, fue espectacular. Nos sentimos muy cómodos allí y, obviamente, se los recomiendo. Está en un lugar privilegiado; tan solo a pasos, a metros de nuestra cabaña, estaba el río Atuel. Dormíamos con su murmullo, con su queja, con su arrullo. Disfrutamos del lugar de tal manera que ni ganas de hacer alguna excursión teníamos, porque estar ahí, al lado del río fue maravilloso.

En las cabañas “El Paraíso del Valle”  hicimos base para poder realizar el segundo de los circuitos planificados, era un buen punto de partida. Esta vez le tocaba el turno al “Circuito del Atuel”.

 

Valle Grande es un paraíso en la tierra en donde podrás hacer caminatas, subir cerros, hacer rappel, comer rico -sobre todo algo especial de la zona: un buen chivito- descansar, hacer cabalgatas, asombrarte de lo que todo la naturaleza te dá… y además podés ¡respirar aire puro!

 

Hay muchas excursiones para hacer en la zona.  ¡¡En Valle Grande podés estar más de 10 (diez) días sin aburrirte jamás!!

Algo divertido para hacer, por ejemplo, es “Rafting”.

El rafting consiste en descender ríos de montaña en balsas neumáticas (rafts), y es un deporte para realizar en “equipo”. El río Atuel se puede navegar durante todo el año. Desde abril hasta septiembre, su caudal es descendiente, mientras que de noviembre a marzo goza de su máximo esplendor. El río Atuel tiene un nivel de dificultad 2 a 3 (en una escala de 1 a 6, siendo 1 el más fácil y 6 de carácter innavegable).

 

Alfredo y yo subimos a la balsa con gente que no conocíamos, con los cascos y chalecos salvavidas bien puestos y luego de escuchar una clase de “seguridad” empezamos a andar. Todos los de la balsa teníamos una tarea: remar siguiendo las órdenes de un “coordinador experto” que nos ayudaba a nivelar la barca con nuestro peso y orientaba nuestros movimientos para no hundirnos. Así de simple… así de estresante.

 

Nosotros optamos por hacer un descenso de categoría “Media” y eso fue todo un desafío, casi una actividad de “riesgo”, porque nosotros no somos muy propensos a realizar este tipo de aventuras. Fueron 10 kms. remando, remando y divirtiéndonos. Con zambullidas en el medio de nuestro camino. El agua es muy fría.. ¡helada! pero es lógico porque es agua de deshielo. La experiencia valió la pena. Y además el paisaje visto desde el río Atuel resultó magnífico.

 

Si estás en Mendoza, obviamente, es casi obligado ir a conocer algunas de las buenas bodegas que hay en esta zona. La bodega que más nos gustó fue la Bodega Algodón. Allí pudimos, también, recorrer sus viñedos y disfrutamos mucho del lugar. Tiene un muy buen restaurante y, además, si te gusta jugar al golf es una excelente opción. Su vino, por cierto, ¡es riquísimo!

Otra de las excursiones que te sugiero es ir a conocer “Los Reyunos“. Es una represa, cuyo paredón alcanza alrededor de 135 metros, con un paisaje en permanente combinación de verdes y turquesas. Allí hay un lago que cubre una extensión de 730 hectáreas, aproximadamente, y es una zona para quien le guste pescar, excelente, lleno de pejerreyes y salmones.

 

Hacer la excursión del Cañon del Atuel es impresionante, te sorprenderás. El cañon constituye un gran accidente geográfico y dicen que es mucho más antiguo que la Cordillera de Los Andes. Por donde mires, encontrarás esculturas realizadas en las piedras, esculturas talladas por el viento y por la lluvia. La naturaleza fue su creadora. 

 

Llegando a la zona del Embalse de Valle Grande encontrarás el gran museo geólogico al aire libre que, a la vista de todos, muestra su antecedente paleozoico. Cada formación, única en el mundo, tienen diferentes nombres dados por la gente del lugar.  Algunas veces deberás tener mucha imaginación para poder asociarla al nombre que lleva, pero eso no quita que igual tenga un carácter único. Aquí algunas de ellas…

Luego de recorrer un camino de curvas y contracurvas… llegamos a Los Nihuiles una de las Centrales Hidroeléctricas más importantes de Mendoza, del país. Un lugar digno de conocer a quien le interese este tipo de tecnología relacionada con la generación de electricidad, ¡le encantará!

En el camino del Embalse te encontras con rincones maravillosos.

Terminando esta excursión que nos llenó el alma volvimos a nuestro lugar, al lado del río Atuel. Que hoy en día, sigue siendo uno de nuestros lugares en el mundo.

Para nosotros la comida, comer rico en los lugares de vacaciones es importante. Por eso no quiero terminar este Relato Viajero sin recomendarte dos lugares simples y con estilo.  Uno muy cerquita de nuestra cabaña, a metros de allí que se llama “La Posta del Cholo” y otro es “La Cenaida” un poco más alejado, aquí tuvimos que ir en el auto, pero el lugar vale la pena.

La última noche nos quedamos con Alfredo disfrutando del río Atuel, del reflejo de la luna sobre el agua. Ya llegábamos al final de nuestra estadía en Valle Grande, tendríamos que regresar a Buenos Aires… Sentimos tanto dolor en la despedida que hasta llegamos a pensar en cambiar el domicilio de nuestro hogar. ¿Porqué no vivir aquí en Mendoza?

Es el día de hoy que aún lo seguimos pensando. Por eso si vas por ahí quizás me podrás ver caminando sus calles, subiendo sus cerros. ¡Ojalá que algún día así sea!

El tema es simple: Mendoza… ¡nos fascinó! y por eso te la recomiendo.

 

Fuente: Blog de viajes ”Lilian viajera”

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