Experiencia de descenso en una de las actividades de turismo activo que gana adeptos en el país.

 

Era uno de los deportes de aventura sobre el agua que tenía en mi lista “para hacer”. También de marcar con una tilde otra especialidad del canotaje (sí, el rafting forma parte de la gran familia de este deporte náutico).

Así fue que tuve la oportunidad de viajar a Potrerillos, en la provincia de Mendoza y practicar rafting, por primera vez, en el río que lleva el mismo nombre. Este río está formado por agua de deshielo proveniente del Aconcagua, uno de los picos de montaña más altos de América.

 

Antes del descenso, ¡sonrisas y nervios!

El río Mendoza, a diferencia de otros rápidos del país, se caracteriza por su color marrón “chocolatoso”, dado por el tipo de sedimentos que arrastra. En plena temporada de verano sus aguas frías se hacen sentir, por eso es importante respetar las medidas de seguridad y vestir de manera adecuada para la actividad.

 

Los prestadores turísticos te brindan todo el equipo que incluye desde casco, chalecos salvavidas, traje de neoprene, entre otros. 

 

El rafting es una actividad grupal que consiste en el descenso en botes (el gomón) con capacidad para 6 u 8 personas, y se realiza en ríos rápidos de montaña. Las bajadas turísticas se realizan según el tipo de río y nivel de dificultad, que van desde la clase I a VI, esto es: de calmo a más turbulento. Una condición para su práctica es que el río lleve un importante caudal de agua y esto se da en temporada de deshielo (en Argentina a partir del mes de septiembre).

Una bajada por el río es una práctica aventurera porque se realiza en un medio natural y, en su mayoría, en un lugar diferente al de su entorno habitual. Se trata de un deporte que genera adrenalina y se vive una experiencia en equipo en que hay que superar obstáculos, como grandes rocas en medio del curso del río.

 

Coordinación y trabajo en equipo.

En el recorrido la tensión y la emoción se van alternando, se está entre la admiración del paisaje, la vivencia de la bravura del agua -que por momentos pega en la cara y moja al tripulante por completo- y la atención a las indicaciones del/la guía.

¡Pura adrenalina!

Una experiencia increíble, sobretodo para quienes venimos de los ríos de llanura.

 

Fuente: Turista flotante, by Amanda R. Merino

Artículos Relacionados