Al sur de Mendoza, cerca de San Rafael, el río brinda uno de los mejores escenarios para practicar rapel. Otras opciones de aventura son tirolesa, cabalgata, canopy y 4×4.

Los viñedos que reverdecen alrededor de San Rafael van quedando atrás mientras la ruta 173 empieza a transitar los 180 kilómetros del Circuito del Cañón del Río Atuel. El paisaje se torna lo suficientemente árido para que también dejen de verse bodegas y frutas desecadas al sol. La combi se empequeñece ante El Nihuil, el embalse más grande de la provincia de Mendoza.

Un escuálido hilo de agua avanza con dificultad entre las rocas y se ensancha aceleradamente, hasta inundar el terreno de 9.600 hectáreas, para dar forma a un desbordante espejo celeste. El Atuel embalsado anticipa el oasis creado en la precordillera, a partir de la construcción de cuatro diques y otras tantas centrales hidroeléctricas.

Por sobre las dos hileras de álamos posados al borde del agua, los colores del murallón del Cañón del Atuel varían del negro intenso de la ceniza volcánica –donde hace equilibrio un ramillete de cactos rígidos– al gris de la erosión pluvial, un persistente proceso natural que talló penitentes (columnas con puntas redondeadas). La hoja de ruta señala setenta estilizadas esculturas que las fuerzas de la naturaleza tallaron pacientemente. Resaltan las siluetas de Manada de Elefantes, La Lechuza y El Pingüino, aunque la búsqueda de figuras análogas para identificarlas queda librada a la imaginación de cada uno. “Elefante, oso hormiguero o cocodrilo” debaten quince turistas, metidos de lleno en una competencia para acertar con el apodo más ajustado.

El páramo verde pergeñado por la mano del hombre reaparece en Valle Grande, donde el Cañón adopta dimensiones más mesuradas y la orilla del río, salpicada por playas de arena y pastizales, deja de ser un intimidante balcón con vista al vacío. En el Parque Aéreo Euca, todo transcurre sobre árboles, cables y rampas. Las 46 actividades de aventura de este complejo incluyen canopy y tirolesa. La opción excluyente con los pies sobre la tierra es un trekking interpretativo de la fauna y flora autóctonas por senderos.

Unos metros más abajo ya empiezan a desfilar los gomones individuales y botes semirrígidos, conducidos por un instructor que ordena a los gritos remar coordinadamente. Forman parte de la interminable caravana que transporta a los saltos a los aficionados al rafting, la más promocionada actividad de aventura que ofrecen las cercanías de San Rafael durante el verano. El entusiasmo desborda a los protagonistas y se traslada al público, conformado por familiares, amigos y espectadores casuales, que disfrutan de la tarde a pleno sol en la orilla.

Desafío en Los Reyunos
Esa atmósfera bien familiar, aunque menos concurrida, se replica en el dique Los Reyunos, 35 km hacia el oeste de San Rafael. En el muelle del Club de Náutica y Pesca, dos matrimonios esperan –sin ninguna urgencia– alguna novedad para sus cañas clavadas a la espera de pejerreyes. Algunos pasajeros suben a una lancha y ésta traza una línea recta sobre la superficie del lago. Un cuarto de hora más tarde, sobre la playa pedregosa del Cañón de las Garzas, un extraño escenario de cavernas empapadas por chorros de agua, piletones a la intemperie y refrescantes cascadas sugieren un trekking lleno de obstáculos a superar. El sendero inicial –que parecía minimizar las dificultades– enseguida se pierde en una cueva y no queda más opción que reptar, valiéndose de codos y rodillas. Es un desafío clave para poder acceder al premio mayor: un torrente natural de agua fría, que resulta una ducha inesperada –espiada por garzas, chinchillos y zorros– y transforma la fatiga en plena satisfacción.

El guía propone seguir la jornada de aventura con una cabalgata, una travesía en 4×4, tirobangi, canopy, rapel y tirolesa en el Bosque Aéreo Euca. Pero por hoy es suficiente. Mejor ahorrar adrenalina para mañana con una relajada visita a La Abeja, la bodega más antigua de San Rafael, fundada en 1883 por el inmigrante francés Rodolfo Iselín. Una buena degustación de blanco chenin, cabernet sauvignon y merlot recompone las fuerzas y templa el espíritu.

Fuente: Diario Clarín, Cristian Sirouyan

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