Este camino de tierra une Las Heras con Uspallata. Avistaje de guanacos y aves.

Los días de otoño son ideales para recorrer los caminos de la precordillera mendocina. Ya pasó la época de tormentas de verano y todavía no hace tanto frío. Eso es un buen inicio para comenzar un viaje entre los cerros, por la Ruta Provincial 13, por ejemplo.

Esta vía, de tierra por supuesto, une Las Heras con Uspallata y forma parte del circuito de turismo aventura local. Enduristas, camionetas, cuatriciclos, mountain bikers son los usuarios de este camino, además de los habitantes de los puestos que hay a lo largo de 90 kilómetros (desde el barrio Municipal al centro de Uspallata).

La ruta se puede hacer desde ambos puntos, incluso no es necesario llegar de un extremo a otro. Se puede ir solo con buen tiempo, porque los ríos secos por donde se transita pueden convertirse en cauces aluvionales durante una tormenta importante.

Desde Uspallata el camino está habilitado prácticamente para cualquier vehículo hasta los primeros 35 km, desde la ruta internacional 7 y la calle Las Heras (esta última conecta con la ruta 13).

Allí, los visitantes podrán conocer el Cerro Siete Colores, una antigua formación geológica, donde la erosión y el paso del tiempo han dejado al descubierto minerales de diverso tipo. En el Cerro de los Siete colores, los minerales se alinean en franjas rojizas, púrpuras, amarillentas, verdes, que cambian según la luz del día. Algunos guanacos, cóndores y zorros pueden ser vistos

O la Laguna Agua de la Cerraja (flor amarilla), más conocida como De los Cangrejos. Además de observar los crustáceos autóctonos y la singular belleza, este sitio es una parada obligada para compartir una comida con el resto de los visitantes. También se pueden recorrer las ruinas de antiguas minas que se encuentran prácticamente junto al camino principal.

Si los visitantes deciden desviarse de la ruta, se recomienda ir con alguien que conozca bien estos lugares. Es que la ruta 13 sirve de base para conocer otros sitios como la Pampa de Canota, otras minas abandonadas o transitar por el camino que conecta con la ruta 52 (Uspallata-Villavicencio), a unos pocos kilómetros de la Cruz de Paramillos.

Otro es el panorama desde el otro lado de la ruta. El recorrido comienza en el B° Municipal, cuando empieza el camino de tierra y se interna en los cerros, ubicados al noroeste del cerro Arco. Muchas piedras de distinto tamaño marcan la ruta. El Puesto Agua de las Chilcas es el primer descanso después de unos 12 km.

Luego viene una gran trepada en caracol con piedras más grandes, no aptas para viajeros que quieren sus camionetas impecables. Se llega al primer monolito, probablemente una construcción de cemento que formaba parte del sistema de comunicación telegráfica.

La central se ubicaba unos pocos km hacia el oeste, donde hoy está el puesto Casa de Piedra. La actividad principal es la cría de ganado caprino y la recolección de guano. A esta altura del camino ya se han superado los 2.300 msnm y continúa por inmensos paisajes de la montaña mendocina más antigua.

Aquí también hay cerros altos y tras unos 20 km de Casa de Piedra se encuentra el cerro del segundo monolito. Los últimos 5 km tienen una pendiente de 500 metros y la cima alcanza los 3.100 msnm. Si no está nublado, allí se puede observar el imponente cerro Aconcagua y el Cordón del Plata.

Tras una bajada con fuerte pendiente y una decena de kilómetros más, se llega a la laguna Agua de la Cerraja. Y a partir de allí sigue el camino sencillo a Uspallata, siempre y cuando no llueva ni nieve.

 

Fuente: Los Andes, por Francisco Guerrero

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