Atractivos turísticos de belleza particular distinguen a San Rafael. El Cañón del Atuel, Valle Grande, junto a olivares y viñedos son opciones ideales para disfrutar su naturaleza en todas las formas.

 

Ubicada en el Sudeste de la provincia de Mendoza, a 688 metros sobre el nivel del mar, es el segundo centro urbano más importante de la provincia.

Limita al Norte con San Carlos, Santa Rosa y La Paz; al Sur con Malargüe y La Pampa; al Este con General Alvear y San Luis; y al Oeste con Chile.

El turismo aventura, agroturismo y la contemplación facilitan apreciar y disfrutar el entorno. Un destino con adrenalina.

 

Su materia prima

San Rafael es una gran propuesta para disfrutar Mendoza en otoño, ya que invita a gozar e interactuar en todos y cada uno de sus escenarios.

 

El primero de ellos, la ciudad, enmarcada por un sinfín de alamedas, destaca por su catedral de arquitectura neoromántica; el Palacio Municipal; la Plaza San Martín; el mercado artesanal; la Plaza Francia, diversos museos y un Centro de Convenciones. 

 

Saliendo de dicho conjunto, sitio muy interesante es su pulmón de aire, el parque Hipólito Irigoyen. Cobija monumentos, el Polideportivo Municipal, el Anfiteatro Chacho Santa Cruz, con capacidad para 7500 personas sentadas y formato de teatro griego, y El Parque de los Niños, un sitio que sobresale. Allí un pequeño anfiteatro; una pista vial; un circuito para juegos “aventura” con trepadoras, palestras, puentes y cubos; más de 60 juegos (incluyen columpios, sube y baja, toboganes, hamacas, pasamanos con formas de animales y toboganes, entre otros); juegos didácticos gigantes como son los paneles TATETI y un espacio denominado “La Aldea” que permite jugar entre casitas, castillos y torres de madera, hacen las delicias de los más pequeños.

El Parque de los Niños prestigia a San Rafael, al igual que la gran variedad de productos de su tierra que llevan Denominación de Origen Controlado (D.O.C), como son las verduras orgánicas, frutos secos, aceite de oliva y vinos.

En cuanto a la vitivinicultura, sol y tierra dan vida a distinguidos viñedos, donde nacen vinos plenos de sabores y perfumes.

 

La visita a las bodegas Bianchi, Suter, Balbi, Jean Rivier, Roca, Lavaque, La Abeja o Goyenechea, donde se fabrican y catan los elixires del dios Baco, así lo demuestran. 

 

En las afueras de la ciudad, la champagnera de la familia Bianchi, convoca a degustar la exquisita bebida espumante y conocer proceso de elaboración. Ideal para coronar la Ruta del Vino, otro motivo de orgullo regional.

También es posible visitar establecimientos olivícolas que producen aceites de oliva en sus variedades empeltre y arbequina, y donde se permite cosechar y producir un aceite extra virgen propio.

El enoturismo y el agroturismo, sumamente instructivos, garantizan un encuentro con los sabores que activan los sentidos.

Tras conocer lo referente a la ciudad y afamados productos, es hora de recorrer atracciones naturales aledañas y disfrutar sitios de belleza espectacular.

 

Se engalana en el valle

A 30 kilómetros de la ciudad, por la RP173, se llega a Valle Grande: meca del turismo aventura mendocino. Inmerso entre paredones multicolores y el enérgico río Atuel, cuenta con múltiples hoteles, cabañas y campings, opciones gastronómicas y empresas de servicios turísticos.

 

Las alternativas de aventurismo abarcan rafting, cool river, kayak, doky, parapente, escalada, rappel, tirolesa, mountain bike, trekking, kayakismo, cabalgatas o travesías 4×4, entre otras. 

 

El rafting es una de las actividades más características de la zona y en Valle Grande se practica para todas las edades, con trayectos que oscilan entre los 6, 10 y 16 km. de recorrido, con una duración que lleva entre 40 minutos y 2 horas realizarlos. Los niveles de dificultad son de 2 y 3 (en una escala de 1 a 6) considerándolo un “Río Escuela”.

Para los más experimentados las alternativas son grado 4 en el Río Atuel superior, a la altura de El Sosneado y en el Río Diamante, ya que el grado de dificultad es entre grado 5 o 6.

Las empresas a cargo brindan a cada tripulante los accesorios para disfrutar al máximo de la aventura, remos, casco, chaleco salvavidas, chaqueta seca e incluso traje húmedo de neoprene que aísla del frío, forman parte del kit. Gran experiencia de principio a fin.

Si se quiere disfrutar el rio y sus rápidos, una de las mejores actividades es cool river, que consiste en bajar el rio con un gomón para una persona, la cual dispone de patas de ranas para impulsarse. Muy entretenido el recorrido de 5 km que dura 1 h aprox.

Otras buenas opciones son el Parapentismo, que se realiza en el Cerro Victoria, en la entrada a Valle Grande, cuyo vuelo permite contemplar el panorama reinante, y la escalada o rappel, que permite trepar y deslizarse por paredes montañosas teñidas en naranja gastado, amarillo “patito”, marrón chocolate y rojo apagado mientras se oye el río Atuel, de un azul intenso recorrer raudo el valle.

 

Son algunas de las muy buenas maneras para gozar esencia y descargar adrenalina que tributa Valle Grande; lugar ideal para quedarse unas jornadas gozando los beneficios que reporta y trasladarse luego a una de las mayores atracciones de San Rafael, de la que dista 10 kilómetros.

 

Donde hay una grieta

El cañón del Atuel es una gran extensión de tierra profunda en la que quedan manifiestas diferentes eras geológicas en las paredes de las montañas, la acción sobre las rocas de la erosión y también la mano del hombre, en las centrales hidroeléctricas.

 

Se extiende por 84 kilómetros desde Valle Grande hasta el embalse El Nihuil y la policromía que obsequia es colosal.

 

Desde las extrañas geoformas que se observan en los paredones, pasando por las represas que se insertan en su interior, hasta llegar al final del recorrido, en la villa El Nihuil toda la experiencia resulta conmovedora. En el primer tramo, el embalse Valle Grande, aparece coronado por un espejo de aguas verdes, que encierra una extraña formación geológica llamada “El submarino”, enmarcada por un paisaje espectacular.

 

Las geoformas que se presentan en el trayecto llevan nombres como “Los jardines colgantes”, “Museo de cera”, “Sillón de Rivadavia”, “Los monjes”, “Bosques de coníferas”, “El mendigo”, “El revólver” y “La tortuga ninja”, aunque la imaginación permite descubrir un sinfín de formaciones fálicas y otras al mejor estilo Gaudí. En el itinerario se suceden las formaciones rocosas y los colores: verde, rojo, gris, plata, añil, celeste, rosa, beige, marrón, calipso, amarillo y naranja.

 

A todo esto se añade la presencia de la mano del hombre a través de dos lagos artificiales, Aisol y Tierras Blancas, que realzan la belleza del cañón y de las centrales hidroeléctricas: la 4, en el embalse Valle Grande; la 3, Ing. Jorge Riva; la 2, Dique tierras blancas; y la 1, Ing. Maggi, para llegar al final del recorrido en el embalse El Nihuil. Aquí se descubre la villa del mismo nombre, de calles de tierra, casas con techo de chapa a dos aguas, alamedas y un mirador, desde donde se distingue a la perfección esa grieta profunda que reúne millones de años: el cañón del Atuel. Impresionante.

Tanto en el Cañón del Atuel, como en Valle Grande, sus viñedos y olivares, y la ciudad, San Rafael confirma porque es otro destino excepcional nuestro país.

Activar los sentidos allí, es el mejor presente que se trae el visitante.

 

Fuente: Pilar a diario.com, por Esteban Eliaszevich

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