El Ente de Turismo de la Ciudad acaba de comprarle en algo más de $ 5 millones a Telefónica el procesamiento de datos sobre la movilidad de turistas y residentes en los últimos años. Según los funcionarios porteños el tratamiento de la información garantiza la anonimidad de la información, cuyo valor estadístico permitirá un salto en la gestión pública.

Ingentes cantidades de textos se han producido en el último quinquenio sobre la revolución del Big Data y las ventajas de transformar todo lo que hacemos, a cada momento, en predicciones plausibles de ser capitalizadas por empresas y gobiernos. Sin embargo, a nivel pedestre no dejamos de sorprendernos por sus efectos más mundanos: si buscamos algo en Mercado Libre inmediatamente se nos llenan de ofertas similares las redes sociales, si cenamos en equis restaurante al día siguiente nos ofrecen descuento en uno de la otra cuadra, o si algún funcionario visita el barrio donde habitamos, el día previo recibimos una invitación personal por parte del gobierno.

Esa capacidad de personalizar la comunicación y supuestamente adelantarse e influir en nuestras decisiones es lo que el sentido común percibe como Big Data, algo capaz de condensar, estudiar y explotar todos los datos e información de nuestro yo virtual.

En ese marco se dice que la revolución del Big Data ofrece enormes oportunidades al sector turístico y que la capacidad de rastrear e interpretar nuestra huella digital será la llave para la supervivencia de las empresas y la clave de las ciudades inteligentes para atraer y administrar eficientemente nuevos y más viajeros.

Ahora bien, cómo se hace, cuánto cuesta, en qué se utiliza y qué reglamentos previenen que una inteligente gestión pública se convierta en inteligencia de la mala en manos del Estado son cuestiones en las que la bibliografía en nuestro país aún está en pañales.

Ésas y otras preguntas son las que abordaremos en esta nota a partir de un caso puntual, el ejemplo pionero en el continente del Ente de Turismo Ciudad de Buenos Aires, que está en plena etapa de desarrollo propio de una herramienta de Big Data aplicada a la actividad.

Pero este organismo está lejos de ser una isla en un Gobierno donde se experimentan proyectos de Big Data para crear plataformas que predigan las chances de ser exitoso con un emprendimiento según de qué sea el rubro y dónde se instale hasta la intención de la AGIP de contratar una herramienta que monitoree Twitter para identificar intenciones de fraude en los ciudadanos.

TURISMO, CASO TESTIGO.

El trabajo de inteligencia de datos del Ente de Turismo porteño incluye el rastreo de las huellas digitales que turistas y residentes dejan en la Web y las redes sociales, así como la aplicación de “técnicas de sentimientos” que permiten clasificar los comentarios que los usuarios dejan en las plataformas.

Pero en lo que más avanzado está es en el análisis de patrones de comportamiento de los turistas. Para ello, se aprobó recientemente la contratación directa a Telefónica Argentina del servicio de adquisición de datos de los patrones de movilidad de los residentes y visitantes nacionales y extranjeros. En criollo, esto significa –de acuerdo al contrato- el procesamiento de datos de la contabilización de usuarios de telefonía celular en 166 zonas de la Ciudad, distinguiéndolos por su origen, franja horaria, grupo etario y género.

La información comprada a Telefónica (único proveedor del servicio, por eso la contratación directa) abarca los datos de los sujetos que se conectaron a una red por celular durante 2015, 2016 y 2017 en el caso de los turistas nacionales y en los últimos dos años para los internacionales.

Este servicio le costará a la Ciudad $ 5.182.381,60.

PARA CONOCERTE MEJOR.

A partir de la información de los usuarios de celulares el Ente podría determinar por qué zonas se mueven los turistas y residentes, en qué horas y días y su perfil socio-demográfico. “Estos datos permitirán segmentar la oferta turística y, en consecuencia, ofrecer a cada viajero el producto o experiencia que mejor satisfaga sus necesidades, saber cómo llevar la actividad a otros barrios o las obras de infraestructura necesarias”, explicó el presidente del organismo, Gonzalo Robredo, quien amplió: “A través de la comprensión de estos comportamientos podremos coordinar acciones público-privadas y promocionar la Ciudad en el exterior conociendo de manera más profunda los intereses del público al que debemos atraer”. Según el funcionario, el desarrollo de herramientas estadísticas asociadas a la inteligencia de mercado es uno de los pilares elementales para optimizar la toma de decisiones en el ámbito público.

BIG DATA, NO BIG BROTHER.

Dicho esto, otro de los perfiles del tema es la preocupación por la transparencia y el respeto a la privacidad que plantea la utilización masiva de la información. Un riesgo que es inversamente proporcional a la liviandad con la que todos dejamos huellas digitales en la Red. “Todo el tiempo estamos divulgando una serie de datos íntimos, pero hay que distinguir entre datos personales y patrones de movimiento o conductas predictivas”, fue la primera salvedad que introdujo Sandra Arcos Valcárcel, especialista en Derecho Turístico y protección de datos personales.

Consultada al respecto, la abogada recordó que la normativa argentina establece que cuando alguien contrata a Telefónica, Garbarino o una agencia de viajes, uno entrega datos personales y sensibles: “A quienes se los damos están obligados a llevar un registro e informar al Estado cuáles son los datos que exige de sus clientes. Como ciudadanos, uno tiene el derecho a saber en qué base de datos aparece y pedir la supresión o corrección ante la empresa o el Registro Nacional”.

Respecto al otro canal utilizado para conocer la conducta de las personas –las huellas que se dejan cuando se hace una búsqueda en Internet o por lo que se publica en las redes sociales-, Arcos Valcárcel explicó que las personas tienen el derecho de que esos datos no se registren, pero fundamentalmente lo que existe –así lo consagra el reglamento de la Comunidad Económica Europea, por ejemplo- es que sólo se debe recoger la información indispensable y garantizar la anonimización de la misma. “El gran desafío es que los datos sean anónimos y debería haber una fiscalización por parte del Estado. De hecho, la hay, pero sabemos que a veces es una pata floja del sistema”, señaló la especialista.

Y POR CASA, ¿CÓMO ANDAMOS?

Consultado al respecto, el presidente del Ente de Turismo porteño fue tajante: “El tratamiento de la información que hacemos garantiza absolutamente la anonimidad de los datos y es imposible identificar de manera individual a los propietarios de los teléfonos”. Robredo añadió que además está asegurado el respeto de la normativa de protección de datos, “incluso, para asegurar la privacidad, la información llega predeterminadamente anónima, ya que se reemplaza el número de teléfono por un identificador único irreversible (es decir, no se puede obtener a la inversa)”.

Efectivamente, el contrato con Telefónica dispone que la recolección de datos de los celulares sea anónima  y con “indicadores robustos que permitan ser extrapolados al universo” de usuarios de telefonía móvil (ver gráfico con modelo de cómo recibirá la información el Ente).

Por eso, desde la Ciudad insisten en que el objetivo central del Big Data no es obtener la identidad del usuario, sino poder caracterizarlo.

Las habituales filtraciones de seguridad en reconocidas empresas, incluso tecnológicas, obligan a no desdeñar el desafío.

Fuente: Ladevi
06/12/2017

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