El empresario y expresidente de la Aaavyt hace un crudo diagnóstico de la situación de la actividad y reclama decisiones de fondo por parte de la actual gestión, que corrijan el rumbo heredado.

Después de haber leído la oportuna advertencia de La Agencia de Viajes en edición en torno a la problemática laboral del sector, no puedo menos que asociarla con las notas sobre el tema de las que fui autor en 2012. En dichas publicaciones precisamente destacaba el peligro que corrían los puestos de trabajo que genera el turismo.

En esos años escuchábamos, tanto de referentes del sector público como del privado, que el turismo producía el 8% del PBI y que ocupaba directa e indirectamente a un millón de argentinos. Para entonces la Secretaría de Turismo pasó a ser Ministerio, se sancionó prácticamente a libro cerrado y entre gallos y medianoche la ley 25.997, que creó el Inprotur, y otras medidas, criticadas en voz baja por muchos y aplaudidas con entusiasmo por otros.

EL TRIUNFALISMO.

Imperaba el triunfalismo y lo único que se declaraba como importante era promover el receptivo extranjero. Prueba de lo cual es que al flamante Instituto le están vedadas las acciones de promoción interna, como si el doméstico no existiera.

Específicamente sobre ese punto recuerdo que la única voz que se opuso fue la de la Aaavyt, mientras que los secretarios y ministros provinciales –fieles a su subordinación política– aprobaron sin mayor análisis el proyecto del Ejecutivo, a pesar de ser manifiestamente perjudicial a los intereses de sus territorios. Eran tiempos de la “obediencia de vido”.

Así se le dio la espalda al turismo interno, negando sus beneficios. Cuando acá y en todos los países desarrollados turísticamente es gracias a ese flujo intrafronteras que ha podido subsistir y desarrollarse el receptivo internacional, cuyos valiosos aportes –¡por supuesto!– nadie niega. También en aquellos años destacaba que Argentina castigaba a los visitantes del exterior, a través de una suerte de discriminación aberrante vía tarifas diferenciadas en diversos servicios. Esos desaciertos impactaron negativamente hasta en la propia imagen del país en el extranjero.

¿CAMBIAMOS?

La secuela de tales errores mantiene su vigencia, a través de un continuismo que no ha marchado a tono con la nueva etapa institucional.

El Cronista me solicitó una entrevista en 2015, en la cual destaqué las rebajas y eliminaciones de gravámenes a varios productos agropecuarios – que también beneficiaron a la industria-, mientras que nuestro sector seguía ignorado por la selectiva prodigalidad oficial. Continuábamos siendo damnificados por la ausencia de una política de Estado seria y eficiente, que el ministro de entonces maquillaba con estadísticas impresentables.

En tanto que el actual ministro, después de una reunión con el saliente, declaró enfáticamente que el turismo “seguirá siendo política de Estado”. Avalando de modo categórico la gestión anterior, mientras casi en simultáneo Enrique Meyer formulaba idéntica afirmación, sosteniendo que habría continuidad en el área.

La inflación, sumada a la enorme carga tributaria, se devoró los efectos de la devaluación. Hoy –como en la década ganada– Argentina es cara y la competitividad es una meta lejana.

En cuanto al interno, no se ha tomado ninguna medida pese al reclamo de todos los sectores. La esperanza nos iluminó cuando se anunció como resolución ya adoptada, la ley que permitiría aplicar los gastos en turismo dentro del país al pago de ganancias. Pero a poco de andar se vio que el Ministerio no apoyaba la medida promocional. ¡Otra frustración!

Sobre el tema del IVA, alguien le debe explicar a nuestras autoridades que los receptivos argentinos entregan sus tarifarios en diciembre o a más tardar en la Fitur de enero. Si se sigue demorando la ley de eximición no va a servir ni para la temporada 2017/2018.

Tampoco existe una política aerocomercial, pues ésta no puede agotarse en Aerolíneas Argentinas.

La actividad hotelera hace tiempo que viene alertando sobre la baja ocupación y reclamando medidas que permitan revertir la magra rentabilidad. Nadie se salva con un fin de semana largo.

En el sector de las agencias de viajes hay que tomar medidas urgentes a fin de lograr su supervivencia. La ley explica que somos intermediarios, entonces me pregunto por qué estamos gravados con el tributo a los créditos y débitos y padecemos la superposición impositiva, ya que el 1,20% es sobre lo que nos comisionan y también sobre los impuestos y tasas que no son comisionables. Hacemos de agentes recaudadores y en lugar de que nos retribuyan por ese servicio, nos obligan a pagar a nosotros.

La aerolínea de bandera que subsidiamos los argentinos nos compite descaradamente con promociones. Agreguemos la no percepción del fee –por citar otro tema– o la competencia de agencias online del exterior que no tributan, etc…

No intento ser dramático, pero sí realista. Por propia experiencia siento que se va asfixiando una actividad generadora de empleo y eje fundamental de la existencia del turismo.

Es como si aún no se hubiera tomado conciencia de la moderna significación de nuestra actividad y los múltiples beneficios que le puede brindar a la recuperación de un país, que ha sido vaciado por la incapacidad y la corrupción.

Fuente: Ladevi
24/09/2016

 

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