Los plazos prometidos por el ministro de Turismo de Brasil Henrique Eduardo Alves para concretar la baja de la alÍcuota del nuevo impuesto que se aplica desde el 1º de enero a las transferencias brasileñas al exterior con destino al pago de servicios se van venciendo día a día. El funcionario aseguró reiteradas veces la inminencia de la reducción de la tasa del 25% (en la práctica se va al 33%) al 6% (igual a la que hace tiempo se cobra a las compras con tarjeta de crédito). Pero el tiempo pasa sin novedades y hasta el propio ministro oculta con dificultad su ansiedad: “Sigo confiando en el compromiso asumido de reducir el absurdo impuesto del 25%. Turismo vencerá!”, expresó Alves en su cuenta de Twitter el 5 de febrero pasado. La autenticidad de la declaración fue confirmada desde el propio Ministerio de Turismo de Brasil, que en una nota de prensa volvió a recordar que “la expectativa en la industria es que la tasa se reduzca al 6%. Esta cantidad se acordó en diciembre durante una reunión entre Henrique Eduardo Alves, representantes de la actividad y el entonces ministro de Hacienda, Joaquim Levy”. El cambio de titular en Economía en Brasil hizo que el impuesto se incluyera sin modificaciones en el presupuesto de 2016, por lo cual desde entonces el equipo de Hacienda está trabajando para encontrar la forma técnica de cumplir con el acuerdo con el sector turístico y alcanzar la meta recaudatoria fijada.

La cuestión tiene dos aristas igual de preocupantes. Por un lado, los operadores emisivos de Brasil advierten que habrá un freno a la demanda, y la que se sostenga elegirá la contratación directa con tarjeta de los hoteles, aerolíneas y excursiones por vía web, lo cual está alcanzado por el 6% preexistente pero no por el 25% que si impacta a las agencias.

Por el otro, los países vecinos tiemblan de sólo pensar una opacidad aún mayor del rol del gigante sudamericano como abastecedor de turistas hacia la región. Desde el 1º de enero muchos de los pagos están frenados –la mayoría en realidad se adelantaron–a la espera de una prometida revisión del tributo, que mantiene en vilo a los operadores emisivos de Brasil y a los receptivos latinomericanos.

 

Fuente: Ladevi

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