Las compañías aéreas y las empresas de buses podrán cobrar las tarifas que quieran, sin respetar un piso, a partir de septiembre. Una decisión controvertida, aplaudida por unos y criticada por otros, que intenta mantener el paso de una actividad que empieza a acusar recibo de la crisis.

Primero trascendió que se eliminaría el piso tarifario del precio de los tickets aéreos. Como es sabido, los pasajes se encontraban regulados por una banda tarifaria con mínimos y máximos. A poco de llegar al poder, el gobierno de Macri eliminó el techo y no volvió a actualizar el piso. La sola devaluación de estos años fue licuando esta marca. Un Buenos Aires/Bariloche cuesta como mínimo $ 1.401. Cuando se fijó este precio, en 2014, y al cambio del momento ($ 8,48), esto equivalía a US$ 165,21. A un cambio de $ 29, como llegó a estar en las últimas semanas, el mismo tramo vale US$ 48,31. Según explicó en TV el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, la medida entrará a regir entre fines de agosto y principios de septiembre. “No alterará la temporada invernal, pero sí la próxima alta”, dijo el funcionario. Más allá de que el propio Dietrich negó que iba a suprimir el piso de la banda, enfática y expresamente, al menos cinco veces en los últimos tres años, la suposición general fue que las tarifas aéreas se desplomarían, que se lanzarían sonoras promociones temporales (pasajes a $ 200, como quería Flybondi) y que los pasajeros abandonarían los buses en masa para treparse a los aviones.

 

Sin embargo, a más de uno se le quemaron los papeles cuando en el mismo programa de TN, Dietrich confirmó que también se eliminará el piso tarifario de los buses de media y larga distancia. “Todos van a poder cobrar lo que quieran”, aseguró el ministro. Y allí el tema volvió a cambiar. Porque más allá de consideraciones tales como el dumping, el panorama de guerra tarifaria ya no se restringe a las líneas aéreas, sino que alcanzará también al transporte terrestre.

 

Las primeras reacciones.

Con un timing envidiable, a pocas horas de conocida la notica, fue Norwegian Air Argentina, en la voz de su CEO, Ole Christian Melhus, la que se manifestó a favor de la medida: “Es una excelente noticia para todos, que contribuirá de manera decisiva a impulsar el desarrollo del sector aerocomercial en la Argentina. Gracias a ello, muchos más argentinos comenzarán a viajar y el turismo interno se verá revitalizado”. Y agregó: “La experiencia en Europa indica que incluso las aerolíneas tradicionales se ven favorecidas y aumentan la venta de boletos por el ingreso de aerolíneas de bajas tarifas, puesto que ayudan a dinamizar el mercado. Estamos convencidos de que las autoridades han tomado una decisión que favorecerá el crecimiento del sector”.

En el otro extremo, los sindicatos rechazaron primero la medida y luego convocaron a un paro para el viernes 13 de julio. “El gobierno ha decidido dar por tierra con todos los compromisos asumidos en su oportunidad: la no eliminación de la Banda Tarifaria, no achicar a nuestra compañía aérea de bandera, obligar a las nuevas empresas a que realicen inversiones y que firmen convenios colectivos de trabajo, respetar la reciprocidad de los acuerdos bilaterales, no modificar la Normativa Aeronáutica e impedir la degradación de la seguridad operacional y no liberalizar los servicios”.

El comunicado lleva la firma de casi todos los gremios aeronáuticos: los mecánicos de la APTA, el personal aeronáutico de APA, el personal superior de la UPSA, los pilotos de la UALA y la APLA (Austral y Aerolíneas, respectivamente), los tripulantes de cabina de Latam Argentina de Atcpea; y los controladores aéreos de Atepsa. Solo quedaron fuera los tripulantes de cabina de Aerolíneas Argentinas y Austral, nucleados en la Asociación Argentina de Aeronavegantes (AAA).

 

Una mano de los amigos.

La medida, de indudable carácter liberal, aspira a que la mano invisible del mercado ayude al gobierno. ¿De qué manera? Con una movilización turística generalizada, gracias a las bajas tarifas, que sostenga los niveles de ventas de pasajes (al menos los aéreos) que ya se han comenzado a desplomar producto de la crisis. Claro, en esta suerte de todos contra todos, habrá “heridos” y empresas que terminen tirando la toalla (así en la tierra como en el cielo), pero el mercado deberá resolver esto solo.

Más allá de alguna promoción rimbombante y puntual, la pregunta del millón es cuánto más pueden caer las tarifas en un contexto recesivo e inflacionario como el actual. Esto explicaría la cautela de la Celadi (Cámara Empresaria de Micros de Larga Distancia): una fuente de la entidad comentó en el Cronista Comercial que “por más que quiten la tarifa mínima, si no logramos bajar los costos no podremos reducir los precios”.

Y un interrogante similar se plantea para los pasajes aéreos. De mayo a mayo, solamente el precio del combustible aeronáutico creció en la Argentina un 56%. Y la devaluación, por otro lado, incrementa los costos operativos porque la mayoría de ellos deben ser asumidos en dólares (desde el leasing de los aviones hasta el combustible, pasando por los seguros y los repuestos de las aeronaves). En realidad, lo peor para hoy es la incertidumbre porque no hay un nuevo precio del dólar al que adaptarse. Tras el pico que lo puso rozando los $ 30, bajó, pero creo que pocos se animan a afirmar que no se moverá nuevamente.

Fuente: Ladevi
10/07/2018

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