En un radio de siete cuadras de la capital provincial, un puñado de restós, fondas, tapeos, bruncheos y panaderías gourmet sorprende con cartas originales.

En los últimos años, muchas de las bodegas más importantes abrieron sus restaurantes insignia, como La casa del visitante, de Familia Zuccardi; La Vid, de Norton; y Ruca Malen, de la cava homónima, entre otros. Pero también se multiplicaron, en el centro de la capital, sin el paraguas de la bodega como herramienta de marketing, un puñado de restós, fondas, tapeos, bruncheos y panaderías gourmet que merecen ser contados, con precios accesibles en la mayoría de los casos y cartas muy originales, que le dan una nueva vuelta de tuerca a la cocina argentina tradicional. Este es un muestrario de propuestas relevadas por el centro de Mendoza, todas ellas ubicadas en un radio de siete cuadras.

 

La aclamada capital internacional del Malbec hoy es un destino elegido tanto por los amantes del vino como por los paladares Gourmet.

 

En una esquina pintarrajeada de tonos rojos, violetas y amarillos sobre Bartolomé Mitre al 800, funciona el único proyecto gastronómico de la ciudad con dos restaurantes en la misma casa: Zampa y Siete Cocinas. El primero es una suerte de «gastro bar» de comida argentina, con platos pequeños al estilo tapeo, sándwiches, finger food, vinos y coctelería bien definida. El menú está organizado para servirse «con las manos», «con tenedor», «con cuchara» y «con cuchillo», desde una milanesa de lengua o una empanada norteña de tres quesos hasta un cordero mendocino de Lavalle al horno de barro con tortilla santiagueña muy fina.

 

En cuanto a Siete Cocinas, el concepto es otro y el costo del cubierto también se duplica: en este caso el menú abarca siete regiones gastronómicas del país. Hay menciones especiales para los ravioles de ricota de cabra con cuaresmillas del NOA, la ensalada de quinoa, el zapallo de San Juan, el «chivo de Malargüe» y la milanesa de conejo. «Mi idea es contar una historia en torno a cada una de esas regiones», cuenta Del Río.

 

A pocas cuadras, sobre la calle Montevideo al 600, está ubicada Fuente y Fonda, una casa de comidas que encontró el encanto de servir fuentes grandes para compartir, bastante toscas, pero muy ricas, con espátula y todo. «Queremos volver a lo simple: compartir una mesa con amigos y salir con la panza llena», explican desde la barra, mientras pasa un mozo con una megafuente de pastel de papas y un tanque de canelones de choclo y ricota. «No usamos freezer, así que si se acaba algo le pedimos que no se enoje, porque esto es igual que en su casa», avisan.

 

En Sarmiento al 700, hay un pelotón de restaurantes con mesas en la vereda, entre los que destaca Azafrán, también con un despliegue de cocina tradicional argentina sofisticada. Su chef ejecutivo, Gabriel Stivala, define dos de los platos icónicos del lugar: la paleta de cordero cocinada durante doce horas al vacío («así se logra una textura crujiente por fuera y húmeda por dentro, como a la estaca», explica) y los langostinos con mermelada de cebolla, mazamorra (maíz blanco preparado con leche y azúcar) y espuma de queso parmesano.

 

Maria Antonieta: ubicado en la turística calle Belgrano, al 1069, comienza a recibir visitas desde muy temprano con su desayuno estilo brunch, sigue al mediodía con su extenso y variado menú y culmina a la noche. La cocina, que está a la vista, está liderada por la gran chef Vanina Chineno. La propuesta es de cocina argentina e italiana; se sirve humita, milanesa napolitana, albóndigas de cordero, pastas caseras, ensaladas y sándwiches. Nuestro elegido es el risotto verde con pesto y alcauciles de estación. Para el brunch, los turistas con abstinencia pueden abalanzarse sobre croissants, granola y panes caseros, dulces, tortas y budines.

María Antonieta desafía la siesta mendocina. «Cuando abrimos hace siete años todos los restaurantes cerraban a las 15 y volvían a abrir para la cena. Veías a los turistas boyando de tarde, recién aterrizados o llegados de una excursión, tratando de encontrar un lugar para sentarse a comer», se acuerda Vanina Chimeno, dueña de este restó (abre a las 10 y cierra a medianoche).

 

Orégano: el inigualable Francis Mallmann vuelve a elegir Mendoza como sede de una de sus nuevas creaciones. En esta oportunidad nos sorprende, con una pizzería muy cool, con horno de barro y parrilla, ubicada en el centro de Mendoza, enfrente de la históricas vías de la calle Belgrano.

 

Omoi: ubicado en el centro comercial Palmares, nos saca de lo habitual y nos sitúa en la fusión peruano japonesa. Detrás de la historia de dos países ricos en cultura gastronómica nos enfrentamos a un desafío de sabores. Nos dejamos deleitar con sus clásicos japoneses como el sushi pero encontramos variantes como el tiradito de Maracuyá, un éxito. También encontramos los aclamados platos peruanos. Combinadas a la perfección, la fusión de estas dos culturas nos invitan a un espectáculo de sabor.

 

El mercadito: un lugar con mucho tinte local. Ubicado en la calle Arístides Villanueva y con su última apertura en el pintoresco Chacras de Coria, nos invita a sentirnos como en casa gracias a su vajilla y decoración floreadas y los creativos murales pintados a mano. Encontramos acá una variedad para todos los gustos y edades. Tiene una gran propuesta de menú para el mediodía que se puede disfrutar tanto es sus patios internos rodeados de plantas o en su interior los días mas fríos. Primer lugar en materia de precio calidad. Los elegidos del menú loco por curry y el nuevo clásico mendocino, una chocotorta sin igual.

 

En el rubro panadería y bruncheos, van dos recomendados: Bröd, en Chile 894, y Unión Cafetería Comedor, justo al lado de Azafrán. El primero (su nombre significa pan, en sueco) es un emprendimiento que abrió hace tres años de la mano del chef Sebastián Flores. «Amasamos todos los días y trabajamos con materiales frescos y nobles. Nuestra cocina es sencilla y los platos tienen una rusticidad aparente que encierra una frescura muy hermosa», resume Gabriela, una de las empleadas de Bröd, que tiene un patio muy bonito al aire libre, en una casa con aires coloniales. Se sirven tremendos desayunos y meriendas (además del almuerzo), con picadas, sándwiches y pastelería. No abre a la noche.

En una sintonía similar se ubica Unión Cafetería Comedor, con un pulcro salón de tonos claros enfocado al turismo y a un segmento de negocios. Su menú incluye el pan de masa madre (los panes se amasan cada mañana), el Croque Madame, desayunos completos con huevos, ensaladas, sándwiches y pesca del día para el almuerzo. Además hay barra de tragos y mesas al aire libre. «Nuestro concepto es la frescura y la idea del “recién hecho” durante todo el tiempo que estamos abiertos», confirma Graciana Solari, chef pastelera del lugar.

 

Vale aclarar que cada comida puede ser maridada con la mejor selección de vinos mendocinos, a base de recomendaciones de los expertos de cada lugar.

 

Fuente: La Nación, por José Totah y Sauvage Mag, por Pilar Vila

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