Más de 5200 kilómetros de punta a punta abarca la carretera más extensa de la Argentina.

 

Una ruta que atraviesa o bordea las alturas de la cordillera, valles lunares, viñedos, olivares, bosques y lagos, como testigo inmóvil del paso del tiempo y de la gente que la convirtió en un auténtico mito.

La Ruta Nacional 40 es un destino en sí mismo. Una auténtica pasión de multitudes: recorrerla es el sueño de los amantes de las travesías y marca tendencia entre los viajeros argentinos y extranjeros. Más de 5200 kilómetros desde la Patagonia hasta el norte del país. Todo para ver.

En bicicleta, en auto o en 4×4 y hasta con paquetes turísticos, la Ruta Nacional 40 propone distintas formas de recorrerla pero lo más colosal es que fue, es y será un sueño irrenunciable para los viajeros empedernidos.

 

Un largo camino

En las tres regiones –Patagonia, Cuyo y Norte– unidas por la 40 son once las provincias las que abarca el recorrido, desde Santa Cruz a Chubut, Río Negro, Neuquén, Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy.

Es un viaje que se puede hacer de acuerdo a la época del año, otoño e invierno, primavera y verano, eligiendo el norte con el frío y el sur en verano, cuando los bosques y los lagos ofrecen paisajes inigualables.

 

Es desde su kilómetro cero –en Cabo Vírgenes, Santa Cruz– donde arranca esta travesía junto al mar para unirse a la cordillera de los Andes, que no abandonará jamás hasta la puna jujeña, en La Quiaca. Con su riqueza productiva, desde las ovejas y guanacos hasta los caminos del vino, olivos y teleros. Hay de todo. Incluso con el glamour de la nieve, porque los centros de esquí están en la línea de la 40. 

 

Son más de 28 Parques Nacionales y reservas las que se despliegan a un lado y al otro de esta gran ruta escénica. Basta pensar en los Patrimonios de la Humanidad, como el Parque Nacional Los Glaciares, la Cueva de Las Manos en suelo santacruceño y hasta el flamante Parque Nacional Patagonia, donde se preserva a una especie endémica, el macá tobiano. En la otra punta, Talampaya en La Rioja y el parque provincial Ischigualasto, más conocido como Valle de la Luna en San juan. 

Las historias de los tehuelches, mapuches, rankulches, huarpes, diaguitas,  coyas y atacamas llega hasta hoy junto con los pioneros, eslavos, ingleses, franceses, españoles italianos y demás. Quizá son los galeses en Chubut quienes imprimieron una mayor marca turística y en cualquier momento del año, si uno recorre la ruta más larga de la Argentina y recala en el oeste chubutense, serán mil sus historias en Esquel y Trevelin. Donde se combina por ejemplo el viñedo más austral en Viñas de Nant y Fall con la cultura galesa y tehuelche mapuche; mientras con unos se toma un té con todas las tortas posibles y scones con manteca salada, una receta de más de un siglo, con los otros se degusta el curanto (vegetales y carnes elaboradas en un pozo con brasas y cubiertos de hojas de nalca). Las especias de Sabor Mapuche de la comunidad Nahuel Pan son una marca gourmet y la cabalgata Pein Mawida (Encuentro en la Montaña) que hace Daniel Aillapan en Sierra Colorada se suma a la fiesta nacional de la Tortilla al Rescoldo. Son apenas detalles en una geografía que comprende casi la mitad del país. Meseta, bosques, lagos, glaciares, valles, ríos, volcanes, desiertos, salares, más valles y Puna.

 

Y una larga historia

Ya cumplió ochenta años. Nació como Camino Nacional en 1935, pero su traza que ha variado junto al tiempo y busca unir los sitios más escénicos, como el camino de los Siete Lagos, entre Villa La Angostura y San Martín de los Andes, en territorio neuquino. 

 

Su centro geográfico cuenta además con el kilómetro 2600 llegando a Chos Malal, la capital histórica. Click, foto: porque aquí, junto a la ruta, está el monolito que lo indica. Y un mástil con la Bandera Nacional.

Los cuyanos saben que en el sur de Mendoza la Patagonia está presente con sus arbustos achaparrados. Así le gusta decir a Ricardo Funes, un impulsor de los recorridos por la 40 y luego entre viñedos, donde la octava capital internacional del vino hace alarde de su producción estrella. Junto a San Juan atesoran esta ruta en el corazón de sus ciudades capitales. Y hacia el norte, los riojanos y sus montañas, valles e historias de caudillos y dinosaurios envuelven al visitante en un territorio que aún falta descubrir a pesar de que el 20 de mayo cumple 429 años La Rioja y se combina con la Fiesta de la Olivicultura, unos días después.

Hay de todo para ver y cada vez que uno recorre un mismo tramo descubre novedades. Catamarca anuncia otra historia junto a la Ruta 40, y es que desde Londres se llega caminando hasta el sitio arqueológico El Shinkal. Y es a partir de aquí, con los pueblos que se salpican a un lado y a otro, que se revela otra de las historias de este corredor, el del Qapaq Ñan (Camino Principal) del Inka que cuenta con trece tramos declarados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (muchos coincidentes con la traza rutera en el norte argentino. Desde el Valle del Yokavil en Santa María hasta los Valles Calchaquíes que unen Tucumán con Salta, las historias ancestrales, costumbres y cultura distinguen a la región con otra dimensión. Será por eso que cada 21 de junio, junto al solsticio de invierno, el alma llega al cielo si uno busca reencontrarse con lo esencial de la vida humana. El sol y la tierra reinan en agosto, con la Pachamama y con todo lo que ella brinda si uno sigue el recorrido entre viñedos de fama mundial y bodegas artesanales como las que integran la red de Turismo Campesino, con base comunitaria en suelo salteño. Las historias son infinitas junto a esta ruta que es como un libro de historia. Se puede hacer un recorrido de alta gama, teniendo en cuenta la hotelería premium que se ha desarrollado hasta hoy. Pero son quizá los encuentros lo que uno se llevará para siempre en su corazón.

 

Fuente: Página 12, Por Sonia Renison

 

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