Trekking a la Cascada de El Salto

Trekking a la Cascada de El Salto

Este es sin ningún lugar a dudas, un bello sendero que con los años se ha vuelto tradicional en Mendoza.

Un sendero tradicional que requiere cierto estado físico, por cuanto la pendiente es constante en los casi 7 km de ida. La totalidad del sendero, está bien marcado.

Hay que tener en cuenta que arriba de los 2.000 msnm, se puede experimentar el MAM (Mal Agudo de Montaña), “puna” o “soroche” como vulgarmente se lo llama.

La llegada al Salto, con sus callecitas bordeadas de cerros, salpicadas de casas con diminutos bosques, nos guía por un relato fantástico, que narra el paisaje y construye el silencio. Un rincón donde las manos delicadas de la naturaleza, acarician con discretos soplos de brisa.

Tras llegar al Puesto El Salto, hay que estacionar dentro del predio y abonar una pequeña suma por el ingreso …y comenzamos así el mágico recorrido.

La marcha se inicia con una pendiente suave y un sendero muy marcado, debido a la gran cantidad de visitas, que recibe a lo largo del año.

Aún así, es difícil encontrar papelitos de caramelos, envases o cualquier tipo de desechos en todo el recorrido.

Tras andar unos 600 m, cruzamos el arroyo El Salto, a la altura de la Quebrada de los Manantiales.

Un pasillo estrecho se abre paso entre la maraña que tejió la rosa mosqueta, por él, transitaremos algo más de la mitad del recorrido.

Cuando pienso en el nombre de la Quebrada de la Manga, la primera imagen con la que la asocio, es la manga o brete que se usa para vacunar o marcar al ganado; en esta, al igual que en aquella, cuando se recorre en grupo, no ofrece mucha facilidad para maniobrar dentro de ella.

La Quebrada de la Manga corre entre el C° Manantiales (2.499 m) y Chacay Sur (2.580 m), al sur y el C° San Santiago (2.286 m) y Castaño (2.880 m), al norte.

Posee la singular belleza, que los rincones andinos le ofrecen al explorador, que se aventura en su anatomía geográfica, con el espíritu ávido de respeto y asombro.

Cruzamos dos vegas, que nos brindan la posibilidad de hacer un alto para hidratarnos, admirar el entorno y sacar alguna que otra foto, de nuestro recorrido.

Aunque la mejor de las imágenes, la llevaremos en ese maravilloso lugar, que el corazón le asigna a los recuerdos.

Saliendo del sendero serpenteado de color naranja (rosales), que se observa allá abajo, comienza una subida algo más exigida.

Aquí, los latidos del corazón y la respiración que se venían acelerando por efecto de la altura, se detuvieron un instante, con la llegada sorpresiva de un morador del paraje, que en pocos segundos se robó el asombro de todos.

El cóndor, rey y señor, viajaba flotado en el cielo azul, con una presencia majestuosa.

Las alturas le brindaban un sendero plácido, para que desplegara su excelencia ancestral, como supo hacerlo en el Collasuyo Inca. Ellos le asignaban al cóndor o Apu Kuntur, la divina misión de ser el Mensajero de los Dioses, portador de las plegarias hacia los niveles superiores del mundo místico; el Hanan Pacha. Sobre sus alas descansaba la responsabilidad de elevar el Sol, al cenit del imperio todos los días.

La subida se pone algo más exigida, indicando que estamos llegando al final del recorrido. Sobre las laderas de los cerros, aún quedan memorias de la nieve que bendijo con su silencio blanco, la Quebrada de La Manga.

¡Y ahí, a la vuelta del sendero, el asombro total!.

El clamor del agua acaricia las piedras con manos de cristal, tajeando el epitelio sensible de la roca para abrirse paso. En su destino de vida, transporta rumores a la serenidad del valle que, con la mansedumbre propia de los pueblos andinos, se expande a sus pies. Deleitarse con las confidencias y los relatos del agua, que resucita memorias del largo viaje, que se inició en el cielo…

Refrescarse y beber de ese manantial que fluye generosamente, es algo inmensamente gratificante.

Un sendero que exige pero devuelve a manos llenas.

Cóndores, agua y rosas en el camino; más que una travesía, es un poema geográfico.

 

Equipo necesario: Mochila pequeña, equipo de hidratación (hay agua en casi todo el trayecto), comida de marcha (sanguches o frutas), bastones, zapatillas o botas de senderismo, ropa cómoda preferentemente sintética, guantes, cortaviento, gorro, protector solar, lentes ahumados con filtro UV y máquina fotográfica (obligado).

 

Ubicación: El Salto – Potrerillos – Luján de Cuyo (a 76 km de la ciudad de Mendoza).

Cascada Del Salto: 32°55’20.14″S  69°20’54.97″O

Máxima altura: 2.825 msnm.

Dificultad: Media.

Distancia ida y vuelta: 13,4 km.

 

Fuente: Huellas Cuyanas

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