Este sendero es ideal para iniciarse, ya que combina naturaleza y no requiere un gran estado físico, ni equipamiento costoso; solamente estar habituado a caminar.

Para quien nunca hizo senderismo, la primer salida es todo un desafío.

Muchos de los senderos del Challao, tienen como punto de partida la Puerta de la Quebrada, un parador que funciona como restó y por una tarifa accesible, ofrece un lugar seguro para estacionar. Quien desea evitarse el gasto de estacionamiento, puede dejar su vehículo fuera del predio.

No se abona ingreso para practicar deportes en los circuitos del Cerro Arco, ni por caminar en/o junto a cauces de agua.

 

Iniciando el sendero

Partimos de la playa de estacionamiento con rumbo norte, hasta llegar al lecho del río Casa de Piedra, que cruza el camino de izquierda a derecha (oeste – este).

La senda comienza a insinuar el misterio de una pequeña historia, mientras desnuda indiferente el encanto del paisaje

Apenas traspuesto el alambrado, las veras del río Casa de Piedra exhiben las primeras plantas aromáticas, con un esplendor inusitado. Cactus, jarillas, ajenjo gris, tomillo, carqueja y muchas otras plántulas, componen el milagro creciente del pedemonte.

 

El aire ajeno a la contaminación urbana, se enriquece de humildes fragancias y se va cargando con la energía poderosa que brota de la quebrada. 

 

Las primeras señales de que estamos en el camino correcto se hacen visibles, por ejemplo, un punto con un arco pintado discretamente en la piedra.

Comentan (no encontré nada documentado), que durante la década del 70´, una exploración realizada por YPF detectó un vacuoide o cavidad subterránea natural, a 30 Km bajo la superficie.

En los 90´, la escritora Verónica Lizana escribió el libro Isidris, tras experimentar un contacto telepático con seres intraterrenos, mientras meditaba en la piedra.

Sus relatos nos llevan a una Ciudad Dorada con fuentes de agua, luz y seres o entidades superiores…

A partir de ese momento, gente de todo el mundo ha venido a visitarla y opinado al respecto, dando nacimiento al mito.

“Fue a principios de los ’90 cuando se comenzó a hablar acerca de un lugar en la montaña, en el que si una persona se acostaba sobre una gran piedra plana que había allí, una puerta especial se abría hacia otra dimensión. Desde seres iluminados y sin rostros, figuras de monjes o una mujer de grandes y apabullantes ojos que transmitía mensajes a los extraterrestres, hasta la conexión con ovnis, y una ciudad paralela, eran los múltiples relatos que se fueron pasando de boca en boca. Desde entonces hasta hoy, son miles las personas que por diversos motivos han pasado por la ya conocida piedra de Isidris, detrás del Cerro Arco”. (Diario Los Andes, 30 de septiembre de 2005).

La paleta encantada de la naturaleza estalla en pétalos multicolores, que componen con delicadas texturas, un abanico de esplendor.

Es primavera y las rosas mosquetas coquetean con los cerros de la quebrada, pincelando la monotonía arisca del desierto con suaves fragancias.

Continuamos el camino con una grata sorpresa, ahí a la vuelta, una exposición de arte en el lecho seco del río.

Como en una galería de arte, se expone la escultura que dejó algún senderista, como recuerdo de su paso por el lugar y compuso con tan sólo tres elementos y una gran dosis de inspiración: “El indio”, está formado por un coirón y una piedra sobre una gran roca que se desmoronó del cerro.

Mientras caminaba intentaba imaginar una ciudad intraterrena, localizada a 30 Km bajo el suelo. Según pude informarme, la temperatura crece en razón de 30°C por km de profundidad, por lo que se puede deducir, que tendría una atmósfera de aproximadamente 900°C.

Además me resulta igual de curioso, que allá abajo se llame igual que acá arriba, porque la zona está en los alrededores del río, estancia y paraje San Isidro…

Continuamos el sendero y veo con cierta tristeza, como de a poco comienzan a aparecer alambrados en el recorrido.

El hombre ambiciona establecer límites y la naturaleza, con un mensaje poderoso busca la emancipación.

Un muro de pircas asoma tímidamente entre las jarillas. El tizne de un asadito y un rayito de luz, son los únicos confidentes del momento.

Unos pasos más allá, al este, se abre un sendero angosto que conduce al Portezuelo del Cerro Santo Tomás de Aquino, punto de partida para ir al Gateado y Viscacha.

Hoy concurrido por muchos deportistas que practican trail running, deporte que consiste en correr por senderos de montaña.

En las rocas que bordean el camino, viejas inscripciones que comienzan a borrarse con los años, intentan arrebatarles a nuestros sentidos, el contacto con la realidad.

Se las llama runas, escrituras de origen germánico antiguo, que poseen un carácter místico y que vaya a saber por qué, están tan lejos de su casa.

A partir de allí, se va abriendo la Quebrada del Durazno, señal de que llegamos al final del recorrido, a la Piedra de Isidris.

Aquí, alrededor de la Piedra de Isidris, la inclinación de las capas de roca, en las bases de los cerros, muestra con bastante claridad la transformación geológica que afectó al suelo, donde inimaginables fuerzas debieron converger, para que se elevara, por ejemplo, la cima del Aconcagua a 6.962 msnm.

No se olviden una de las bases del senderismo: transitar los sendas de la naturaleza, sin que nuestro paso deje marca alguna, para que otro visitante, lo descubra igual o mejor de lo que estaba cuando pasamos.

¡Es un bello sendero para transitarlo cualquier día del año!

 

Dificultad: Fácil.

Distancia ida y vuelta: 7,9 Km

Punto de partida: Puerta de la Quebrada (El Challao).

Equipo necesario: Mochila pequeña o morral, agua (1,5 L aprox), comida de marcha (sanguches o frutas), ropa cómoda preferentemente sintética, lentes con protección UV, zapatillas y máquina de fotos.

 

Fuente: Huellas Cuyanas