Una escapada a esta región de Mendoza, en pleno Valle de Uco, con opciones para disfrutar del verano más allá de la ruta del vino.

 

–¿Dónde viajás?

–A Mendoza.

–¿Tenés familiares allá?

–No, voy a descansar unos días.

–Ah, ¿vas a visitar bodegas?

–No, quiero conocer Mendoza en verano.

 

Aquella conversación de aeropuerto entre dos desconocidos me hizo pensar en esos destinos que tienen ganada la fama por ser referentes de algo.

Mendoza es referente de viñedos y bodegas. Sin embargo, la tierra del buen vino atesora otros paisajes que ofrecen también la posibilidad de vivir experiencias diferentes a las tradicionales escapadas enoturísticas. 

Para comprobarlo, decidí viajar hace poco hasta la provincia cuyana y trasladarme hacia Tupungato, a poco menos de 100 kilómetros de la capital provincial, cabecera de uno de los tres departamentos que comprende la región del Valle de Uco. Yo también armé el plan para conocer Mendoza en verano.

 

Abrazando el valle

Al llegar me esperaban Laura Luconi y Alejandro Righi, un matrimonio de Tupungato que me acompañó durante toda mi estadía. Llegué temprano, había que desayunar. Fuimos a buscar un antojo presente en desayunos y meriendas locales, las tradicionales tortitas mendocinas, versión de las chipacas cordobesas, Las compramos en el puesto de Gladys, una simpática tupungatina que desde muy temprano vende estas especialidades en la puerta de su casa a la vera de la ruta. “Gladys hace las mejores tortitas de Tupungato”, afirman. Unos buenos mates fueron la excusa ideal para comprobarlo.

La salida del primer día fue hacia Los Cerrillos para realizar una caminata hasta el Cristo Rey, un circuito de senderismo de seis kilómetros acompañado por guías municipales quienes nos familiarizan con la geografía, la flora y fauna autóctona, mientras realizamos distintas paradas para observar los picos más importantes de este tramo de la cordillera, como cerro El Plata con su cima de nieve eterna. La imagen de un Cristo blanco se agranda a medida que avanzamos por un sendero que envuelve con el perfume de jarilla que crece por todos lados; una escultura de 28 metros de altura instalada a 1.428 metros sobre el nivel del mar, lo que hace que parezca mucho más alta y pueda verse desde distintos sitios. Toda ciudad tiene su Cristo, y Tupungato tiene el suyo desde el año 2005; se trata del Cristo Rey, una obra del artista sanrafaelino Lahiv Serú, quien hizo esta figura con los brazos abiertos en cruz mirando hacia el sur, como abrazando todo el valle.

Una de las caminatas que se puede hacer en Tupungato es hasta el Cristo Rey, un recorrido de 6 km por un sendero rodeado de vegetación autóctona, y con vista a los cerros más importantes de este tramo de la cordillera.

Ese día el almuerzo fue en Cava El Peral, un espacio para el disfrute. Un restaurante íntimo instalado en el patio interior de una antigua casona de campo de casi cien años, que hace que la comida tenga un toque familiar y al igual que los vinos que acompañan; allí funciona una bodega de la época, una de las primeras de Tupungato, que fue reactivada para elaborar vinos con uvas de viñedos que se encuentran a no más de 800 metros de distancia, al estilo de un chateau francés.

Para la cena me esperaba otro momento gourmet en Passionate Wine, un predio a cielo abierto ideado por el enólogo top Matías Michelini, pegado a una de sus bodegas, conformado por un parador de vinos con más de 150 etiquetas, y un food track que ofrece platos elaborados bajo el concepto de comida latinoamericana.

 

Paisajes fuera de serie

En la mañana siguiente algunas nubes amenazaban no dejar ver un sol radiante, buen pronóstico para un full day al aire libre. “Las nubes pueden traer una tormenta pasajera, y bienvenida será, pues estamos atravesando una importante crisis hídrica en lo que va del año”, dice Laura. Aquí sólo llueven entre 280 y 300 milímetros anuales, y el agua es un bien muy preciado.

“Tenemos sitios de belleza increíble que los turistas cuando vienen en plan de visitar bodegas, únicamente, no llegan a conocer otros paisajes del Valle de Uco, y disfrutar todo un día en plenas montañas”, cuentan.

Esta vez vamos a Gualtallary, la tierra buscada por las bodegas más importantes dentro del valle, que se encuentra a más de mil metros de altura, donde las montañas ofrecen un escenario agreste ideal para disfrutar una jornada al aire libre. 

En Gualtallary, además de viñedos, se pueden ver magníficos paisajes. Las montañas ofrecen disfrutar un escenario diferente de Mendoza.

“En temporada alta hacemos este trayecto dos veces por semana, y siempre que vengo el paisaje me sorprende. Las montañas son como el mar, cada vez que las visitás descubrís nuevos colores, nuevas formas, despiertan nuevas sensaciones”, expresa Laura antes de descender de la camioneta para abrir una tranquera.

Ingresamos a Estancia Facundo y se puede ver cómo la geografía ha cambiado totalmente desde que salimos. «Es un lugar diferente y atrapante a sólo 23 kilómetros de la ciudad”, destaca Alejandro. En esta propiedad de 4.700 hectáreas guardan sus caballos con los cuales se realizan los paseos por las montañas. Pero la comida también está presente en esta aventura y tiene protagonismo. Antes de ensillar los animales, se arma una cocina de campo, con fogón, mesada, mesas y sillas para los comensales. Salen las primeras sopaipillas (tortas fritas en otras regiones) amasadas en esa cocina improvisada, y van directo del fuego a la mesa para un desayuno muy deseado a esta hora, donde no faltan fiambres, mermeladas caseras, frutas, variedad de panes, té, mate y café.

Después del desayuno subimos a los caballos que nos esperaban bajo la sombra de unos sauces, y hacemos un recorrido por las montañas. La vista del valle desde lo alto nos da otra dimensión del territorio. “El color amarillento del pastizal es por la lluvia que no llega. En esta época todo es una alfombra verde y de diferentes colores”, cuentan. La sequía pinta un paisaje otoñal prematuro. También aprovechamos, antes del regreso al campamento, ingresar a unas minas abandonadas. Estamos pisando un territorio que el año pasado se vio amenazado por la nueva ley de minería aprobada, la que quedó sin aplicación gracias a la protesta de los habitantes de Tupungato.

El humito y olorcito del asado lo sentimos a la distancia; el almuerzo está casi listo. Algunas gotas de tormenta pasajera caen dispersas y una brisa fresca nos acaricia el rostro. Aunque no parezca es verano, estamos en Mendoza, rodeados de otros paisajes.

 

Otros sitios de interés para visitar

Camino de La Carrera: es el tramo norte de la Ruta Provincial 89, un trayecto de 42 kilómetros que conecta Tupungato con el embalse Potrerillos. Las vistas del Cordón del Plata son imponentes.

Manzano Histórico: al pie del Cordón del Portillo, fue escenario de una de las históricas rutas del Ejército de los Andes. Es el punto de partida de las cabalgatas sanmartinianas. Allí está el Monumento Retorno a la Patria, que rememora el reposo del guerrero en su regreso a suelo argentino.

Camino de Altamira, también conocido como Manos de Jaurúa o Vieja Ruta 40: circuito de turismo rural, un verdadero viaje al pasado, a la tradición, al contacto con sus paisanos, a la vida de pueblo con calles típicas, bares y cines antiguos, casas de campo con gruesas paredes de adobe ideales para recorrer sus arbolados senderos en bicicleta, sulky o caminatas.

 

Fuente: Voy de viaje, por Christian Quinteros

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