Más de 200 bodegas integran el circuito de enoturismo. Mendoza es el gran anfitrión. Allí, Vicentín Sottano invita a descubrir los secretos de una de las bodegas más reconocidas del país.

 

La vitivinicultura argentina inició en la década del 90 un camino ascendente que parece no encontrar su techo. En aquellos años las bodegas instaladas en el país iniciaron su modernización. Pero fue en los últimos diez años cuando la Argentina experimentó su gran crecimiento cuantitativo y cualitativo que ha resultado en el desarrollo de una industria con gran dinamismo.

El éxito alcanzó escala mundial: los vinos argentinos comenzaron a competir con los grandes jugadores internacionales. Y este avance no fue sólo productivo, técnico y comercial, sino que se expandió hacia el turismo, con la apertura de las bodegas al público. Se dio una explosión del fenómeno de degustaciones “in situ” y recorridos por las viñas.

 

Y así nacieron los llamados Caminos del Vino. Mendoza tomó la iniciativa. La misión era difícil ya que dentro de la provincia había muchas subregiones que debían unificar criterios. Se comenzó a trabajar en circuitos, señalización y posteriormente se llegó a la conclusión de que también había que desarrollar una estandardización en el nivel de oferta y servicio. 

 

Hoy los Caminos del Vino en la Argentina abarcan más de 200 mil hectáreas y 26 mil viñedos extendidos de norte a sur. Sin dudas la provincia que mejor expresa el concepto es Mendoza. Allí, grandes y pequeñas empresas ofrecen visitas guiadas donde se aprende de elaboración y cosecha. Una de ellas es bodega Vicentín Sottano, enclavada en el corazón de Perdriel, Luján de Cuyo.

 

La bodega Sottano abre sus puertas de lunes a viernes (sábados con reserva para grupos), con una propuesta distinta y ágil para las personas que quieran visitarla. Para aquellos que opten por el almuerzo, la opción es un delicioso asado a la llama. 

 

“La idea es que el visitante se sienta cómodo en un ambiente informal donde pueda degustar tranquilo y sin apuro. Respecto el almuerzo no hay maridaje porque el cliente tiene a disposición 16 vinos, así que los puede ir probando cada uno y eligiendo a su gusto”, explica Vanessa Provinzano, responsable de Turismo de la bodega. Vicentín ofrece tres tipos de experiencias: tour más degustación de 5 copas de vino (tintos, blancos y uno de alta gama); tour más degustación de 5 vinos de alta gama y una experiencia full, que incluye almuerzo.

 

“Los horarios varían según el día, pero por lo general hay salidas a las 9:30, 11:30 y 15:30; mientras que las que incluyen almuerzo son a las 13:30. Cabe destacar que si sólo se desea solo comprar vinos no hay horarios específico, pero sugerimos llamar y verificar disponibilidad horaria para una mejor atención”, indica Provinzano, quien explica en detalle la propuesta.

 

El concepto es invitar a la gente a que conozca los vinos en sus distintas etapas: comienza con una prueba de tanque de los vinos que no están en barrica, y luego se pasa a la sala de barricas para degustarlos ya con parte de su añejamiento. Cabe destacar que en esta instancia ya se sirven unas ricas empanadas caseras”, cuenta. 

 

La visita continúa con la degustación de distintos vinos de alta gama y finalmente llega el gran asado: mollejas y chorizos de entrada, el ojo de bife y el costillar a la llama, pimientos con huevo y ensaladas de la huerta de la bodega. Todo esto, por supuesto, acompañado con los vinos de Vicentin Family Wines y Bodega Sottano que los invitados se pueden servirse directo de las máquinas expendedoras las veces que quieran.

La jornada termina con una copa de espumante mirando la Cordillera de Los Andes en los jardines de la bodega.

 

Fuente: Ambito.com

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