Mendoza no tiene en realidad bien claro cuánto será el costo de que va a pagar por tener 3 meses su aeropuerto cerrado.

Este cierre (que no cuestionamos en su aspecto técnico dado que es una necesidad) tendrá fuerte incidencia en el comercio, la industria, los servicios en general y el turismo particularmente. Estas actividades productivas, de fuerte valor agregado para la economía de la provincia, sufrirán de manera profunda esta decisión, a la que nadie puede oponerse, debido a que las autoridades pertinentes informan que la pista de aterrizaje pone en peligro la seguridad de los vuelos. Contra esto, es obvio que no hay argumento de oposición.

Pero también es muy cierto que las autoridades, en general, no pueden dimensionar en qué punto el mundo está interconectado y de qué manera el cierre del aeropuerto mendocino afectará nuestra economía ya que no existen estudios que permitan conocerlo y que evalúen el tamaño del daño que se va a provocar.

Una pista alternativa hubiera sido la solución al conflicto. Por supuesto que todos los grandes aeropuertos poseen una. Pero también existen aerostaciones de ciudades más pequeñas que Mendoza que poseen esta herramienta que es utilizada en casos especiales. Sobre todo evaluando que nuestra provincia está emplazada en un terreno sísmico y que de producirse un evento de grandes dimensiones, la existencia de una pista alternativa asumiría un rol ya no necesario, sino indispensable para desarrollar cualquier tipo de tarea de salvataje o asistencia.

Los medios locales se han hecho eco de las voces que intentaron demostrar, parcialmente y desde diversos sectores, de qué forma impacta este parate forzoso que vamos a sufrir los mendocinos.

Nuestra provincia, con sus dos millones de habitantes parece chica desde Buenos Aires y los funcionarios no pudieron prever alguna solución más acorde a nuestras necesidades. La gestión anterior conocía de la situación y no fue capaz, ni siquiera, de informar adecuadamente sobre lo que venía.

Fue mucho el trabajo que privados y el estado provincial realizaron para que nuestra provincia se convierta en uno de los destinos más elegidos a nivel nacional y que se visibilice a nivel internacional.

Cada visita que recibimos tiene un costo muy alto invertido en promoción, difusión y fondos arriesgados, por parte de los privados, para mejorar la infraestructura hotelera y de servicios. Por lo tanto, la pérdida de un visitante, que nunca conoceremos en volumen, cuál será en estas circunstancias, significa la pérdida del terreno ganado con tanto esfuerzo.

Una importante cantidad de congresos, eventos , jornadas de trabajo y culturales o sociales se han visto suspendidas o postergadas debido al trastorno y la pérdida de tiempo que significa invertir más de cinco horas en trasladarnos al aeropuerto de alternativa, sumando a esto la duración del vuelo .

¿Cuántas personas que formal o informalmente viven en torno de la existencia del aeropuerto van a ver disminuidos sus ingresos, en épocas tan difíciles para la economía en general? ¿Cuántos hogares van a sufrir la falta de trabajo y la imposibilidad de solventar sus gastos por decisiones mal tomadas?

Si nosotros, como mendocinos, no nos respetamos, no valoramos y evaluamos correctamente lo que somos o en lo que nos hemos convertido gracias al esfuerzo diario de todos para construir una provincia que crece, que mejora y está a la altura de, por ejemplo, grandes capitales del vino en el mundo, no lograremos que los demás nos reconozcan.

Tenemos que creer en nosotros, en serio y comenzar a trabajar en miras de un futuro en el que toda la sociedad no tenga que pagar costos por negligencia, sino por el contrario prever los riesgos y afrontarlos de manera de mantener nuestro estilo de vida y mejorar las condiciones para todos: mendocinos y ciudadanos del mundo.

Fuente: UCIM
15/09/2016