El bosque está en Valle del Sol, Potrerillos, y pocos mendocinos lo conocen. Un inmigrante alemán y su esposa empezaron a cultivarlo en 1958.

Atracción total. Los senderos están llenos de pinos. Los turistas, abrigados, contemplan la belleza del bosque rodeado de cerros. Un “Willkommen” escrito en un rústico cartel de madera recibe a los visitantes. Éste es el inicio de una excursión que durará 40 minutos y que maravillará a más de uno del contingente de turistas que visita el denominado Vivero y Granja Pinar del Cerro, que se ubica a casi 67 kilómetros de la ciudad de Mendoza en la zona del Valle del Sol en Potrerillos. Es el único vivero en plena montaña, a 2.000 metros de altura, que existe en Mendoza.

La historia del predio comenzó a escribirse en 1958, cuando el matrimonio conformado por Dora Trentini y el alemán Heinz Loos compraron ocho mil metros cuadrados en este zona de Potrerillos, que les serviría para pasar los calurosos veranos mendocinos o entretenidos fines de semana. Diez años después, los Loos construyeron la primera casa del Valle del Sol, que se asemeja mucho a la cabaña donde vivía una pequeña niña y su abuelo, heroína de la novela escrita por la suiza Johanna Spyri y ambientada en los Alpes helvéticos. Exacto, al ingresar al predio los visitantes se acuerdan de Heidi, porque el lugar es de fantasía.

Cuando los dueños del lugar llegaron acá tenían sólo ocho mil metros y con el tiempo se fueron transformando en tres hectáreas y empezaron a viajar a diferentes puntos del país y del mundo, comprando semillas de flores, árboles y plantándolas en este sitio.

Siempre comentaban que el peor enemigo que tuvieron por muchos años fue el viento Zonda, que mataba todo a su paso, así que tenían que volver a empezar nuevamente.

Los árboles del bosque son en su mayoría pinos, pero de diferentes especies, muchos se trajeron de la zona de Esquel. El visitante puede apreciar ponderosas, murayanas, oregón, y pasar por todas las gamas de verde hasta ver algunos azulados. Hay píceas que tienen origen suizo, alemán y canadiense. El parque también posee abetos germánicos y norteamericanos; abedules siberianos; robles, cedros, araucarias, pinos rastreros y castaños de la india. La estrella es una secoya, que es el árbol más grande del mundo.

Los 40 minutos que dura la visita guiada entre senderos y subidas rodeados de pinos, abetos y abedules se pasan muy rápido. Uno de los mejores momentos del periplo es cuando los visitantes se detienen en una pequeña cascada, donde todos hacen silencio para escuchar el ruido del agua. En el lugar también se puede observar un reloj de sol. Pero algo que llama tremendamente la atención es que cuando se está en medio del bosque, la temperatura baja varios grados.

“Es una experiencia preciosa, nunca me imaginé que en un lugar desértico se pudieran dar este tipo de árboles”, comentó una turista. “Me encantó la forestación, parece que fuera el escenario de un cuento infantil”, apuntó otro visitante.

La opinión de estas turistas coincide con la de los otros visitantes que eligen este paseo, uno de los preferidos por los miles de turistas nacionales y extranjeros que este verano eligieron las localidades de Potrerillos para descansar.

Entre los bulbos que se ven a lo largo del recorrido se destacan los Delphinium, Tulipanes, Narcisos muscaris; Rhododendros y Clematis, que son plantas trepadoras. También hay una amplia colección de fucsias.

El lugar tuvo su ampliación para mejorar el servicio. La dueña sumó cabañas, un snack bar, juegos para niños y la granja, donde los más pequeños pueden observar pollos, patos, gansos, catas y ponys.

Te invitamos a realizar con nosotros un paseo por la montaña recorriendo Potrerillos y sus villas montañesas aledañas, hay casas de te y fábricas de cerveza artesanal, te prendés?

Fuente: Diario Los Andes