Un día de otoño en Mendoza

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Una vuelta por La Carrera, desde Potrerillos hasta Tupungato. Postal con color local y proyección internacional.

La propuesta es sencilla. No por eso menos tentadora. Se trata de armar la canasta con cosas ricas y andar por el famoso paseo de La Carrera que une Potrerillos con Tupungato. Probablemente ya haya encarado este periplo en alguna otra ocasión, pero seguro que los paisajes mendocinos lo volverán a sorprender. Sí, esos mismos que, a pesar de haber sido vistos cientos de veces, siempre cautivan.

El punto de partida lo elige cada uno. Si se sale desde la villa cordillerana, la postal de inicio la da el dique Potrerillos, muy azul por estos días y reluciendo con los rayos del sol del otoño.

Luego el camino sinuoso entre las montañas, con gente que acampa a un lado y otro de la ruta. Olor a empanadas hechas en el horno de barro, humo de los que asan algo en las zonas permitidas para esos fines y el clima distendido del domingo. Aprovechar para apropiarse del entorno es la premisa de todos por allí.

Luego, Las Vegas, con su fisonomía tan característica y el comienzo del ascenso por la ruta 89. Sólo una señal que promete el próximo destino: Tupungato. Paradójicamente en esta salida lo importante es el camino.

De subida

Comienza el ascenso por unos caracoles empinados. Un rato nada más de andar y ya se ven las villas cordilleranas allá abajo: una toma nueva para muchos, bella para todos.

La senda de tierra de a poco se abre paso por el valle. Los cerros tienen sus cúspides nevadas. A la premonición del invierno se le superpone el recuerdo del verano y los ojos se confunden con las percepciones de álamos blancos desnudos y otros arbustos verdes.

Estación de transición, claro. Un aguilucho se anima a volar cerca, se luce en su movimiento. Más allá, caballos en sus corrales, tierras preparadas para la siembra de la papa y los lugareños que saludan cuando el auto se acerca.

¿Vamos bien por acá? La poca señalización hace dudar pero el instinto confirma el camino.

Todas las referencias escuchadas coinciden con lo que se ve: estancias productivas, cielo, alamedas, montañas -con la imponente presencia del renombrado volcán- y paz.

Ya en tierras de vinos de altura, las bodegas se suceden, los viñedos, también. San José, en Tupungato, da la bienvenida.

El retorno a la ciudad, por Los Cerrillos, para que las ondulaciones sigan acompañando el paseo. Todavía no cae la tarde. Hay tiempo suficiente para subir a ver el Cristo que custodia el valle. Otra postal más para los recuerdos, con el sol que ya se va desdibujando. ¡Qué lindo es Mendoza! ¡Qué fortuna que esté disponible siempre! Es hora de regresar.

La gente del lugar

«La Carrera es un rinconcito escondido que tenemos los mendocinos. Mi familia ha estado acá por 5 generaciones», relata Matías Gómez Saá, a cargo de la Estancia La Alejandra. Concretamente se ubica donde históricamente estaba la Estancia Palma, a 2.000 metros de altura, en el extremo norte del gran Valle de Uco. Enmarcada hacia el oeste y norte por la Cordillera de los Andes, su particular microclima la convierte en unos de los paisajes «más alpinos» de Mendoza, dado por el hermoso contraste de las montañas nevadas y los fértiles valles.

Si bien es un establecimiento productivo, allí funciona la Casa de Huéspedes. Se trata de un antiguo rancho utilizado por los legendarios gauchos de la zona que ofrece una experiencia auténtica con excelente confort y calidad. 

Sus anchas paredes de adobe, la calidez del hogar a leña y los techos de caña, invitan a vivir una original experiencia con toda la comodidad y buen gusto. En materia gastronómica, los platos tienen que ver con la identidad de mendocinos. Elaborados por las manos sabias de la cocinera de la casa y cuidados celosamente por la experiencia del chef, tienen un balance perfecto entre tradición y buen gusto. Son las tradicionales formas de cocción: el horno de barro, la parrilla, el disco de arado y el asador, las que logran crear sabores que preservan la frescura de los ingredientes provenientes de las huertas y de la granja de la estancia.

En materia de actividades, ofrecen a sus huéspedes cabalgatas, trekking, mountain bike y el disfrute de vinos en entornos imponentes al pie de los Andes.

Si bien es cierto que la estancia recibe mayoritariamente turismo internacional, periódicamente brindan programas promocionales para mendocinos que son publicados en el Facebook.

Estancia Atamisque, por su parte, es un proyecto inmobiliario iniciado por el visionario Belga – Francés, John Dumonceau (propietario de la reconocida Bodega Atamisque). Se extiende sobre 140 hectáreas y rescata un estilo de vida donde prima lo auténtico y natural sobre lo suntuoso y artificial. El importante proyecto, que ya ha iniciado su primera pre-venta para público local, comprende unas 100 propiedades que van desde los 5.000 metros a más de 1 hectárea y un sector de servicios a propietarios y visitantes. Este ámbito, que comprende 20 hectáreas, ofrecerá una Casa de Visitantes con restaurante y alojamiento (actualmente en construcción), contigua a una cancha de polo, lodges para alojamiento, una huerta y granja, entre otros amenities. Además se encuentra pronto a inaugurar el Club Ecuestre, que ofrecerá la posibilidad de disponer de caballos en potreros de pasturas naturales e importantes instalaciones: caballerizas individuales, cocina y vestuario para los socios, un bar de vinos y un espacio de arte que recientemente fue inaugurado con una muestra de la reconocida pintora Silvia Basso.

 La Estancia La Quebrada del Cóndor, enclavada al sur de la reserva provincial Cordón del Plata en el Valle de La Carrera (Tupungato), es otra de las alternativas para disfrutar en la zona. El puesto, situado a 2.430 msnm, es un emprendimiento familiar que comenzó simplemente con la cría de truchas y chivos.

«Actualmente realizamos cabalgatas, trekking (senderismo) y fly fishing (pesca con mosca), actividades guiadas por gente idónea ya que estamos preocupados por el cuidado de la naturaleza», cuenta Agustín Veggiani, anfitrión quien, a su vez, relata orgulloso: «En los últimos años hemos recibido muchos visitantes extranjeros que vienen atraídos por el vino a Mendoza y buscan en su estadía realizar alguna actividad de aventura».

Cuando los turistas llegan, los reciben con el mate y tortitas, para que experimenten la cultura local, aunque siempre tienen previsto un plan B, por si no les gusta.

Las salidas de trekking toman entre 3 y 5 horas, por lo que es necesario llevar agua, fruta, cereal y para la cabalgata una picada y vino.

A pesar de que todas las salidas son en el predio de la estancia, se alcanzan los 3.000 msnm y se puede apreciar el valle y el dique de Potrerillos hacia el norte. Hacia el sur, el valle de Uco, como así los guanacos y cóndores. Al regresar al puesto, esperan con empanadas y asado criollo acompañado de un malbec.

Otra posibilidad es pasar un día de campo, que generalmente contratan empresas. En este caso los visitantes interactúan cocinando pasteles y tortas fritas y participan del almuerzo con chivos, corderos y costillares. También se hace una charla y una demostración de la vestimenta gaucha y la montura del caballo. En la ocasión se enseña a tirar el lazo y se hacen juegos gauchos. Para cerrar, una pareja que baila folclore.

En Estancia Las Pircas «ofrecemos días de campo con y sin alojamiento. Ambas opciones incluyen todas las comidas y actividades. La bienvenida, por la mañana, es con pastelitos caseros e infusiones.

Luego cabalgatas, paseos en 4×4, trekking, safaris fotográficos y biking, para pasarla muy bien. Para el medio día, empanadas caseras y comidas típicas con vinos mendocinos de alta gama incluidos. Para la tarde, rélax, caminatas u otras actividades. Servicio de té, con pastelería casera.

Apuntes

El camino. Es de ripio consolidado. Está en buen estado. Se puede transitar sin dificultades.
Señalización. Es escasa y muchos recurren a la consulta de los que andan por ahí para cerciorarse de que se va en la dirección correcta.
Picnic. Si el plan es comer algo, estilo picnic, quizá sea recomendable hacerlo en Potrerillos o en los alrededores o en Tupungato. Una vez que se encara el camino, no hay zonas para acampar ya que la senda no es muy ancha y las tierras tienen cerco perimetral.

Quien no sueña con pasar unos días en una estancia…acá te hemos presentado algunas al pie de los Andes, para relajarse o “aventurarse”, como vos quieras…como sea comunicate con nosotros y te mostramos todas las alternativas.

Fuente: Los Andes, Celina de La Iglesia