En Uspallata está emplazado el Parque de las Artes. Una obra de gran envergadura y valor artístico, cultural y patrimonial. Una verdadera Reserva Cultural al pie de los cerros de San Alberto.

Un Parque de arte y naturaleza que busca “ser testimonio de nuestro arte de hoy, testigo de nuestra huella actual, vigente”. Así describe el escultor Fausto Marañón al proyecto realizado junto a sus hijas, también artistas plásticas, Yamila y Verenice.

 

El predio está situado sobre la ruta 39 que une Uspallata con Barreal y Calingasta pasando por las Bóvedas, a escasos kilómetros de la villa cordillerana lasherina. Allí Fausto y sus hijas, a través de la Fundación Marañón, cara legal y administrativa del proyecto, dieron rienda suelta a su gran sueño.

 

En una inmensa extensión de bosque nativo, estatuas de grandes dimensiones y laberintos escultóricos se vinculan con el paisaje y el espacio circundante, constituyendo obras artísticas en sí mismas que se conjugan con el sol, la luna y las estaciones, y a su vez una unidad temática global que propone una visión original, nuestra y actual del arte, de la naturaleza y de la vida misma.

En el centro del ámbito, una construcción hecha con materiales nobles y autóctonos sirve para recibir y brindar algún servicio a los visitantes del imponente museo artístico y natural.

Este proyecto se sostiene en una serie de valores que apuntan a generar una nueva modalidad de contactarse con la naturaleza a través de la expresión artística, en un diálogo contemplativo con el hombre.

En medio de la geografía típica mendocina, en un sitio fuertemente vinculado a la cultura andina, se emplaza un proyecto artístico-cultural integral que articula una obra escultórica monumental con el patrimonio natural y cultural de los pueblos latinoamericanos.

 

Sus impulsores son dos destacados artistas locales: Fausto y Yamila Marañón, quienes eligieron a la Cordillera de los Andes, columna vertebral de América, para instalar una serie de esculturas de grandes dimensiones concebidas en relación con la naturaleza.

 

El proyecto, creado a partir de una profunda comunión con la cosmovisión andina, recupera valores ancestrales en torno al arte y la Pachamama. Lo latinoamericano cobra aquí un sentido singular y se hunde en tradiciones, paisajes, colores, formas, perfumes, creencias y ritos propios de esta parte del mundo, sus pueblos y culturas.

Esta nota es una invitación a descubrir uno de esos rincones mágicos que esconde nuestra provincia. Un tesoro donde la creación humana, en este caso artística, comulga con la naturaleza generando un espacio único que nos conecta con la tierra y con quienes la caminan hoy y lo han hecho durante siglos.

“Sentimos que todo está pasando muy rápido y todo se olvida velozmente; creemos que es bueno preservar nuestro paso en este momento y de ahí nace el concepto de reserva cultural. Queremos que quede consolidado en el Valle nuestro testimonio de un momento del tiempo del ser humano y su paso por acá, expresado a través de nuestro arte. Al enraizar esculturas de 7 metros, laberintos permanentes y obras trabajadas con materiales con una gran resistencia, como la piedra, el granito, el gres, sentimos que estamos guardando la memoria de lo que somos hoy. Creemos que el ser humano, a través del arte, puede volver a sensibilizarse y conectarse con la naturaleza que lo rodea, transmitir así valores de respeto, cuidado y preservación, contribuyendo al crecimiento de una conciencia y apreciación de las artes”, explica Yamila.

Tal como ella da cuenta, se trata de un espacio en el que converge el trabajo artístico suyo y de su padre. Fausto es uno de los escultores más importantes de nuestra provincia; amante de la naturaleza, muchas de sus obras han sido ubicadas en diversos escenarios naturales. Yamila también realiza esculturas pero, además, ha incursionado en otras disciplinas como el video y el land-art.

La intención del Parque de las Artes es la de integrar distintas expresiones artísticas como música, danza, intervenciones, literatura. Así, han convocado en diferentes oportunidades a otros artistas a participar en acontecimientos específicos y han recibido donaciones de obras de artistas de la provincia y del exterior para ser expuestas permanentemente como parte del patrimonio del museo. Artistas de Alemania, Francia y Suiza, así como de algunas provincias del país, han realizado residencias en el lugar. Asimismo, el proyecto ha sido presentado en distintas galerías y espacios de arte de Europa y Centroamérica, generando una dinámica de intercambios a nivel internacional.

 

Identidad latinoamericana

Entre los fundamentos del proyecto de la fundación se encuentra la difusión y creación de la identidad artística latinoamericana. En relación a esto, Yamila explica que: “Desde el momento en que el proyecto es emplazado en la Cordillera de los Andes, ya estamos hablando de una identidad; nos hemos ubicado en un fuerte cordón cultural andino. El hecho de la elección para el emplazamiento del proyecto y su contexto describe un perfil, además de la línea y del estilo artístico que las obras manifiestan.

 

Podemos citar como ejemplo de este gran camino de la cultura andina y latinoamericana al Camino del Inca, ya que parte de su larguísimo recorrido transita por detrás del predio del museo. Esta ruta fue declarada por la Unesco, Patrimonio de la humanidad y es fuerte conductor de cultura americana. En esta misma zona se ubica el Cerro Tunduqueral, antiguo lugar ceremonial de la cultura Huarpe, y también la cercanía del cerro Aconcagua, el gran coloso de América y punto de convergencia.

 

Somos artistas que seguimos bebiendo de la misma fuente que inspiró a los artistas de esas culturas, que también eligieron este lugar para permanecer y crear. Compartimos el respeto por estos paisajes, los mismos colores, los mismos cerros, la misma flora, un mismo espacio. Somos, desde las artes, la expresión contemporánea de antiguas formas que maduran y se transforman. De esta manera estamos manifestando nuestra identidad artística”.

 

Un museo de esculturas a cielo abierto

El proyecto del Parque de Esculturas tiene como raíz la obra de Fausto, quien había realizado exposiciones itinerantes en reservas naturales como los Altos Limpios en Lavalle, Divisadero Largo y Laguna del Diamante. Estas muestras consistían en montajes de esculturas por cortos períodos en los que el público podía vivir una experiencia artística en espacios no convencionales.

 

Estas formas de exposición fueron muy enriquecedoras y tuvieron una respuesta tan alentadora que surgió la inquietud de realizar un proyecto estable, un museo propio para poder ir montando obras permanentes en la naturaleza y crear una Reserva Cultural.

Para el emplazamiento de las obras buscan lugares donde la flora esté poco desarrollada. “La idea es la de adaptarnos al espacio que nos rodea sin modificaciones dañinas. Es un desafío muy grande como escultores, sobre todo para mi padre, quien realiza estructuras de mucha altura y tiene la tarea de posicionar obras de arte con arduas condiciones climáticas, con temperaturas muy extremas en invierno y verano, con vientos fuertísimos y tormentas eléctricas muy potentes. La dilatación de los materiales, la forma de las obras que ofrecen resistencia al viento, son fenómenos que cuando se realiza una obra que será expuesta en el marco de una galería o un museo cerrado no se los plantea jamás. Pero cuando además de superar estas inclemencias se busca una larga durabilidad en el tiempo, las obras tienen que manejar técnicas muy complejas y emplazamientos sumamente costosos y estudiados por arquitectos, ingenieros o agrimensores para, por ejemplo, medir la salida de la luna en cierta época del año, la cual debe pasar por un punto exacto en un momento preciso para que la obra encuentre su perfección y tenga sentido. El trabajo que hay detrás de cada una de las esculturas del museo es realmente monumental, como es el caso de los “Miradores de la Luna”, o los “Miradores del Sol”, que son esculturas de 5 a 7 metros de altura. Así como los “Laberintos de piedra” que ocupan superficies de 2.500 m2 a 3.000 m2, en los cuales podemos transitar”, explica la artista.

La visita es en grupos, previamente convenidas: “El recorrido al parque en sí mismo es largo, caminando rápidamente son 2 horas y media. Va a haber guías, con formación, porque el parque tiene que ser formador, poca gente tiene ejercicio en el arte y pienso que de alguna manera hay que formar, hacerlo didáctico. No hay que dar mucho dato tampoco, pero habrá profesionales que guiarán a las personas” explica el artista. “Es una fuerte experiencia de arte, en todo lo que se hace, en la caminata y en todo, para que la persona sienta esa experiencia artística sin dogma, religión, política, nada de energías o platos voladores. Esto es arte y naturaleza”.

 

Según Fausto, San Alberto, en Uspallata, es el lugar ideal ya que reúne las condiciones de paisaje, ambiente y soledad que necesita el proyecto. Es arte y naturaleza. El arte como mediador entre el hombre y la naturaleza, el puente para que el hombre salga y pase al otro lado. La obra es una excusa.

 

La obra es, así, un organismo vivo que se cierra a sí mismo cuando asoma la luna y todo lo bendice en el valle de Uspallata.

 

Fuentes: Revista Cumbres y Los Andes

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