El valle de Uco, enmarcado por el Cordón del Plata que se eleva con su inconmensurable belleza, ofrece un paisaje ideal para la contemplación, para el relax y para conocer las mejores propuestas enoturísticas de Mendoza.

 

Acá les presentamos algunos circuitos enoturísticos para no perderse en el Valle de Uco.

 

La vuelta de Gualtallary

Antes de montarse en la ruta 89, en una pequeña rotonda a la salida de Tupungato, se abren dos caminos: el Corredor Productivo por la ruta 99 y la Vuelta de Gualtallary. Para subir a este terroir de renombre, se gira a la derecha por la calle La Vencedora y, muy mendocinamente, se hace un codito “donde topa” en Bodega Altus, para continuar subiendo ahora por ripio, custodiado por una gran acequia. Se vadea un río seco y ya: se está entrando en la zona prometida. Para paraíso, le faltan árboles. Pero la vista es extraordinaria en todas direcciones. A derecha, las cerrilladas, esconden el campo de Golf de Tupungato Winelands. Pronto llegan los portones del Monasterio del Cristo Orante –bien vale una visita– y las bodegas Finca Ferrer, Huentala Wines, Zorzal Wines y el famoso Viñedo Adrianna de Bodega Catena. Todos ellos son reconocidos productores de Malbec intenso y muy fresco; mientras que el Chardonnay de esta zona es superlativo.

Pero ahí no termina la vuelta. Se puede seguir más arriba, hasta que se cruza el río Las Tunas en Estancia Silva. Ahí conviene remontar, en plan camping, el camino hacia el oeste y llegar al dique Las Tunas (1700 msnm): el derivador del que sale el agua para todos los viñedos recorridos y cuya agua bajaba por el acequión del comienzo. Dato mochilero: es un lindo lugar para hacer un asado campestre, bajo los únicos árboles de la zona. De Estancia Silva en adelante, el camino se cuela entre los viñedos de San Pablo y sale a la ruta 89.

 

El Manzano, Chacayes y más arriba

Justo donde la ruta 89 hace una “Y” con la 90, se llega a un paraje conocido como Los Árboles (aunque nadie los recuerda como “Los Árboles de Villegas”), por donde surca el arroyo San Pablo. Hay montes de nueces y en otoño es posible ver jabalíes hociqueando el suelo, algún que otro zorro que cruza despreocupado el asfalto.

El camino comienza a ascender por una quebrada amplia, curva y contra curva, y retrepa una cuesta suave pero sostenida. Cuando llega al Manzano Histórico, habrá subido 500 metros. Allí está el monumento a San Martín: conviene ir a verlo porque no es el típico jinete de bronce galopando hacia la victoria, sino casi un paisano a lomo de mula. El paraje es la gloria para los tunuyaninos en verano, pero no vale mucho la pena quedarse. Se abren dos posibilidades: poner rumbo al cerro, por la quebrada de El Portillo hasta el refugio Portinari y el Cajón de los Arenales; o bien volver hacia el llano. Subir, si hay tiempo, es una excelente experiencia, el camino es transitable y los acantilados de roca bien valen una visita.

Si se toma hacia el llano, en cambio, el viajero del vino debe saber que está entrando en terreno alado. Aquí arranca Chacayes, la Indicación Geográfica en formación de la que se habla como el próximo gran capítulo del Valle de Uco, porque ofrece Malbec potentes y de frescura elevada. Descendiendo, a la izquierda está Finca Blousson, una pequeña bodega y hostería, y a derecha no tardará en aparecer Casa de Uco, uno de los hoteles y restaurantes más lujosos y bonitos del vino local con habitaciones que rondan los 400 dólares la noche. Próxima está la posada Alpasión, con menos habitaciones y lujosa a su manera. En su restaurante se debe aprovechar el menú express, principal y copa de vino.  Un poco más abajo, aún, Viña Vida, cuyos viñedos concéntrico y con dibujos de botellas se ve sólo desde el aire. Ahí nomás, la Villa de los Enólogos de The Vines, las bodegas Solocontigo, Súper Uco, Abremundos, Corazón De Sol y Giménez Riili. Atento: ahí, en el corazón de ese gran paño de viñas que se extiende hacia el norte, está el restaurante Los Fuegos, de Francis Mallmann. No será barato, aproximadamente, pero sí digno de verse, cuando a última hora se reflejan los cerros en la laguna.

Dato: apenas más abajo está Piedra Negra, la bodega de Françoise Lurton, solitaria hace tan sólo una década y media atrás.

 

Vistaflores y el Corredor Productivo

La ruta que desciende del Manzano y el Corredor Productivo (ruta 99) se cruzan poco antes de Vista Flores (hacia el llano). Para hacer un recorrido inolvidable, lo mejor es retomar el Corredor hacia el norte y descender por la Calle Tabanera hasta Colonia las Rosas: será un paseo por un bóveda de olmos, al ritmo cancino de la tierra adentro. Si en cambio pica el bagre, mejor es avanzar por la ruta 92 y hacé una parada en La Posada del Jamón: un restaurante de campo famoso porque sirven solo vinos de Vistaflores, cuyos Malbec son potentes y aromáticos, y, claramente, por los jamones que ellos mismos curan.

¿Bodegas para ver? Hay varias. Desde Vistaflores, precisamente del tanque de agua (es un hito muy claro en el camino) hacia los cerros, se llega al Clos de los Siete: para comer Diamandes, para visitar y recorrer, Flechas de los Andes, Cuvelier y Monteviejo. Ojo, del tanque para el llano se va Antucurá. Si se sigue derecho, en cambio, se cruza Bodega Esmeralda; casi enfrente, bodega Tikal y su increíble tajamar en forma de cuña.

Lo lindo de esta parte del valle es que aquí hay frutales: manzanos, cerezos, ciruelos y el paisaje es muy verde. Pasearse por los caminos internos (otra vez es imposible perderse) siempre será un buen plan, custodiado por alguna lechuza o animado por las golondrinas que juegan en lo alto.

 

La Consulta, Paraje Altamira y Eugenio Bustos

A San Carlos se llega desde Mendoza, todo derecho por la 40. Pero si se viene desde la parte alta del Valle de Uco lo mejor, lo más recomendable es emprender el camino por la ruta 92. Dejar atrás Campo Los Andes –el hito son unas raras torres al costado del camino– y cruzar el río Tunuyán por un viejo puente de hierro a tipo Eiffel.

Ahí nomás, se llega a La Consulta, famosa por sus Malbec profundos y jugosos. La primera bodega es Finca Abril seguida de Altocedro. Para comer, nada hay como el Cielo, frente a la plaza, donde circulan los chismes del vino entre los agrónomos y enólogos al mediodía. Claro que ahí nomás está Paraje Altamira. ¿Dónde arranca? Cruzando la calle La Superiora. Un paseo por esas fincas obliga a terminar en Zuccardi Valle de Uco, Piedra Infinita, donde también se puede picar algo rico y logrado con productos de la región.

O bien, retomar el Corredor Productivo –ahí todos le llama calle Ghilardi– y avanzar hacia O. Fournier cuya cúpula plana a lo Enterprise domina la vista y su restaurante es parada obligada para los más gourmand. Cuando llegués a la puerta, estás en la Calle los Indios. Hacia los cerros, se extiende el paraje El Cepillo, también Indicación Geográfica en formación y promesa de la zona. Hacia el llano, Eugenio Bustos. Ahí, Finca La Celia es una bonita parada. Sobre todo si reservaste en La Celia Inn, la casa patronal, para pasar la noche.

Último dato: de aquí a Mendoza tenés 130 kilómetros, con 100 de autopista.

 

Fuente: Vinomano

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