El público, que colmó y casi desbordó el Teatro Griego Frank Romero Day, disfrutó y acompañó cada canción. La masiva concurrencia le aportó baile, colorido y emoción al espectáculo, en el que también fueron sobresalientes los textos de Liliana Bodoc.

Doce postales, para mirar los perfiles más sensibles de Mendoza. Los entrañables. Aquellos que son su sangre, su latido. Por eso Postales de un oasis que late fue un espectáculo de 70 minutos profundamente emocional. Las mil personas que trabajaron para cumplir el sueño del recordado director Marcelo Rosas lograron conmover a un Frank Romero Day desbordante, que disfrutó a pleno del regreso de la música en vivo y que fue de lo mejor de Postales… junto con algunos deliciosos textos de la escritora Liliana Bodoc.

Fueron justamente los 42 músicos de la orquesta dirigida por Pepe Sánchez los que abrieron el espectáculo, mientras el texto de Bodoc subrayaba que “los pueblos danzan para no olvidar” y fue el pie para que Andrea Sofía Haudet se despidiera de su reinado.

La Virgen de la Carrodilla apareció pronto sobre el escenario del Frank Romero Day, como para que todos supieran que la emoción sería el hilo conductor de la noche. Una fiesta en la que sus autores no se apoyaron en el tradicional relato lineal de historia y estaciones, sino que prefirieron captar en esas postales imágenes profundamente mendocinas.

Después llegaron la molienda y el vino sobre las 8 plataformas del escenario del Frank Romero Day y el primer malambo, que se repetiría en distintos momentos de la noche, sin dudas por influencia de su director, que supo ser un eximio bailarín.

Y también aparecieron por primera vez grandes marionetas que representaban animales y que fue otro de los aspectos más atractivos del espectáculo. Esta vez fueron enormes cangrejos. Después aparecieron los huarpes, que en una coreografía perfecta entrelazaron telas de colores y otras marionetas maravillosas, esta vez representando a unos coloridos choiques.

Luego llegó el otoño, que “es la estación más parecida a un templo”, definió Bodoc.

El cuadro siguiente fue para el Libertador de América, convocado a escena sin necesidad de nombrarlo ni de representarlo. “Cuarenta millones de latidos tienen más fuerza que cualquier derrota”, subrayó la voz en off, que por momentos fue de la misma escritora y por otros de Dardo Boggia. Voces ayunas de engoles forzados. También la llegada de los inmigrantes estuvo allí, con banderas y sin necesidad de que se escuchara la tarantela.

La postal del agua no podía faltar. Una maravillosa interpretación de Zamba del riego, de Mathus y Tejada Gómez, fue más que suficiente para mantener el corazón en la garganta. Después llegó el riego, para recordar que “hay tantos comienzos como madrugadas”.

Luego, la primavera, con ritmo de los ’70 y bailarines contemporáneos que le dieron un respiro de alegría a la noche. Después una postal de verano, otra vez con atractivas marionetas que mostraron a dos chocos, mientras se cocían dos chivos al asador y los músicos se regodeaban con alguna tonada. “¡A celebrar la vida, que con la vida alcanza!”, dijo la voz, y un malambo puro hizo vibrar al público.

Hacia el final, el ciclo comenzó a cerrarse con la cosecha, y otra vez deslumbró el texto de Liliana Bodoc: “El año está maduro… ¡empieza la cosecha! De las noches, niña, cosecharás estrellas. De su cintura, cosechador, cosecharás promesas”. Claro, no faltó Póngale por las hileras.

Y sobre el final una penúltima postal mezclando tango y malambo y un cierre con un tema original que merecerá no ser olvidado.

Sobre el escenario del Frank Romero Day, revestido con láminas de madera que inevitablemente obligaba a recordar toneles, también el público pudo ver pantallas interactivas, proyecciones en 3D y las clásicas cajas lumínicas, completando las imágenes de 12 postales que merecen ser vistas.

La música, el baile, el color y un buen texto. El Frank Romero Day colmado, no necesitaba nada más.

Fuente: Diario Uno10/03/2015

 

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