La Fiesta de la Vendimia ya pasó, pero nunca faltan excusas en Mendoza para recomendar bodegas con bellos paisajes y exquisitos productos.

Como flores en un prado fértil, las bodegas puntean la mayor parte del territorio mendocino, aprovechando el rico terreno y las particularidades climáticas para producir algunos de los mejores vinos del mundo.

Y todos los años, la Fiesta de la Vendimia de Mendoza celebra ese regalo de la tierra invitando a disfrutar de varias expresiones artísticas y, por supuesto, a degustar deliciosos productos de la vid.

Le ofrecemos tres opciones de bodegas mendocinas para recorrer, hacer inmejorables compras de tintos y blancos, y compartir almuerzos con fuerte enfoque en los productos típicos.

En Guaymallén: Los Toneles

Guaymallén, distrito del Gran Mendoza pegado a la ciudad capital, es el hogar de esta bodega fundada en 1922 por los italianos Francisco y Dalmacio Armando. En su primera encarnación, se llamó Armando Hermanos y la propiedad que ocupaba incluía los hogares de sus fundadores, esposas e hijos, siguiendo la tradición “tana” de la famiglia unita.

Luego de entrar en crisis durante los años ’50 y permanecer cerrada durante décadas, la bodega fue adquirida por la familia Millán, supermercadistas mendocinos que pusieron manos a la obra para una formidable y excelentemente lograda restauración del edificio original.

El status de “novatos” de los Millán en la industria viñatera determinó que, con humor, decidieran bautizar Sapo de Otro Pozo a uno de sus mejores vinos: un blend de tintos fresco y frutado pero no demasiado dulce.

El vino Fuego Blanco es uno de los mejores productos de la bodega.

Otros productos a destacar de Los Toneles son el muy buen malbec de la línea Perro Callejero y el fresquísimo vino blanco gewürstraminer Fuego Blanco.

Todos los vinos de la bodega pueden degustarse en su restaurante, Abrasado, especializado en carnes maduradas de alta calidad. 

Luego de estar de 30 a 100 días en un sistema de refrigeración, los cortes vacunos adquieren terneza, jugosidad e intensifican su sabor.

Como opción imperdible, vale el ojo de bife con puré rústico, en porción que no dejará a nadie con hambre.

En Chacras de Coria: Clos de Chacras

Esta localidad ubicada a pocos kilómetros de la capital mendocina -de hecho, se puede ir en colectivo urbano- ofrece calles arboladas y tranquilas, y varias bodegas.

La finca de Clos de Chacras fue originalmente construida en 1921.

Entre ellas, la hermosa finca de Clos de Chacras, fundada en 1921 por el suizo-italiano Bautista Gargantini. Su sociedad con el titán de las bodegas, Juan Giol, supo convertir a su emprendimiento en uno de los más prósperos de Mendoza.

Sin embargo, avatares familiares y económicos devinieron en sucesivos cambios de dueños y en la eventual ruina del complejo, que permaneció largo tiempo abandonado y en decadencia.

Adquirida en un remate por Silvia Gargantini, la nieta de don Bautista, la bodega Clos de Chacras logró su reencarnación produciendo desde hace poco más de 10 años tres líneas de vinos de gran calidad: Cavas de Crianza, Ereditá y Gran Estirpe. Es la segunda línea, en variedad malbec, la más recomendable por relación precio-calidad: ofrece un vino profundo y aterciopelado, ideal para acompañar carnes y pastas.

La finca posee, además, un restaurante donde se puede acceder a un menú de pasos maridado con los productos de la bodega. Las empanadas y los sorrentinos de chivo con salsa al curry son dos de sus puntos fuertes, aunque las propuestas de la carta suelen cambiar periódicamente para aprovechar el mejor punto de los productos de estación.

En el Valle de Uco: Clos de los Siete

 A unos 120 kilómetros de la Ciudad de Mendoza, Clos de los Siete es un complejo que comprende cuatro bodegas: Monteviejo, Cuvelier los Andes, Diamandes y Bodega Rolland, rodeadas de 850 hectáreas de viñedos al pie de la Cordillera de los Andes.

Cada una de ellas está encabezada por familias francesas bajo la batuta del enólogo Michel Rolland. Y aunque todos producen sus propios vinos, la obra cumbre de Clos de los Siete es el vino que lleva ese nombre y que se ensambla con aportes de las cuatro fincas.

El blend está integrado por un 57% de malbec, 18% de merlot, 14% de cabernet sauvignon, 9% de syrah y 2% de petit verdot, y redunda en un sabor complejo y especiado, particularmente equilibrado y, por ende, fácil de maridar con distintas comidas.

En relación a los productos particulares de cada bodega, vale rescatar el Cuvelier Gran Vin (blend de malbec, merlot, cabernet sauvignon, syrah, y petit verdot) y el formidable Diamandes de Uco Grande Reserve chardonnay, frutado con tonos aromáticos de manzana y pera.

Entraña con verduras salteadas, una de las opciones del restaurante de Monteviejo.

Además de la visita guiada que permite apreciar de primera mano el importante lugar que juega la tecnología en la producción de Clos de los Siete, quedarse a almorzar en la bodega Monteviejo traerá dos regalos extra: una gastronomía basada en el respeto a la calidad de los ingredientes, y una vista a 180% del increíble paisaje del complejo y sus viñedos.

Aquí te presentamos solo tres de las 130 bodegas mendocinas abiertas al turismo, nuestra especialidad son los Caminos del Vino, consultanos para recorrer esas Ruta de aromas y sabores…

Fuente: Big Bang News

 

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