Dicen que existe más historia que geografía en una botella de vino. Sin embargo, la Vendimia mendocina, tiene un carácter ritual que celebra tanto la vida del fruto que más tarde se verterá una copa como la generosidad y la particularidad del terruño que le dio origen.

Del 4 al 8 de marzo, en Mendoza hay una agenda de actividades que incluye desde espectáculos hasta la tradicional coronación de la Reina Nacional Vendimial. El año pasado fueron casi 39 mil los viajeros argentinos y extranjeros que desembarcaron en estas tierras para vivir esta fiesta popular que la National Geographic colocó en el segundo lugar del ranking de los diez mejores festivales de cosecha del mundo.

Es que además de contar con el 71 por ciento de los viñedos del país y estar considerada la octava capital del vino del mundo, en los últimos años Mendoza se consolidó como la nueva meca gourmet de Argentina gracias a sus promocionadas Rutas Gastronómicas. Y muchas de sus principales bodegas ampliaron sus instalaciones para ofrecerle a los viajeros propuestas vinculadas al enoturismo que van desde recorridos básicos hasta la posibilidad de alojarse en los mismos viñedos.

Pioneros

Hoy se estima que más de mil bodegas están abiertas al público, una modalidad en la que Familia Zuccardi fue precursora hace quince años atrás. “En 2001 esto ya era tendencia en Napa Valley y nosotros notábamos que los viajeros se acercaban espontáneamente a pedirnos que les abriéramos las puertas de la bodega. Hoy tenemos seis programas distintos de actividades y nos visitan 30 mil personas al año”, cuenta Julia Zuccardi, responsable del área de turismo.

La necesidad de los turistas de vivir una experiencia más que una visita de contemplación pasiva fue el eje sobre el cual desarrollaron sus propuestas. En 2005 abrieron su primer restaurante y en 2011, el segundo, Pan y oliva.  “Aunque el visitante es cada vez más sofisticado, tenemos opciones para todos.  Esta época es el momento ideal para participar del programa “Vení a cosechar”: los turistas son conducidos a los viñedos para realizar la tarea de vendimia y disfrutar de una degustación de vinos. También incluye una visita guiada a la bodega y un almuerzo regional en el restaurante”, comenta.

Para sibaritas creativos

Son varias las bodegas que habilitan la posibilidad de ser partícipe del proceso de elaboración del vino. Y no hace falta ser un experto en cepajes o tener un paladar capaz de detectar el aroma de una grosella negra en una copa, basta con escuchar las explicaciones básicas de los guías –que en muchos casos son sommeliers o enólogos- y dejarse llevar por la mágica alquimia de esta bebida.

En Luján de Cuyo, Nieto Senetiner invita a sus visitantes a crear su propio blend, envasar el vino y diseñar una etiqueta propia. Muy cerca, en Bodega Renacer hay dos propuestas similares que duran sólo una hora y media: “Experiencia enólogo” en que el visitante puede hacer su blend personal y “Propia botella” que consiste en la elaboración y etiquetado de una botella.

También hay alternativas para los que se sienten más inspirados entre ollas y sartenes. En Tupungato, Bodega Andeluna convoca a una clase de cocina temática asociada a la vendimia. Los ingredientes salen de la huertas y de los viñedos: en esta época del año incluyen hojas de parra, salsa de mosto de vino blanco (que es el primero en cosecharse) y uvas para el postre.

Catas inolvidables, almuerzos con productos de la huerta y el viñedo, paseos y talleres forman parte de un evento que el año pasado convocó a cerca de 39.000 turistas locales y extranjeros.

Para paladares inquietos 

Las degustaciones son la propuesta más básica que toda bodega tiene para ofrecer por eso el valor agregado pasa por el contexto en que tiene lugar esta actividad lúdica destinada tanto a conocedores como a neófitos. “Pedalear y degustar” el programa de Zuccardi que permite recorrer en bicicleta la finca, descubrir las diferentes actividades que hacen a la trastienda del vino y hacer varias paradas para degustar distintas cepas bajo los parrales que le dan origen es una de las alternativas más interactivas.

Pero no todas demandan tanta energía: la propuesta de bodega Alta Vista es bucólica, contemplativa y deleita los cinco sentidos. Se trata de un picnic gourmet en sus jardines que incluye productos frescos de temporada en recetas ligadas a la gastronomía mendocina y argentina acompañado por los vinos de la bodega.

En Agrelo, Séptima, la bodega argentina del Grupo Codorníu – Raventós, hace honor a sus orígenes españoles con un maridaje de vinos y tapeos en su terraza desde dónde se puede apreciar la finca con la Cordillera de los Andes telón de fondo. En cambio Susana Balbo Wines para la Vendimia hace una apuesta muy local: para este 12 de marzo tiene programado un show de folklore que promete un atardecer con música, vinos y gastronomía en un contexto de viñedos y montañas.

Para amantes de las burbujas 

El crecimiento del consumo de los espumantes que ya no es puramente estacional –antes se comercializaba casi exclusivamente para las fiestas de fin de año- hizo que muchas bodegas incluyeran programas específicos sobre este tipo de bebidas.  Al pie de la Cordillera de los Andes, en Bodega Norton es posible degustar la diferencia entre un espumoso realizado con el método Charmat –el más industrial- y uno con el método tradicional francés, Champenoise.  El recorrido se extiende por tres horas y media incluye una visita al bodegón antiguo que data de 1895, donde se elaboran los espumantes de alta gama que se pueden maridar con tapas gourmet.

En San Rafael, Casa Bianchi también ofrece un escenario especial. Después de un paseo por las instalaciones de la champañera se visita el espacio más íntimo del corazón de la gran bodega: una silenciosa cúpula con vitraux en el techo que invita a afinar los sentidos para la degustación de sus burbujas.

Podes realizar un tour que recorra todas estas bodegas y vivir las experiencias que ellas te proponen…sólo tenés que comunicarte con nosotros!

Fuente: BAE