Se puede visitar un sitio paleontológico y disfrutar de sabores típicos, con el chivito y la trucha como emblemas.

 

Con la primavera a pleno, los colores vivos de la naturaleza y un marco inmaculado de blancura en el cordón montañoso que encierra la ciudad, Malargüe presenta para sus visitantes el flamante Parque Cretácico Huellas de Dinosaurios y las Rutas Alimenticias del Chivito y la Trucha. 

 

El departamento más grande y austral de Mendoza suma así dos circuitos a las reservas naturales La Payunia, Llancanelo y Caverna de las Brujas.

Las 700 huellas de dinosaurios en muy buen estado de conservación del área paleontológica fueron descubiertas en 2006. Se habilitaron al público tras años de estudios, relevamiento y elaboración de un plan de manejo para protegerlas. Si bien falta terminar el Centro de Interpretación, será el eje del turismo científico local, que ya cuenta con el Observatorio de Rayos Cósmicos Pierre Auger, el Centro de Estudios de la Tierra y el Planetario Malargüe, el más moderno del país.

 

Se realizarán visitas guiadas en escenarios naturales, para apreciar las huellas a través de pasarelas suspendidas, observando los restos fósiles y escuchando relatos sobre una zona que no sólo contó con estos gigantes, sino que más de una vez estuvo inundada por los océanos Atlántico y Pacífico. Por eso, hay numerosos restos fósiles marinos al alcance de la vista. 

 

Cuando los científicos del Ianigla-Conicet hallaron las huellas sobre rocas, el equipo liderado por Bernardo González Riga, jefe del Departamento de Paleontología, determinó que pertenecían a saurópodos titanosaurios, inmensos herbívoros de cuello largo que habitaban el sur de Mendoza y el norte de la Patagonia a fines del Cretácico. “Estamos endureciendo la roca que las contiene y el relleno de las fracturas de bordes y fondos. Usamos el mismo sedimento para que no se note la restauración. Ya lo hicimos con 30 huellas”, explica González Riga.

 

Las huellas de paleovertebrados que habitaron el planeta hace 70 millones de años, el ambiente continental entonces dominado por ríos y lagos, son únicos en América. La ubicación del complejo de 14 km cuadrados de extensión se mantuvo en secreto durante años, para evitar la depredación. Sin embargo, los turistas pueden recorrer el lugar, que cuenta con recepción, sanitarios, bar, venta de recuerdos y exposiciones.

 

Los sabores regionales constituyen otro atributo destacado de Malargüe y acaban de ser presentadas las nuevas Rutas Alimenticias del Chivito y de la Trucha. “Buscamos fortalecer desde lo gastronómico la relación íntima que tenemos con dos actividades que caracterizan a nuestro departamento: la cría de ganado caprino y la pesca”, comenta Fabiana González, directora de Turismo municipal. Un programa de capacitación permite que los prestadores, además de incluir algún plato de chivito y/o trucha a su menú, realicen ambientaciones temáticas en este circuito, para agasajar a sus visitantes.

 

“Cada restaurante se especializa en menús con chivito o trucha en distintas formas, que puede ser a base de paté, en bocaditos ahumados o con trucha al natural, y chivito a las llamas, en canelones, al estofado o en conservas”, agregó la funcionaria. 

 

La iniciativa también tiene un rol social, ya que agrupará a los crianceros encargados de las veranadas, curtiembres, mataderos, productores de envases, el Criadero de Truchas, guías de pesca y todo aquel vinculado con la cadena alimenticia.

Además, se organizan cabalgatas y excursiones en vehículos todo terreno por los paisajes nevados.

 

Fuente: Clarín

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