A poco de terminar el año, la polémica en torno al Zoo de Mendoza, su administración y los resultados de los cambios que el Gobierno intentó imponer están todavía a flor de piel puertas adentro de esa institución.

Mientras en la Legislatura de Mendoza van por un despacho consensuado entre oficialismo y oposición, que saldría este martes para, finalmente, aprobar la ley de creación del ecoparque en la próxima sesión de Diputados, la batalla entre los empleados antiguos y la actual dirección no ha cesado.

Hace poco menos de un mes, el nuevo jefe de veterinarios, Diego Carcagno –convocado para ordenar el manejo de los animales albergados en el zoo–, renunció a causa de las presiones internas antes de que saliera formalmente su nombramiento.

Lo que se supo de su partida es que este profesional tenía amistad con los veterinarios más antiguos y no soportó, de alguna forma, estar en el medio de toda esa situación, según explicaron fuentes confiables.

Los planes de castración para evitar que sigan reproduciéndose las especies (muchas de las cuales no tienen separación adecuada entre machos y hembras o directamente continúan juntas) tampoco ha podido concretarse con la rapidez que se esperaba, un poco por el cúmulo de problemas que tiene el zoo y otro tanto, porque los veterinarios que se oponen terminantemente al proyecto oficial han colaborado muy poco en esa tarea.

Consultados unos y otros, en off –porque no quieren enfrentarse por ahora con los medios–, se responsabilizan mutuamente por el poco avance existente en las mejoras del zoológico, más allá de que se sacó excremento; se arreglaron las cierveras, donde se produjo la mayor cantidad de fallecimientos durante el año, y fue desparasitada y marcada parte de los animales.

En este punto, desde el propio oficialismo critican la gestión Mariana Caram al frente del zoológico, porque no ha podido vencer dichas resistencias.

Por esto mismo, la estrategia elegida por la Secretaría de Ambiente durante todo este tiempo ha sido avanzar en el modelo de ecoparque, con un ritmo más lento de lo deseado e ignorando tajantemente los planteos de los empleados, sobre todo, del grupo más sindicalizado. En tanto, trabaja en seducir a quienes no están agremiados. Esto podría explicar por qué las faltas de conducta de los profesionales no han derivado en sumarios administrativos.

Por otra parte, todas las preguntas abiertas tras la muerte de más de 100 animales en muy poco tiempo –con signos de envenenamiento o lastimados, producto del hacinamiento y otros, a causa del frío extremo que sufrieron por las incesantes lluvias y las bajas temperaturas que se produjeron en mayo pasado– nunca han sido respondidas del todo, ya que tampoco la investigación de la Fiscalía de Estado para determinar responsabilidades, alcanzó para dilucidarlas.

Sin un censo claro de cuántos animales existen, cuál es su estado sanitario real, sin una identificación de cada ejemplar, que pudiera permitir registrar cuántas veces tuvo crías, por ejemplo, o de qué había estado enferma exactamente, es obvio que la comparación entre lo que pasaba antes y ahora queda diluida.

El proyecto modificado

El borrador del despacho, que será debatido mañana en la Comisión de Ambiente, deja de lado la posibilidad de que el ecoparque sea un ente autárquico y propone que tenga rango de una dirección, que dependa de la Secretaría de Ambiente y que trabaje de forma separada de la Dirección de Parques, como lo hacía administrativamente hasta ahora el zoológico.

Según explicó el diputado radical Omar Sorroche, la idea de cambiar este aspecto surgió porque el funcionamiento de los entes autárquicos no ha resultado como se esperaba y, sobre todo, porque se perdería el control político del futuro ecoparque.

Hasta ahora, el peronismo está de acuerdo con el esquema general del proyecto, siempre que los puestos de trabajo queden garantizados para los empleados del zoo.

Eso implicaría que el proyecto alternativo presentado por los mismos empleados, para que el zoológico sea mejorado y convertido en un lugar de referencia para la guarda de los genes de las especies allí albergadas, apuntando todo el trabajo de los veterinarios a la preservación de las especies en peligro de extinción.

Según los legisladores, ese posible banco genético sería de poca utilidad porque estos animales tienen cruzas consanguíneas que deforman el ADN y no cumpliría su función.

Martes en comisiones. En la Cámara de Diputados quieren aprobar la iniciativa antes de que termine el año, por lo tanto, o se trata en la sesión sobre tablas o es posible que se pida una sesión especial para que llegue al recinto.

Cierre del zoo. El proyecto implica que los animales de granja serán subastados, una vez que sean castrados y los exóticos trasladados a santuarios, si se puede. Si no, quedarán hasta su muerte.

La cuarentena de Cecilia antes de partir

Traslado legal. Uno de los problemas más difíciles de resolver es el destino de los animales exóticos, ya que no todos están en condiciones de viajar, por su edad, y, además, no todas las especies tienen un santuario donde poder refugiarse.

En ese caso, es posible que se empiece a trabajar con los cachorros para que puedan ser reintegrados a sus ecosistemas de origen, si es posible, por supuesto.

En tanto, la chipancé Cecilia está en proceso de salir del país hacia un santuario en Brasil, en febrero.

Está siendo controlada y en cuarentena para que pase los requisitos sanitarios necesarios antes de poder integrarse a la comunidad que la espera.

Fuente: Diario Uno
17/12/2016

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