De acuerdo con un informe, en España los ingresos por el turismo vitivinícola alcanzan 42,1 millones de euros. En Mendoza el enoturismo ha permitido ampliar la oferta turística. Hay que seguir por ese camino.

La nieve caída en la montaña en las últimas semanas, más allá de los problemas que genera en el paso a Chile, es una bendición para los mendocinos. En primer lugar porque permitirá recuperar parte del recurso hídrico perdido y contar con el agua necesaria -no suficiente- para la época estival y en segundo término porque Mendoza volvió a convertirse en un centro de atracción para los turistas amantes de los deportes invernales.

Es así que, con sólo recorrer las dos primeras cuadras de la Peatonal Sarmiento se pueden escuchar los idiomas más variados de parte de los miles de visitantes que la recorren, en su gran mayoría convocados por las actividades invernales y también por la atracción que significa el recorrido por las bodegas, a través de los caminos del vino.

Por su historia, por su trayectoria y por la capacidad de “venta” de su oferta, Francia constituye sin dudas el hecho a seguir en lo que a enoturismo se refiere. Ha desarrollado una verdadera red de caminos del vino que comprende a sus distintas zonas, como la Champaña o la Borgoña, mientras en el resto, como sucede en Burdeos, la actividad privada, en conjunto con el Estado, fue la encargada de “convocar” a aquellos amantes del vino que quieran conocer a los grandes chatteaus. Todo en Burdeos está relacionado con el vino.

Las panaderías venden sus productos con forma de racimos de uva; los hoteles cuentan en sus patios y hasta en sus terrazas con parrales con diferentes variedades de cepajes; la sola llegada al aeropuerto o a la estación ferroviaria permite ir anticipando lo que vendrá, en razón de que están rodeadas de pequeños viñedos, mientras en cada lugar gastronómico o de alojamiento, existen centenares de pequeñas tarjetas indicando la forma de llegar a las bodegas más famosas. Al decir de los expertos, en algunos casos el turismo enológico de la zona ha logrado “distribuir” mejor la riqueza que lo que se alcanza en el plano exclusivo de la vitivinicultura.

Italia y Alemania han incorporado al enoturismo a la oferta turística y España no se ha quedado atrás. De acuerdo con un informe proporcionado por el sitio Elmundovino.com, el volumen económico de las visitas a bodegas y museos del vino en España ha generado más de 42 millones de euros, gracias al incremento de más del 25 por ciento en el número de visitantes, destacando que más de 2,1 millones de turistas visitaron esos lugares, registrando un aumento del 25,75 por ciento en términos absolutos.

Destaca que el precio promedio de la visita estándar a bodegas, que considera también una degustación, es de 6,90 euros y el gasto medio del visitante a la bodega, por las compras que realiza o por gastronomía, alcanza a los 15,95 euros.

Dice entonces que, multiplicando estos valores por los 2,1 millones de visitantes registrados, el volumen de negocio total alcanza a los 42,5 millones de euros, a lo que deben sumarse lo recibido por otros establecimientos, como alojamientos o restaurantes, que también forman parte de los caminos del vino. Consideran que en los últimos años se ha observado un importante incremento en el turismo enológico, consolidándose como un importante complemento para la oferta turística española.

En el caso de Mendoza, no queda la menor duda de que el enoturismo ha contribuido a ampliar sustancialmente la oferta turística provincial. Más allá de la crisis por la que atraviesa el sector, que afecta a todas las economías regionales en general, el turismo en las bodegas ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos años, resultado de las importantes inversiones que se realizaron en el sector, que comenzaron con la incorporación de tecnología en bodegas y la construcción de lugares de atención de visitantes, complementado en muchos de los casos con una importante oferta gastronómica y, en algunos casos, hotelera. Al decir de los bodegueros, el turismo permite, además de un importante ingreso económico para el establecimiento, la ratificación de la fidelidad del visitante hacia el producto.

El camino seguido es el adecuado y es de esperar que, superado lo que se espera constituya un problema macroeconómico coyuntural, la actividad vitivinícola se siga nutriendo de lo que constituye una nueva veta para explotar desde el punto de vista empresarial.

Fuente: Diario Los Andes

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