Capital mundial del vino, la provincia suma más de 200 espumantes a su tradicional recorrido sobre esta bebida.

En estas fiestas, y durante todo el año, Mendoza tiene las copas listas para brindar en la viña, al pie de los Andes. Mucho se ha dicho ya sobre la ruta del vino, pero poco y nada sobre otra ruta, festiva y efervescente: la ruta del espumante.

El argentino se ha vuelto un devoto de las burbujas y casi todas las bodegas han incorporado un espumante entre sus etiquetas.

 

Elaborada con el método tradicional champenoise o con el método charmat, Mendoza invita a brindar con esta bebida desde Agrelo, muy cerca de la ciudad capital, hasta San Rafael, 200 kilómetros al sur.

 

Una buena opción es hospedarse en Cavas Wine Lodge, en Alto Agrelo, un hotel de 18 habitaciones con terraza con vista al magnífico Cordón del Plata, rodeadas de viña. El vino no sólo está presente en la botella de etiqueta propia en cada habitación, sino también en las degustaciones que todos los días dirige en la cava el sommelier Martín Krawczyk, y en los tratamientos de spa que incluyen una exfoliación con pepitas de uva malbec y baño con extracto de bonarda, ideal para hacer de a dos.

Muchas agencias organizan tours por bodegas vecinas, ya sea en bicicleta o a caballo. A la vuelta, es posible que el staff de cavas tenga preparada una sorpresa en la terraza justo cuando el sol se esconde detrás de las nieves eternas del Tupungato: un balde de hielo, una botella de espumante como el exquisito Cruzat rosé, flores y una tabla de quesos, que convierten el atardecer un momento mágico. Un aperitivo antes de cenar en el restaurante donde Krawczyk sugiere vinos para los excelentes platos del chef Iván Azar.

 

También en Alto Agrelo está Rosell Boher Lodge, el hotel de la bodega que elabora uno de los mejores espumantes argentinos. Rodeado de 40 hectáreas de viñedos propios, cuenta con un guest-house de tres habitaciones; tres casas de viñas con su propio hogar, jacuzzi y fogón individual en cada terraza y otras ocho en construcción.

Debajo de una gran terraza verde donde suelen organizar eventos está la cava. Con una capacidad para más de 25.000 botellas, es una de las más grandes de la provincia. Muchas veces es el propio enólogo Alejandro Martínez Rosell quien dirige las degustaciones y explica el proceso de elaboración. Los cinco espumantes de la casa se elaboran con el método tradicional.

 

Ochenta kilómetros al sur comienza el Valle de Uco, donde muchas bodegas se han instalado buscando los beneficios de la altura. Una de las últimas, ubicada entre Tunuyán y Tupungato, es Casa Petrini. Durante años nadie se atrevió a plantar nada porque se decía que era tierra embrujada: circulaban historias de indios y las brújulas se volvían locas. Valiente, la familia Petrini realizó un estudio del suelo y descubrió que había rocas volcánicas, muchas de ellas imantadas, seguramente arrojadas en algún momento por una erupción del Tupungato. Este suelo mineral otorga a sus vinos características únicas que terminaron en altos puntajes en las guías especializadas.

 

El pequeño lago artificial, el restaurante Enrico y las ocho habitaciones rodeadas de un jardín de plantas nativas se recuestan sobre el río Las Tunas, que relaja con su runrún en verano.

 

La arquitectura de bodegas es en sí misma un atractivo en Mendoza. El estudio Bórmida & Yansón es el responsable de muchas; entre ellas, de la de Alpasión, también en Valle de Uco, que nació como una casa que reuniría al menos una vez al año a un grupo de amigos amantes del vino dispersos por el mundo. Hoy es un hotel de seis habitaciones, gran living con cocina integrada, biblioteca, galería y una terraza que recorre toda la propiedad.

 

Para este 2019, Mendoza invita a brindar en su casa.

 

Fuente: Voy de viaje, por Silvina Pini

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