En un extenso diálogo con la prensa especializada, el flamante ministro reconoció que la caída en las llegadas de viajeros extranjeros está vinculada a los problemas de competitividad del producto. Asimismo, planteó que el flojo comienzo de la temporada estival en los destinos nacionales está directamente asociado a las distorsiones generadas por el anterior gobierno y el amesetamiento a la baja del flujo interior. Respecto a los pedidos del sector privado de propiciar incentivos fiscales, Santos respondió con la idea de generar un gran acuerdo sectorial “donde uno recibe y al mismo tiempo da otra cosa”. Duro y crudo diagnóstico de la herencia de los últimos años del kirchnerismo.

A poco más de un mes de haber asumido al frente de la cartera, Gustavo Santos recibió a la prensa especializada en su despacho de Suipacha 1111 y rompió así un hermetismo sobre definiciones concretas que había empezado a impacientar a algunos actores del sector.

Las humoradas cordobesas, la búsqueda de complicidad con los interlocutores y algunos rodeos para no caer en adelantos de medidas concretas, fueron un oasis dentro de una hora y media de charla donde sorprendió la crudeza con la que se refirió a la herencia de los últimos años del gobierno anterior, así como la literalidad del mensaje que bajó a cada uno de los generales de lo que definió como su ejército del Turismo: las provincias, el sector privado y la tropa interna de Nación.

A las provincias le prometió una gestión descentralizada, lejos de los “cepos” (SIC) impuestos en los últimos años a las que eran de un signo político distinto. Pero reclamó que el Consejo Federal de Turismo (CFT) deje de ser una escribanía y se convierta en un proveedor de inteligencia de mercado.

A los privados les aseguró que respetará su condición de socios estratégicos, pero aclaró que las soluciones a los problemas no pueden ser sólo sectoriales-corporativas. Dar y recibir, parece ser la fórmula.

A la tropa interna le advirtió que no tolerará rencillas entre las distintas áreas y fue muy frontal al señalar que hay que revisar “casi todos” los esquemas de trabajo, fundamentalmente en el Inprotur. Respecto a la herencia recibida culpó a la inacción de la última etapa de la anterior gestión por haber perdido terreno en todos los mercados emisores, haber insuflado artificialmente el emisivo a base de distorsiones macroeconómicas y pinchado consecuentemente el tráfico interno.

EL INCENDIO RECEPTIVO.

“Teníamos que poner la casa en orden, revisarnos un poco internamente y a partir de ahí poder charlar con más tranquilidad. Desde ahora reabrimos fluidos canales de comunicación. Por eso le pedí a mi secretario que pudiéramos juntarnos a compartir un café de trabajo. Les doy la bienvenida al Ministerio”, fue el recibimiento de Santos, acompañado de alguien que pareciera ser mucho más que su secretario de la flamante área de Innovación, Tecnología y Calidad Turística, Roberto Sposetti.

La situación de los flujos receptivos, emisivos e internos preocupan por sus desequilibrios y, por lo visto, Santos tomó nota de la inquietud del sector. “Quiero que quede claro que mi visión en este momento de Argentina pasa por el desarrollo de la oferta. Hay que diversificarla, desarrollarla y repensar las relaciones con el mundo y los mercados emisores. Inclusive, también el turismo interno. Creo que llegó la hora que nos replanteemos la situación, porque si no nos vamos a quedar atrasados en competitividad, como nos ha sucedido”, dijo el flamante ministro, quien completó: “Hemos perdido posicionamiento en todos los mercados emisivos que se les pueda ocurrir. Salvo el boliviano, que es el único que se ha incrementado en los últimos tiempos. El resto, aun el andino que ha tenido un crecimiento macroeconómico importante, ha decaído notablemente”.

-¿Cuáles son –según su visión- las causas de la crisis del receptivo internacional en Argentina?

Creo que tenemos que revisar toda nuestra estrategia de inteligencia de mercados emisivos. En ese sentido, voy a liderar personalmente el Inprotur. Y lo voy a conducir con mano dura. Llevaré adelante un desarrollo fuerte porque necesitamos divisas en el país y que vuelva el mercado receptivo a Argentina.

No podemos explicar el 40% o 50% de caída del mercado brasileño solamente por la situación macroeconómica del país vecino. Ni tampoco el 14% o 15% de reducción del mercado andino, porque no pasa un mal momento. Al igual que la caída del mercado europeo solamente por la crisis del continente. Es decir, conocemos los escenarios, sabemos que estamos en un contexto mundial complicado que no colabora. Pero también sabemos que si no hacemos las cosas que tenemos que hacer ese contexto se va a volver aún más dificultoso para nosotros.

Es en los momentos complicados donde uno tiene que tomar las decisiones para al menos minimizar el impacto.

En ese contexto, se suponía que se iba a ganar competitividad con la devaluación. Sin embargo, los operadores receptivos hablan de que lejos de abaratarse, el producto se encareció, a veces en términos relativos e incluso absolutos…

Yo voy a hablar de unificación cambiaria. No me gusta hablar de devaluación, porque hemos estado trabajando en Argentina con un dólar de $ 15 a $ 16. En ese sentido, hasta podríamos decir que hubo una deflación.

Yo creo que la unificación cambiaria es un signo positivo, de normalidad, de un país que empieza a no tener cinco tipos de cambio distintos y no está obligándole al turista a entrar en las cuevas para ganar competitividad con su cambio e imposibilitando la utilización de tarjetas de crédito para no perder el 50% del valor de su compra. Entonces, para cualquier persona que tenga sentido común no hay ninguna duda de que la unificación cambiaria es un paso adelante.

Tampoco tengo dudas de que tenemos que repensar nuestros costos internos, ni de que Argentina debe mejorar su competitividad. Seguramente eso es parte de un trabajo fuerte e intensivo que vamos a llevar adelante juntos, el sector público y el privado (…) Los pasos que demos tienen que ser profundamente consensuados para que sean efectivos. No deben ser medidas unilaterales del Estado, ni acciones espasmódicas de los privados. Oportunamente vamos a ir generando herramientas para ir mejorando nuestra competitividad.

-¿Qué significa en concreto repensar los costos internos?

-Hablamos de un sistema donde algunos costos afectan al sector y de otros que la actividad podría repensar o buscar alternativas para que volvamos a tener una competitividad cierta. En esos términos hoy estamos debajo de nuestros vecinos. De todas maneras, también tenemos que entender que llegamos tarde. Llegamos cuando ya tres millones de argentinos habían optado por viajar fuera del país con un dólar de nueve y pico en 12 o 18 cuotas sin interés. Y eso se está reflejando en el mercado in- terno. Este es el escenario: mercado interno amesetado con tendencia a la baja, fundamentalmente por las facilidades que se dieron para que los argentinos pudieran optar por destinos fuera del país. Y por otro lado, la pérdida de mercados emisores, que ameritan que revisemos toda nuestra estrategia de mercados inter- nacionales.

EL “JEFE” DEL INPROTUR.

-¿A qué se refiere con entrar en el Inprotur con mano dura? ¿Quién va a ser su secretario ejecutivo?

-El jefe del Inprotur voy a ser yo.

Bueno, eso es lo que determina la ley.

-Olvidate de la ley y las formalidades. Una cosa es la ocupación formal de un cargo y otra la ocupación real. Cuando digo que voy a ocupar la jefatura estoy diciendo que yo, repito, yo, voy a gestionar el Inprotur.

-¿Antes no era así?

-No lo sé. Yo los últimos cuatro años estuve bastante alejado del Instituto, por una decisión que tiene que ver con la frase “cuando uno no quiere, dos no se pelean”. Considero que el país no se construye con peleas, sino con articulaciones, consensos, tolerancia y respeto.

Tuve una fuerte participación en el Inprotur durante la primera etapa de gestión y pude aportar mucho de mi visión en programas interesantes que salieron esos años, como el plan estratégico de turismo de reuniones. Es uno de los mejores programas que se han desarrollado en estos años. Es más, creo que es el único. Otros productos merecen tener un desarrollo equivalente, medible, cuantificable, donde se puedan integrar las provincias y haya estructuras académicas por detrás que estén tomando datos para adoptar decisiones. Si no, después estamos con muy poca información en áreas estratégicas, como turismo cultural, religioso, activo.

Algunas voces de la industria piden una auditoría económica y legal sobre lo actuado por el Inprotur. ¿Lo cree necesario?

-Lo primero que he hecho en el Inprotur es cambiar la administración y poner al frente a la contadora Marisa Dasso, que es una especialista en administración pública.

-¿Encontraron problemas graves de administración de recursos y fondos?

-Más que problemas graves lo que hallé son decisiones que no siempre son las adecuadas. En principio, desde el punto de vista de la legalidad no encontré nada grave. Si lo hubiera hecho mi obligación como funcionario público sería sacarlo a la luz. Sí creo que podemos revisar algunos criterios que –reconozco– corresponden a arbitrariedades políticas, que a la luz de los resultados evidentemente no han funcionado.

LA IDEA DEL “GRAN ACUERDO SECTORIAL”.

El reclamo de aliviar la mochila fiscal que soporta el sector es una constante en el análisis de los empresarios. Los distintos formatos de pedidos de desgravación impositiva (exención del IVA al turista extranjero, computar los gastos de turismo interno a cuenta de Ganancias, la eliminación del impuesto al cheque y la readecuación de Ingresos Brutos para la intermediación) son los caballitos de batalla para –desde esa óptica– resolver una de las causas de la caída de la rentabilidad y al mismo tiempo incentivar una recuperación de la competitividad. Santos no rehuyó del tema, pero marcó la cancha conceptual en la que se deben dar esos debates.

-¿Están en agenda los diversos pedidos de desgravaciones impositivas que hacen las entidades empresarias del turismo?

-Eso está presente todos los días en las conversaciones con el sector. Algunas se ven desde lo individual y otras desde lo institucional o gremial. Pero una de las cuestiones que hemos charlado -y habla de la madurez que está alcanzando nuestra actividad- es que el ministro de Turismo no puede ser de ninguna manera el representante gremial de ninguna de las actividades particulares. Tiene que ser el articulador de una política turística integral, donde todos tenemos que salir beneficiados, fundamentalmente el país y su gente. En esa línea estamos trabajando.

Creo que debemos pensar en un gran acuerdo sectorial, pero en términos de productividad. En ese marco podemos llegar a analizar todas las cuestiones. Poniendo blanco sobre negro. No se trata de impulsar acciones que impliquen que el Estado retenga menos ingresos para que se beneficie una actividad en forma aislada y puntual. El planteo debe ser diferente. El sector debe ponerse de acuerdo en generar una serie de medidas donde uno recibe algo y da otra cosa, por ejemplo, genera equis empleos en una Argentina que necesita crecer y tener previsibilidad. Yo apunto a un diálogo más maduro y profundo, que no nos quedemos en cuestiones sectoriales muy puntuales. Pero tampoco evito hablar de nada, sino poner todo eso en juego para que los intereses individuales y los colectivos coincidan en un gran acuerdo estratégico del sector.

-¿La propuesta de ese “gran acuerdo” es una idea suya o es algo que ya están trabajando con los privados?

-No es una idea mía. La visión de un país orientado estratégicamente al desarrollo, a la productividad y el empleo para luchar contra la pobreza es estratégica en la Argentina de hoy. De lo que se trata, y es mi responsabilidad como ministro, es de sumar la mayor cantidad de voluntades y energías detrás de este objetivo. Yo tengo que tratar que el sector vaya hacia ahí.

LA CASA PROPIA Y LAS PROVINCIAS.

El desembarco del macrismo en las diversas carteras fue traumático, tanto para los funcionarios (al revisar cajas y estructuras) como para muchos que trabajaban en los organismos. A priori, según Santos, la situación en el Ministerio de Turismo es distinta y las correcciones irán por el lado de “la cultura laboral”.

-¿Cuáles son las reformas que necesitan aplicar al funcionamiento del MinTur a corto plazo?

-Casi todas. Necesito poner en foco a mis áreas ejecutivas sobre cuáles son las cuestiones principales y cuáles las secundarias. Mi día no tiene más de 24 hs., y si pierdo el foco de las cosas fundamentales se me va el tiempo en las subalternas. Este es el primer gran desafío: evitar la enorme dispersión de esfuerzos que existía en el Ministerio. Que las áreas trabajen en forma integrada, siendo que en algunos casos ni coincidían ni dialogaban. Por eso estoy generando reuniones de Gabinete donde les hago hacer un trabajo transversal, para que –más allá de los roles específicos–. todos tengamos una metodología muy flexible e interactuemos. Entonces, la gente de Desarrollo de Productos tiene que tener muy claro que tiene que trabajar dos ejes: destinos emergentes y la planificación de los productos estratégicos, como el turismo de reuniones y los otros que generaremos. El área de Promoción tiene que entender que debe ser una estructura de ingeniería de mercado, que no se puede quedar en llevar un camión más o menos a una acción. Hay que establecer claramente cuál es el rol de la Nación, las provincias y los municipios. Va a llevar su tiempo porque hay una cultura de trabajo diferente. Pero lo vamos a conseguir porque es clave y estratégico.

-¿Va a haber una revisión del Plan Estratégico (Pfets)?

-Seguramente. No tengo ninguna duda de eso. Lo vamos a hacer de abajo para arriba con las provincias. No desde acá. Eso se terminó.

Otra cosa que hay que modificar es el rol del CFT y su mecanismo de trabajo. Nosotros necesitamos insumos, que haya un ida y vuelta permanente. El CFT no puede ser una escribanía. Porque si no el resultado es el que hemos tenido en el último año: una pérdida de mercados. Y cuando pedí informes a la gente que correspondía no hubo respuestas. No he te- nido inputs.

-Respecto a la relación con las provincias, usted padeció lo que significaba ser oposición en los últimos años…

-Nadie más que Córdoba supo lo que fue el cepo. El cepo cultural y político, no sólo el económico. Yo estuve afuera de todo.

-¿Cómo va a cambiar esa dinámica?

-En el mismo momento en que asumí el Ministerio lo hice con la premisa de no hacer diferencias con ninguna provincia y de trabajar todos juntos por la unión nacional. Podemos pensar distinto, pero respetarnos y entender que hay intereses superiores que involucran a los unos y a los otros. Esta es la visión. De hecho acá ha se- guido trabajando gente que venía de la anterior gestión y la mayoría de los empleados que ya estaban.

Argentina necesita desarrollarse en forma equitativa e igualitaria. Entonces, queremos que cada acción del Ministerio (las de calidad, las de desarrollo de producto, las de capacitación, incentivos e inversiones) esté al alcance de todos en forma igualitaria. Imaginamos tener bases territoriales con una fuerte participación del sector privado. Esto permitiría canalizar las políticas de forma permanente entre Nación, provincias y sectores público y privado.

-¿Por qué continuaron algunos funcionarios y otros tuvieron que irse?

-Las personas que hemos decidido que continúen es porque hemos evaluado actitudes y valoramos que sus condiciones técnicas los vuelven aptos para las funciones que nosotros esperamos que desarrollen. Les hemos planteado nuestra nueva visión y la compartieron. No podemos desaprovechar esa experiencia. Otras personas, por el rol que tenían de fuerte perfil político, han dado un paso al costado, como razonablemente debe suceder.

-¿Qué se encontraron en cuanto a la estructura?, ¿analizan recortes como en otros organismos?

-El impacto del personal en el presupuesto del Ministerio es razonable, no llega al 20%. Lo cual no quita que no hagamos una reingeniería de personal. Nos tomamos un período ventana de tres meses para evaluar desempeños, rendimientos y funciones.

Fuente: Ladevi22/01/2016

 

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