Es un lugar marcado por la presencia eterna del Sol, la cultura del vino y las postales de los Andes. La oferta de San Juan trasciende, por lejos, los méritos de Parque Ischigualasto y sus huellas de dinosaurios. ¿Viajás con nosotros a conocerlo?

Dejar la ciudad y perderse en la amplitud de la naturaleza. Pocos lugares brindan como San Juan la posibilidad de sentir la libertad como el viento en la cara que entra por la ventana abierta del auto, mientras conducimos entre montañas, desiertos, embalses y viñedos.

 San Juan es la perla escondida de Cuyo, un lugar marcado por la presencia eterna del Sol, la cultura del vino y las postales de los Andes.

La oferta de San Juan trasciende, por lejos, los méritos de Parque Ischigualasto y sus huellas de dinosaurios.

Toda la provincia fue esculpida en cincel por obra y gracia de la erosión y no hay dominio que no levante montañas en forma de esculturas.

En la región de Calingasta, el Mesozoico delineó la silueta del valle y el viento remata su perfil con las ráfagas legendarias de el Zonda, que según la leyenda nació como un castigo de la Pachamama a un altivo joven huarpe. El sur de la provincia, a primera vista, es una especie de work in progress de las fuerzas vivas de la naturaleza.

Los caprichos del sedimento modelan los cerros como el Alcázar, ventana hacia el cordón occidental resguardado de cualquier rumor de civilización.

 El entorno es árido, ninguna vegetación ambiciona ser más que un arbusto y el cuadro se las arregla igual para encantar.

“Si te gusta la nada, es un lugar increíble”, dictamina el guía desde una de sus cumbres donde el viajero puede consagrarse a la contemplación. O, al bajar, recorrer la ruta del vino. O llegar hasta Barreal, el pueblo que aplica para capital nacional del viento y dejarse llevar por su fuerza desde cualquier plataforma bajo sus pies.

 La Pampa del Leoncito, donde las estrellas son tuyas

Una de las estampas míticas de Barreal, a 206 km de la capital provincial, es la Pampa del Leoncito, un paraje disimulado a un costado de la ruta 149. Se trata de una explanada de arcilla resquebrajada de doce kilómetros de largo por cinco de ancho que alguna vez fue el fondo de una laguna y donde el viento escupe ráfagas que pueden alcanzar los 80 kilómetros por hora. Apta para pista de carros a vela, una suerte de windsurf a tres ruedas y plató natural de publicidades.

 También se puede hacer tiempo hasta alguna de sus 300 noches despejadas y quedar alelado por la congregación de estrellas exclusivas para uno mismo.

 Playa Lamaral: el paraíso del windsurf

La estampida del aire viene del este, sale al ruedo con efecto turbina y agarra velocidad como un ventilador pasado de revoluciones.

 El efecto térmico convirtió a la Playa Lamaral en el mejor escenario de Sudamérica para la práctica de deportes acuáticos de viento, además de lugar de peregrinación para los aficionados y los profesionales del rubro.

Los riders del kitesurf y windsurf llegan al pueblo cordillerano El Rodeo, a 700 metros del dique Cuesta del Viento y se alojan en Rancho Lamaral, que es a la vez parador y guardería de tablas. La Morada Aventura ofrece la alternativa del rafting por el río Jáchal. El lugar se encuentra a casi 200 km al norte de la ciudad de San Juan.

 Quebrada Juan Pobre: Sendero de trekking

En San Juan, el catálogo de senderos para trekking desborda las previsiones de cualquier viajero. Uno que vale la pena es el paseo por esta quebrada Juan Pobre, una línea angosta, donde el cauce seco dibujó una ruta de piedras hacia el Cerro Parkinson. Un laberinto que faldea hasta el filo de la cumbre en medio de la sequedad cortante de sus paredes cepilladas. Un paseo apto para todas las voluntades en cualquier estado físico.

 Cultura del Vino: la tradición de Graffigna

Graffigna es una de las más antiguas bodegas de la Argentina. Su espectacular sede se encuentra en la ciudad de San Juan. Allí se puede combinar el paseo por sus centenarias instalaciones y realizar degustaciones de su amplia y muy premiada línea de vinos, y visitar su magnífico museo, inaugurado en 2003.

 Otro hito muy recomendable de la ruta del vino es la bodega Summus, que atesora cepas artesanales, de las que saca brillo su Tannat.

Mientras tanto, el valle de Pedernal, dicen los que saben, reserva el mejor terroir de altura de la provincia. Y es un lugar increíble para visitar.

 Bodegas de Calingasta

San Juan vive desde hace años un renacimiento de su viticultura y Calingasta da cuenta de ricos exponentes de altura en sus terruños. En 2006, un matrimonio alemán lanzó Alta Bonanza de los Andes. De allí han manufacturado apetitosas botellas de malbec, bonarda, petit verdot y cabernet desde una casa de 1870 anclada en el tiempo.

A pocos kilómetros se levanta la bodega boutique Entre Tapias, con sólo 2,5 hectáreas tapizadas de uvas de malbec, cabernet sauvignon y pinot gris. Al pie de Sierra Chica de Zona, en tanto, el viajero se topará con una construcción de 1902, la única de la zona que sobrevivió a los terremotos de 1944 y 1977, y que hoy lleva por nombre Las Marianas, con un premiado sirah dulce.

Mendoza y San Juan, dos destinos cuyanos indisolublementes unidos por los paisajes cordilleranos y sus vinos, escapate a Cuyo con nosotros, consultanos, tenemos los mejores paquetes turísticos que te permiten conocer estas dos hermosas provincias.

Fuente: Rumbodigital

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