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Turismo en tiempo de crisis: un salvavidas para algunos, un ancla para otros

En tiempos de crisis, el turismo es una actividad que puede «salvar» a Mendoza. Ya ocurrió en 2002, cuando hubo un crecimiento del 40% gracias a la devaluación.

Sin embargo, las avivadas de los comerciantes generaron aumento de precios que afectaron a toda la población. La falta de inversión hizo que ese sector sea menos sustentable, pero ya es la principal actividad de la Provincia: de cada 100 pesos de riqueza que se generan, 23 tienen relación con el turismo.

La frase tiene una dosis un tanto exagerada de optimismo, pero también algo de realidad: la devaluación puede favorecer fuertemente a Mendoza. La idea la plasma el propio gobernador Alfredo Cornejo. Obvia en esa construcción discursiva cómo impacta la devaluación y la inflación a la vida cotidiana de los mendocinos. Pero analiza el vaso medio lleno y toma en cuenta cómo afectará el tipo de cambio a dos actividades de la economía provincial. Por un lado la exportación de productos locales y por el otro el turismo, el gran “motor” en tiempos de crisis verde.

El análisis tiene una veta real, basada en una cuestión mecánica: el tipo de cambio atraerá turistas extranjeros, principalmente chilenos, que llegarán tentados para comprar bueno, bonito y, al menos por un tiempo, barato. Esa idea hace pensar que no hace falta mayor esfuerzo de parte del sector estatal y tampoco del privado. El dólar caro hace su trabajo solo. Pero la premisa trae riesgos complicados para que la bonanza del turismo sea sustentable en el tiempo y también en cuanto a las consecuencias para los mendocinos que no reciben esos beneficios. Por un lado, porque el turismo sin planificación, estrategia e inversión, no tiene un alto valor agregado y, así, el efecto distributivo de los recursos que se generan se anulan. Y por el otro, hay una pésima costumbre repetida en devaluaciones anteriores respecto a los precios, que suben en Mendoza más que en el resto del país pensando en ganar más  en poco tiempo.

 

Dos Mendoza

Este año Mendoza duplicará su población. Sí, a los más de 2 millones de habitantes, se le sumarán 2,3 millones de turistas, según los cálculos oficiales. De ellos, casi medio millón serán extranjeros, aunque la cuenta puede cambiar “gracias” a la devaluación. La “industria sin chimenea” ya genera más riqueza que otras actividades insignia de Mendoza, como la industria del vino. Según la DEIE, el sector del comercio, la gastronomía y hotelería es la principal actividad económica de Mendoza. De cada 100 pesos de riqueza que se generan, 23 vienen de ese lado. La industria genera 15. Y el peso dentro del Producto Bruto Geográfico del turismo ha crecido en las últimas dos décadas.

La idea de “salvavidas” tiene arraigo en la realidad. En 2002, en medio de la crisis, el sector del comercio, hotelería y gastronomía creció a “tasas chinas”. O más aún: un 40%, según la DEIE. Aunque para despejar el panorama hay que aclarar algo. Se trataba de visitantes que antes que la cámara de fotos, traían una calculadora para sacar la cuenta de cuán barato les costaba todo. Ese año el 60% de los turistas que llegaron a Mendoza eran chilenos, cuando la media es que no supere el 20%. “El 66% de los entrevistados visita Mendoza atraídos por el tipo de cambio, el 57% por referencias de otras personas y el 37% por experiencia propia. Los visitantes aducen que el turismo y las compras son los motivos principales de su viaje”. De esa manera se caracterizaba desde el Estado a los turistas que arrasaron en 2002 y salvaron las cuentas provinciales.

El mismo año Mendoza se transformó en una de las provincias más caras del país. No para los visitantes de billeteras gordas, sino para quienes le ponen el hombro todos los días. La falta de conciencia social de los comerciantes, formadores de precios y prestadores de servicio hizo que en vez de generar un proceso largo y sustentable, se buscara capitalizar lo más posible en poco tiempo. Algo similar ocurrió con la inversión. La infraestructura turística no tuvo un shock acorde al crecimiento potencial del sector.

Al analizar la última encuesta de servicios turísticos se nota esa tendencia oportunista. Las quejas por altos precios se multiplican en temporada alta y en algunos casos supera el 40%. Es decir, 4 de cada 10 turistas encuestados consideran que los precios son elevados. Y los meses más caros son los de la vendimia y semana santa, es decir cuando más gente viene a Mendoza. Una ecuación lamentable para la imagen de la provincia. Esa valoración se da en dos sectores que, justamente, trascienden el impacto sobre el bolsillo de los turistas. Ocurre con las compras generales en comercios y con los alimentos.

Los sectores ligados al turismo, como el comercio y la gastronomía, también están entre los que mayor gado de informalidad tienen. En cuanto a la contratación de personal y a la tributación. Esa característica ayuda a que se potencie la falta de distribución de la riqueza que genera.

El turismo sí es una actividad que en tiempos de crisis puede potenciar a Mendoza y ayudar para no sufrir tanto la crisis. Pero no es un círculo que se convierta en virtuoso de por sí. Depende el Estado y los empresarios del sector para que sea un salvavidas y no un ancla.

Fuente: Mdz Online
18/09/2018