Narda Lepes, German Martitegui y Mauro Colagreco, co-creadores de Villavicencio de autor

Mundialmente reconocida por su tradición vinícola y su alta gastronomía, desde el primer momento en que uno llega a Mendoza entiende que la visita va a ser transformadora.

 

Con una enorme diversidad de flora y fauna autóctona, la fotografía final sabe combinar el verde de los viñedos hasta el profundo azul de los Andes. Y es allí, entre las depresiones del valle de Uspallata y las planicies orientales de la precordillera, que se encuentra la Reserva Natural de Villavicencio. 

 

Una historia que marca la diferencia

Ubicada a tan solo 50 kilómetros de la ciudad capital, la Reserva Natural Villavicencio es un área natural protegida que tiene como misión cuidar y preservar un espacio tan único como diverso. Y es que, a medida que uno la recorre, la combinación entre historia y naturaleza toma muchísima forma.

Desde la imponente estructura del Gran Hotel Villavicencio, el monumento Canota o los últimos rastros de las canillas, son muchas las huellas del pasado con las que uno se va encontrando.

Y que conviven con una belleza natural alucinante, en donde la flora autóctona con cactus, flores de San Juan y chañares, se convierten en el hogar de guanacos, aves, zorros, águilas y otros felinos.

 

Junto con todo esto, el tesoro más grande de la reserva: su agua mineral que emerge del interior de las montañas, creando más de 100 humedales y que tiene como resultado un agua de gran pureza y de características únicas. 

 

Fue aquella combinación de historia, naturaleza, colores y aromas que encontraron en la Reserva Natural Villavicencio, la principal inspiración para que Mauro Colagreco , Narda Lepes y Germán Martitegui co-crearan Villavicencio de autor.

 

Una nueva co-creación

“Nos pone muy contentos tener la oportunidad de trabajar juntos, de compartir ese proceso de creación y también de traer al frente a hierbas y flores que por ahí no son tan reconocidas como la Rosa Mosqueta, la Hierbabuena y la Marcela“. Esa felicidad y el placer de poder llevar adelante un proyecto con amigos, es lo primero que Narda cuenta sobre la co-creación de las Villavicencio de autor, mientras conversamos en una caminata dentro de la Reserva Natural Villavicencio. Un espacio que no solo sirvió como inspiración. “Es un lugar repleto de aromas que, mientras vas recorriendo, van surgiendo alrededor tuyo y eso es muy estimulante”, agrega.

Entre comidas o como acompañante de snacks, almuerzos y picadas, las Villavicencio de autor se presentan como una opción refrescante, fácil de maridar con casi cualquier cosa e ideales para tomar bien frías. “Hay momentos en el día en que no querés tomar simplemente agua y tenés ganas de otra cosa. A esos momentos yo los llamo las deshoras y creo que Villavicencio de autor son perfectas para esas situaciones”, dice Narda.

 

Sabores inspirados en la naturaleza de la Reserva Natural Villavicencio

De colores transparentes y muy conectados con los elementos de la naturaleza, las nuevas Villavicencio de autor, logran un equilibrio inaugural dentro de la categoría de bebidas. Y, las manos expertas de Narda, Germán, Mauro, se nutren de la historia y riqueza de la Reserva Natural Villavicencio para crear algo único.

A la hora de comer, lo ideal es seguir el ritmo de la naturaleza. Y tomar agua siempre. Nuestro trabajo está en valorar el sabor, mezclar ingredientes. Incluso con el agua

Narda Lepes

Pomelo & Rosa Mosqueta por Narda Lepes. De un rosa claro, es quizá la opción más dulce de las tres propuestas. Combinando Rosa Mosqueta y pomelo, este blend se caracteriza por sus notas florales y de vino rosado.

Manzana & Té Marcelapor Mauro Colagreco. Combinando el té de Marcela y la manzana, otro cultivo tradicional de Mendoza, se trata de una opción suave y muy refrescante. Con un delicado color sidra, al tomarla se sienten rápidamente las notas herbales y el sabor a la manzana roja.

Uva & Hierbabuena por Germán Martitegui. De un verde suave y transparente, este blend se caracteriza por la combinación de notas ácidas y florales. Mientras que la hierbabuena, una especie del género mentha, brinda gran frescura, al final de la boca se disfrutan las notas clásicas que brinda la uva.

 

Fuente: La Nación

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