Viajar en auto u ómnibus permite conocer una cara distinta y más real de los destinos que se recorren turísticamente. Andar por tierra siempre da una escala más justa de las distancias y los contrastes de paisajes y culturas que se transitan.

La Ruta 40 es ideal para emprender una travesía de esas características. El camino, con más de cinco mil kilómetros de longitud, atraviesa la Argentina de norte a sur, recorriendo tres regiones turísticas (Cuyo, Patagonia, y el Norte) y once provincias: Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén, Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy hasta el límite con Bolivia, y en cada una de ellas permite conocer infinidad de pueblos.

La ruta más larga del país regala valles y montañas, cumbres nevadas, lagos turquesa, árboles multicolores, viñedos, cóndores y vicuñas; invita a circular a nivel del mar o a casi 5.000 metros de altura, y a practicar turismo aventura, alternativo o rural.

De Cabo Vírgenes a Tilcara

Tras nacer en Cabo Vírgenes, Santa Cruz, y pasar por Río Gallegos invitando a la pesca deportiva, sube en paralelo a la Cordillera de los Andes, abarcando, en el ámbito patagónico, Chubut, Río Negro y Neuquén. Sus primeros kilómetros conducen al centro turístico El Calafate y desde allí al Parque Nacional Los Glaciares, donde el Perito Moreno se impone con sus descomunales hielos. Más al norte, El Chaltén aparece con una completa cartelera de turismo aventura y luego el Parque Nacional Perito Moreno, cuyas 115 mil hectáreas regalan a los ojos un entorno impagable.

Ya en Chubut, se suceden las postales de Río Mayo, Trevelín, Esquel con su centro de esquí La Hoya, y los parques nacionales Los Alerces y Lago Puelo, Cholila, Epuyén, El Hoyo y El Maitén forman a continuación la Comarca Andina del Paralelo 42, que se despliega en todo su esplendor para disfrutar del montañismo y de los deportes acuáticos. La próximas paradas serán El Bolsón, el Parque Nacional Arrayanes y San Carlos de Bariloche, con su majestuoso cerro Catedral, templo del esquí y el snowboard.

La Ruta 40 incluye el Camino de los Siete Lagos (ver Espejos mágicos) hasta internarse en Zapala, Las Lajas y Chos Malal, que invitan al ecoturismo, la espeleología y la arqueología. Tras esto, el camino se interna en la región de Cuyo, atravesando Mendoza, San Juan y La Rioja, donde el color y el aroma de los viñedos lo impregnan todo.

Desde la mendocina Malargüe, capital del turismo aventura, se puede arribar al Complejo Astronómico Pierre Aguer, a la Caverna de las Brujas y al Centro de Esquí Las Leñas, con sus 27 pistas. Luego, El Sosneado propone montañismo, enduro y mountain bike.

Los cultivos frutales se llevan todas las miradas al arribar a San Carlos, en la precordillera. Seguidamente, Tunuyán invita al turismo rural, y Tupungato, a admirar el imponente volcán que le da nombre y a la práctica del trekking, al avistamiento de cóndores y al rappel.

Luego, el Gran Mendoza se erige con todos sus atractivos, entre ellos sus más de 50 bodegas. Desde allí se puede visitar el Centro de Esquí Penitentes, las Termas de Cacheuta, el Puente del Inca, el Cristo Redentor y el cerro Aconcagua.

En San Juan vale visitar Villa Santa Rosa; Caucete, con su sitio arqueológico Baño del Indio; y Santa Lucía. A pocos kilómetros, Zonda es otro de los destinos para la práctica del rafting y la escalada deportiva. Hacia el norte espera Ullum, que mezcla arqueología, baños termales y reservas; y luego Jáchal y el Parque Ischigualasto.

Ya en La Rioja, Villa Unión y Villa Castelli ofrecen turismo aventura y acceso al Parque Talampaya y a la Cuesta de Miranda. Chilecito, ideal para el turismo de aventura y geológico, ofrece las antiguas Minas de Oro La Mejicana, y el Cablecarril. Tras La Rioja capital, Famatina se alza imponente entre sus valles y quebradas; y luego San Blas de los Sauces regala un oasis verde y balnearios naturales.

Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy ofrecen nuevos hechizos. Las catamarqueñas Tinogasta y Fiambalá ofrecen aguas termales y museos arqueológicos; Londres -la segunda ciudad más antigua del país- y Belén, artesanías y testimonios, como las Ruinas de El Shincal.

El viaje lleva luego a los Valles Calchaquíes tucumanos, donde Amaicha del Valle mezcla tradiciones ancestrales y belleza. Las ruinas de Quilmes descubren vestigios de un pueblo prehispánico y Colalao del Valle, calles angostas con perfume a nueces y uvas.

Ya en Salta, Cafayate muestra sus pinturas rupestres, sus cascadas y sus cavernas. En Angastaco, la ruta es escoltada por la Quebrada de las Flechas y el Parque Nacional Los Cardones; y luego llega a Cachi, cuyo relieve accidentado invita al turismo de aventura.

Pequeños poblados, como La Poma, de gran belleza, siguen apareciendo mientras la Ruta 40 se va elevando. Ya en Abra del Acay, el sendero trepa hasta los 4.895 msn, su punto más alto. San Antonio de los Cobres cierra el itinerario salteño.

En Jujuy la Ruta 40 da acceso a la Quebrada de Humahuaca y al Monumento Natural Laguna de los Pozuelos, atraviesa Susques y llega a La Quiaca, el punto más boreal del país. Fin de viaje.

 

Consultá aquí por las excursiones que realizamos en Cuyo, al NOA o a la Patagonia, transitando la maravillosa ruta 40.

 

Fuente: Ambito Financiero